La experiencia de enfrentar la enfermedad de mi madre en medio de la Covid19

Por Osmel Ramírez Álvarez

El Hospital de Mayarí

HAVANA TIMES – En los primeros días de abril era inminente que el virus de la Covid 19 estaba en Mayarí o lo estaría en breve, y el primer caso positivo se descubriría en cualquier momento. No solo porque en el país crecía el número de contagiados de manera abrumadora, al igual que en la provincia (Holguín), sino porque en Banes, un municipio colindante, había ya varios enfermos diagnosticados, al igual que en Moa uno, territorio este último para el cual somos paso obligatorio.

Por eso procurábamos en casa, auxiliados por el personal del Consultorio del Médico de la Familia que, por suerte, es contiguo a mi casa y a la de mis padres, de contener el malestar de mi madre con tratamientos habituales. Sospechando muchas cosas malas, menos lo que era. Finalmente tuvimos que ir al hospital, a pesar del doble pánico de mi madre. Primero por el coronavirus; segundo porque hace dos años estuvo ingresada por descompensación de una cardiopatía y fue terrible lo que pasó allí.

La entrada de cualquier hospital.

Mi madre es obesa y en los hospitales no existe nada para personas con esa condición física. Las pocas sillas de rueda son para gente flaca nada más; las camillas de apenas 60 cm de ancho y con muelles son un sufrir; igual ocurre con las camas de hospital que son todas altas, con muelles debajo donde se hunde el cuerpo de la persona si es muy pesada y sufre de dolores sacrolumbares.

Las camas, también por ser tan viejas no tienen freno en las ruedas, y al moverse se vuelven peligrosas e incómodas. Los baños sin agua corriente, costrosos y con el piso siempre mojado, y duchas con azulejos sucios, además estrechitas y sin agua, son un calvario para pacientes delgados, dígame usted para una persona mayor, súper obesa y débil por varios días de malestar.

De mencionar el hospital mi madre temblaba y se ponía muy nerviosa. Seguramente recordando la caída que tuvo en el baño la vez pasada, por un resbalón, o el trabajo para subirse a la cama alta y movediza con tanto peso corporal, teniendo que hacerlo cada 15 minutos debido a los diuréticos.

Sin hablar de la poca privacidad, al convivir con siete pacientes más y sus acompañantes en un cuarto, uno gimiendo, otro defecando, otro quejándose a gritos por sus dolencias. Por eso, tardamos demasiado en tomar la decisión de llevarla.

El trato y profesionalidad de los médicos fue excelente.

Por nada del mundo quiso que pidiéramos una ambulancia. La experiencia de la vez anterior también fue muy dura. Tardó muchas horas en llegar y le había tocado una viejísima, soviética, sin ventilación y muy molesta. Casi se desmaya. Por eso hablamos con un amigo que tiene un Chevrolet del 54, pero fue imposible montarla por lo débil que estaba.

Sin más remedio pedí la ambulancia y gracias a las medidas de restricción de la movilidad ahora permanecen en el municipio y llegó rápido. Y para regalo nuestro fue una de verdad y subimos a la aquejada con relativa facilidad. Salimos con suerte.

Pocas horas después fue duro constatar con los médicos que la causa real de su malestar era una ‘insuficiencia renal aguda’, que por el cuadro presentado se suponía ‘crónica no tratada’. Allí empeoraba por horas y el asunto ya era de gravedad. Estuvo frente a la Sala de Terapia Intensiva y gracias que a última hora no había cama desocupada volvimos al cuarto de Observaciones. Fue bueno, porque solo los hijos podíamos asistir y aliviar a mi madre que gritaba todo el tiempo por la sacrolumbalgia provocada por el bastidor rendido de la cama.

La situación de los baños si es critica.

En la primera hemodiálisis, la más riesgosa, estuvo seis minutos en paro cardiorespiratorio y luego casi media hora en un estado crítico que los médicos suponían premorten. La lloramos. ¡Pero luego el milagro! El nefrólogo salió sonriente, diferente a las veces anteriores, y dijo que mi mamá era de hierro y la frase mágica: ¡La mujer está mejorando! Luego otra vez: ¡La mujer sigue mejorando! Al rato me pasaron a verla y estando disociada se quejaba con mucha energía de su dolor sacrolumbar, pero estaba viva y con esperanzas de mejoría.

Luego todo fue exponencial. Los riñones reaccionaron y entró en poliuria. A los cinco días recuperó parcialmente la conciencia y a los siete días ya completa. Encontré unos cartones de bagazo debajo de una colchoneta desocupada y mejoré su cama, cesando bastante los dolores de espalda. Y finalmente los exámenes de gasometría y creatinina arrojaban un descenso fabuloso de los indicadores, que había que repetir por ser demasiado buenos. Pero resultaron ciertos.

Fue en medio de esa recuperación que nos tocó vivir la experiencia del primer caso de Covid19 al lado nuestro. Estuvimos en riesgo de contagio y eso hubiese sido letal para mi madre. A cinco metros y usando el mismo pasillo de la sala está la de Terapia Intensiva, donde estuvo el primer caso positivo en Mayarí, sin que se hubiera sospechado. La esperanza era que, por ser VIH positivo, también se hubieran extremado las medidas de protección. Y parece que sí.

El Cuerpo de Guardia (urgencias), es la única parte remozada

Al lado de mi mamá, y de nosotros que la cuidábamos, separados por menos de un metro, estaba una paciente que venía de Terapia y allí estuvo en la cama de al lado de la contagiada. Tardaron dos días más en aislarla. Antes de saberlo, en dos ocasiones su acompañante me ayudó a mover a mi mamá hacia la camilla para llevarla a hemodiálisis, y era la misma camilla y los mismos camilleros que la llevaban a ella también. Por suerte, luego dio negativo.

Finalmente, volvimos a casa y mientras cuidamos a nuestra madre, que sigue mejorando vertiginosamente, vigilamos cualquier signo en toda la familia que nos hiciera sospechar de un eventual contagio de coronavirus. La suerte sigue acompañándonos y creo que estamos libre de esa sospecha.

Y la insuficiencia renal aguda de mi madre también fue superada, ya despejado el temor de que fuera crónica, solo con un daño renal por ahora tolerable bajo cuidados y sin hemodiálisis. Pero estuvimos en una zona de peligro con doble amenaza. ¡Y peligrosas! Por estas razones durante este mes he estado alejado del periodismo, y de muchas cosas. Pero ya estoy de vuelta y listo para seguir en la batalla por una Cuba mejor, como es mi estilo, desde el terreno de las ideas.



Osmel Ramirez

Soy de Mayarí, un pueblecito de Holguín. Nací el mismo día en que finalizó la guerra de Viet Nam, el 30 de abril de 1975. Un buen augurio, ya que me identifico como pacifista. Soy biólogo pero me apasionan la política, la historia y la filosofía política. Escribiendo sobre estos temas me inicié en las letras y llegué al periodismo, precisamente aquí en Havana Times. Me considero un socialista demócrata y mi única motivación comunicacional es tratar de ser útil al cambio positivo que Cuba necesita.

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One thought on “La experiencia de enfrentar la enfermedad de mi madre en medio de la Covid19

  • Me alegro mucho que tumama lo haya superado, ahora debe cambiar sus habitos alimentarios porque la obesidad es tambien una enfermedad que genera otras. Espero que mejoren las condiciones del hospital y que aislen los casos de la pandemia. Tu mama que coma sano y deje la carne

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