La intensa sequía pone la cosa más difícil en Mayarí

Por Osmel Ramírez Alvarez

HAVANA TIMES – Alrededor del 20 de enero fue la última vez que llovió aquí en Mayarí, en el Oriente cubano. Y ese fue uno de los dos chubascos que escasamente han caído este año. Es decir, que el 2021 no solo nos trajo las reformas económicas con precios astronómicos e impagables, también vino apretadito con el tiempo hostil para la agricultura.

La esperanza de la gente de conseguir comida está, ahora más que nunca, en el campo. Ya nadie va a los puntos de venta de los cuentapropistas ni al mercado agropecuario estatal a comprar lo que necesita, porque están vacíos.

Los que hace apenas uno o dos años estaban rebosantes de carnes colgadas en ganchos de metal, ristras de ajo y cebollas, plátanos y yucas en remate por la excesiva oferta, ahora están pelados.

Al igual que en los 90, el pueblo desanda los campos visitando campesinos para ver ‘qué resuelven’, y así completar lo poco que compran con el racionamiento. Para conseguirlo es más factible sobre la base del trueque. Ello ha causado una súper demanda por los productos del agro.

Pero, al menos aquí en el Oriente cubano, la intensa sequía ayuda a las reformas a poner la cosa más difícil. Muchas cosechas se están perdiendo o rindiendo menos de lo que pudiera ser.

En el valle de Mayarí las tierras son muy fértiles y la temporada más prometedora es la de frío (octubre-febrero), pero en su fase final después de enero llueve poco y muchas veces sin la precisión que podría beneficiar el desarrollo de los cultivos.

Nada, que la naturaleza no sabe de nuestras necesidades. Somos nosotros los seres humanos los que tratamos de acoplarnos a sus ciclos, nada exactos por supuesto. Una forma de minimizarlo es mediante el riego.

Pero, aunque aquí abunda el agua subterránea, y hay un río caudaloso con cuatro afluentes y otros subafluentes que inervan todo el valle, nos falta el preciado líquido. Además, se construyó un gran embalse en las montañas aledañas cuyo dique colinda con las áreas productivas, que podría regarlas por gravedad, pero no se permite.

Se podría pensar, entonces, que es una locura que la sequía esté ocasionando pérdidas. Es que se gastaron millones en hacer el embalse y se cuenta con el agua cerquita. Sin embargo, dicen que no hay recursos para poner las conductoras o para comprar bombas que permitan usar la de los ríos y pozos.

Para más desgracia, el sistema estatal planificado, burocrático y politizado, desvió el agua para inversiones en las que no hay fuerza de trabajo, en las cuales se debe gastar energía en distribuir el líquido y los suelos son menos productivos. Dejando el rico valle, al menos su ala suroeste, sin acceso al agua. ¡Gajes de la burocracia!

Un sembado de boniato afectado por la sequía.

Ahora da lástima ver los boniatales afectados por el Tetuán (plaga) y pequeños sin poder desarrollar por la sequía. Los yucales carentes de un chubasco para poder crecer y los frijoles rindiendo poco, apenas cinco o seis quintales por uno sembrado, cuando hay un potencial de cerca de treinta.

Todo eso ayudará a que haya más inflación, porque se ha dejado de importar alimentos contando con una agricultura insuficiente que adolece de lo que se quiere para ser óptima.

Y es que donde nada funcionan bien, solo existe la suerte de que la naturaleza nos podría ayudar a marcar la diferencia y aliviarnos un poco la vida. Pero este año no hemos podido contar con eso, porque la sequía está siendo bien fuerte.

Lea más del diario de Osmel Ramírez aquí en Havana Times.

Osmel Ramirez

Soy de Mayarí, un pueblecito de Holguín. Nací el mismo día en que finalizó la guerra de Viet Nam, el 30 de abril de 1975. Un buen augurio, ya que me identifico como pacifista. Soy biólogo pero me apasionan la política, la historia y la filosofía política. Escribiendo sobre estos temas me inicié en las letras y llegué al periodismo, precisamente aquí en Havana Times. Me considero un socialista demócrata y mi única motivación comunicacional es tratar de ser útil al cambio positivo que Cuba necesita.


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