¡Los ladrones nos tienen locos!

Una mata de platano sin su fruta que algún extraño cosechó.

La proliferación de los robos: un flagelo a resolver en la Nueva Cuba Mejor que queremos construir.

Por Osmel Ramírez Alvarez

HAVANA TIMES – Siempre he acotado que la revolución cubana tiene ‘logros’ que son positivos, aún si bajo su cetro hoy en día no tienen excelencia ni siquiera funcionalidad, como la fuerza de trabajo instruida y calificada, los numerosos embalses a lo largo del país, el sistema de salud pública, y otros así.

Negar eso, a mi juicio, es absurdo, inútil y auto descalificante. Pero también existen los ‘logros’ negativos o ‘flagelos de la revolución’ que ha generado el sistema del PCC y que hacen mucho daño y habrá que resolver con urgencia cuando tengamos una democracia. Entre esos flagelos está la polarización ideológica, el incivismo, ser un pueblo en diáspora, la destrucción de la infraestructura, el atraso tecnológico y otros más, pero dejo para el final ‘la delincuencia generalizada’, porque es el que trataré en este post.

Delinquir en un país como este, donde demasiadas cosas son delitos, es fácil; incluso casi obligatorio para subsistir. Y es algo horrible y ‘condicionante’ de que las personas asuman delinquir como algo normal.

El hecho de que el estado sea el mayor empleador y no pague salarios justos a sus empleados, (apenas el 10 o 20% de lo que debería ser el salario mínimamente aceptable en relación con el costo de la vida), obliga a los trabajadores a ‘luchar’ el resto de lo que necesita para su vida delinquiendo en el propio centro de trabajo.

Si el sector privado no tiene un mercado estable de materias primas para trabajar y pagan licencias e impuestos altos, y tienen que trabajar para vivir, y quieren crecer, terminan siendo un mercado inmenso del sector informal que potencia el delito.

Y si el pueblo tiene carencias permanentes y hay desabastecimiento, eso se suma a ese mercado anómalo y lo incrementa. Y cuando la gente tiene hambre y carencias, los valores se ponen a prueba. Tristemente un porcentaje significativo cede. Y con semejante ‘universidad delictiva’, que es por todo esto y más el sistema cubano, la inseguridad y el robo se ceban en nuestra sociedad. Exacerbados en tiempos de crisis más aguda, como la que tenemos actualmente.

Aquí en mi barrio sería difícil seleccionar cuáles robos poner entre tantos a diario. Pondré primero ejemplos personales: a mi mamá hace pocos días le robaron la antena del televisor con el tubo de aluminio que la elevaba y hasta el cable coaxial. Hubo que improvisar una inventada con alambres y dejarla dentro, porque lógicamente no hay antenas ni cables en venta en los comercios. Menos todavía tubos de aluminio. 

En mi rancho de curado de tabaco se metieron rompiendo la pared el mes pasado, de noche claramente, y me llevaron una manguera de polietileno que era para riego, y cuatro aspersores. Todo eso conseguido en años de búsqueda y gestión, y que son imposibles de reponer ahora de inmediato sin robar o comprarlo al que lo roba, porque no hay comercio de esos medios.

En mi finquita un día que vine a almorzar, cuando regresé faltaban dos aspersores más. Tengo ahora que pedir prestado a un vecino, al que también le han robado, nadie escapa. Por mucho que cuides, siempre hay una oportunidad para el ladrón, porque son muchos. Estoy incluso valorando eliminar mi platanal de autoconsumo porque el 30% de los racimos se los roban y el 70% tengo que cosecharlos antes de su estado óptimo. Y hasta lechugas me llevaron un poco.

Y no vaya nadie a pensar que los ladrones me odian a mí particularmente y la tienen cogida conmigo. ¡Para nada! posiblemente sea uno de los que más suave llevan. A mi vecino Yordanys se le metieron en casa de madrugada y le robaron hasta el aceite, el arroz y las ollas de cocinar. A otro vecino, Ismael, no hace ni un mes lo dejaron sin la vaca que garantizaba el desayuno de la familia y sin yunta de bueyes para trabajar su finca.

Las puertas y ventanas de las casas hay que cubrirlas de rejas y los campesinos guardan los animales en corrales de hierro. Pero los ladrones buscan siempre la manera de descifrar los cierres o robar de día en los potreros, al menor descuido del vigilante. Hasta en los semilleros se roban las posturas. Y un vigilante cobra 200 pesos por noche, encareciendo los costos que después recaen en los precios elevados de los productos.

En fin, una locura, producto del modelo disfuncional de economía estatal planificada, que no libera las fuerzas productivas ni el mercado, y compele al delito. Y todo se vuelve anómalo, viciado e injusto. No hay duda de que entre los muchos flagelos que entorpecen el buen funcionamiento de la sociedad cubana sobresale ‘la proliferación del robo’.

Algo que el gobierno a pesar de la tener herramientas incorrectas como las condenas pre-delictivas, no ha sido capaz de resolver, porque pasa obligatoriamente por la solución de incongruencias del propio modelo de sociedad que imponen. Y que sin dudas tendremos que solucionar en la nueva Cuba Mejor que queremos construir, con democracia política, libertad económica y derechos humanos plenos.

Lea más del diario de Osmel Ramírez aquí.

Osmel Ramirez

Soy de Mayarí, un pueblecito de Holguín. Nací el mismo día en que finalizó la guerra de Viet Nam, el 30 de abril de 1975. Un buen augurio, ya que me identifico como pacifista. Soy biólogo pero me apasionan la política, la historia y la filosofía política. Escribiendo sobre estos temas me inicié en las letras y llegué al periodismo, precisamente aquí en Havana Times. Me considero un socialista demócrata y mi única motivación comunicacional es tratar de ser útil al cambio positivo que Cuba necesita.


One thought on “¡Los ladrones nos tienen locos!

  • el 30 diciembre, 2021 a las 1:02 am
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    Una anécdota, una vecina tenía la olla de presión con pollo en el fogón y se la llevaron por la ventana, caliente, la pobre, perdió la olla y el pollo. Los robos y corrupción son producto de los bajos salarios, y el culpable es el gobierno.

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