Más robos en el campo cubano desmotiva a campesinos

La vaca del viejo Aldo al lado de su bohío antes de que se la robaran.

Por Osmel Ramírez Alvarez

HAVANA TIMES – Son muchos los factores que conspiran contra el agro cubano, desde la burocracia, las empresas estatales intermediarias ineficaces, la banca morosa, el monopolio de Acopio, el control estatal del cooperativismo, la inexistencia de un mercado estable y competitivo de insumos, y hasta la prohibición de la compra venta de la tierra.

No en vano teniendo Cuba un inmenso potencial agropecuario, lejos de ser líder en estas producciones debe importar el 70% de los alimentos que consumimos o deberíamos consumir, la mayoría pudiéndose producir en Cuba. Y no en vano vivimos en permanente crisis y miseria. Sin embargo, lo que más destaca y preocupa en los últimos meses entre las vicisitudes, porque está poniendo en jaque a los campesinos, es el incremento de los robos. A niveles incluso que rosa el terrorismo.

El viejo Aldo ya pasa de 80 años, tal vez de 90, y vive solo en su bohío. Uno similar a los descritos por Fidel en La historia me absolverá, igual ha sido su casa desde que nació. Rodeado de sus animales, pastoreando su vaca, echando palmiche a sus puercos en corrales rústicos. Con ese mismo estilo agrícola que el gobierno promueve ahora por falta de piensos e insumos, pero que él siempre ha mantenido por tradición y resistencia al cambio, no por estrategia.

Su esposa murió el año pasado por la covid, uno de sus hijos fue ultimado en Angola pasando el servicio militar y el otro vive en la Habana, deseando que el viejo deje el conuco y se vaya con él. Pero los viejos hombres de campo se aferran a la tierra, a veces, como el maquey a la concha.

Sería larga la historia si contamos aquí todos los robos de que ha sido víctima Aldo, con solo los dos últimos serían suficientes para ejemplificar: hace poco más de dos meses estaba pastoreando las dos vacas en el potrero cercano al río y ya era hora de ir a almorzar. Caminó un poco hacia la casa de un primo, para que le mirara los animales mientras almorzaba y apenas se alejó un poco mirando de vez en vez para cuidarlas, pero no le dio tiempo llegar.

Salieron de detrás de unos arbustos dos ladrones que lo vigilaban, uno tomó la soga de una de las vacas y arremetió a escapar con ella a toda velocidad, mientras el otro la azuzaba con una rama a golpes. Aldo viró para tratar de detenerlos pero, con toda seguridad, los muy villanos sabían que el viejito camina con dificultad y no los alcanzaría. Todo quedó impune.

Indudablemente mucha gente los vio por los caminos trasladando la vaca pero nadie se atreve a decir que los reconocen porque la gente teme mucho a los ladrones y sus represalias con los que se atreven a denunciarlos.

No había transcurrido un mes y un grupo de ladrones, tal vez el mismo u otro, de madrugada cercaron su bohío para robarse la vaca que le quedaba y los terneros. Lo amenazaron con hacerle daño si salía y así pudieron matar la res y tomar las carnes. Los terneros estaban en un corral de hierro más pequeño y bajo amenazas querían que el viejo asustado les diera la llave para robárselos también, pero fue intransigente y no se las dio. Por suerte se conformaron con la carne de la vaca y se fueron.

Pocos días después otro anciano, que casualmente vive ‘al cantío de un gallo’ de la casa de Aldo, llamado Rey, que está tan dobladito de la vejez y el trabajo intenso en el campo que para trasladarse lo hace con su carreta bajita tirada por bueyes, fue también víctima de los ladrones desenfrenados.

En su carreta va a todos lados y todo el mundo lo conoce. Pero el fatídico día estaba en un montecito picando leña, un joven se acercó y Rey, ya escaso de vista, pensó que era un sobrino nieto de una finca cercana que acostumbra a hacerle maldades jocosamente. Pero en vez del pariente era un ladrón que rápido se montó en la carreta y echó a correr con los bueyes.

Se armaron patrullas de búsqueda a caballo y al quinto día los encontraron escondidos en un monte lejano, ya flacuchos del hambre, pero vivos todavía. Fue dichoso que los recuperó, porque la verdad de estos casos se dan pocos.

Otro ejemplo es el de mi vecino Raúl, que tiene un coche y tenía dos caballos muy hermosos, con los que sostenía su hogar alquilado transportando medicamentos a las farmacias, gracias al déficit de transportes. Hace un par de semanas atrás despertó en la mañana y no se explica cómo abrieron la llave del corral hermético que tiene y le robaron los dos animales.

Estuvo buscando y solo encontró los restos de uno, que habían matado y se llevaron toda la carne. Desistió entonces de seguir buscando y vendió cosas y pidió dinero prestado, para comprar otro caballo, porque no tiene otra cosa de qué vivir.

Yo mismo tenía maíz sembrado y mientras esperaba que estuviera en el punto exacto para hacer tamales, una mañana descubrí que todas las mazorcas más grandes se las habían robado. Igual aquel platanal de autoconsumo del que ponía fotos en las redes e hice un artículo sobre el primer racimo, (que no pude comerlo porque los ladrones se me adelantaron), a cada rato se roban sus frutos y para poder disfrutarlo yo, que soy el dueño, tengo que cosecharlos ‘nuevos’, para adelantarme. Si me mareo un poco, se van.

Podría poner más ejemplos, pero ya con estos se puede entender que por mucho que quiera un campesino hacer producir la tierra, tampoco va a estar trabajando por gusto, para el disfrute de otro. O bajo ese temor.

La mayoría sigue sembrando, claro que sí, pero teniendo en cuenta este terrible factor de riesgo, con esta limitación pesando sobre sus cabezas como una espada de Damocles. Que sin lugar a dudas es otro factor en contra de la prosperidad y la excelencia productiva en el campo cubano.

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Osmel Ramirez

Soy de Mayarí, un pueblecito de Holguín. Nací el mismo día en que finalizó la guerra de Viet Nam, el 30 de abril de 1975. Un buen augurio, ya que me identifico como pacifista. Soy biólogo pero me apasionan la política, la historia y la filosofía política. Escribiendo sobre estos temas me inicié en las letras y llegué al periodismo, precisamente aquí en Havana Times. Me considero un socialista demócrata y mi única motivación comunicacional es tratar de ser útil al cambio positivo que Cuba necesita.

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One thought on “Más robos en el campo cubano desmotiva a campesinos

  • Tengo un primo en Alquizar que paga a un sereno para que cuide la cosecha de ajo, hizo una torre de madera para vigilar desde lo alto, con reflectores, lo juro, es como cuidar una cárcel, pero ahora le paga a dos porque uno solo está muy indefenso, y les da café y merienda. ¿A cómo debe vender la cabeza de ajo para que sea negocio? Cuando roban en una vivienda o bienes privados la policía no hace nada, pero si roban en un establecimiento estatal entonces mueven toda la técnica.

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