La epopeya en de arreglar el baño en medio de la crisis

Por Osmel Ramírez Álvarez

HAVANA TIMES – Es un imperativo familiar arreglar el baño de mi casa, algo pospuesto, pero ahora ineludible. Ya no funciona bien y la verdad nunca pude terminar el enchape completo, al punto de que se ha puesto viejo y ahora tengo que hacerlo todo de nuevo. Precisamente en este momento que ‘la cosa’ está tan difícil.

Trabajé duro este año en el cultivo del tabaco para conseguirlo y no voy a desistir tan fácil. Sin embargo, la historia no es de ahora, comenzó realmente durante mi primer matrimonio. Cuando estaba acomodando mi casa y dando los toques finales, entre lo que estaba pendiente el enchape del baño, llegó Ana Claudia, mi niña mayor que ahora tiene 11 años. Y todo se paró en función de ella.

Tener hijos en Cuba es un acto heroico de los grandes y por eso demoré un par de abriles más en estar listo nuevamente para retomar los proyectos domésticos truncos. Entonces vino el divorcio y me quedé con la casa vacía (cedí todos los bienes interiores en la repartición), el baño sin terminar y, para completar el cuadro crítico, el corazón roto.

Dos años y medio de impase curando heridas emocionales, aprendiendo a vivir lejos de mi princesita y tratando de darle un rumbo a mi vida. Porque fue en ese momento duro cuando la Seguridad del Estado comenzó a investigarme por mis ideas socialistas democráticas y me cerraban el paso en mi desarrollo laboral.

Casarme nuevamente no estaba en mis planes inmediatos en esa época, pero llegó la persona indicada, y eso no se puede dejar pasar. Tampoco pudimos decir no a la llegada sin planificación de Alisay, un año después. ¡Y el baño que espere! Todavía no sé cómo sobrevivía. A duras penas teníamos lo mínimo y no pasé hambre realmente, pero si les cuento con qué pasábamos el día a veces, les sacaría lágrimas. Siempre sin bajar la cabeza ni perder las esperanzas.

También la policía política me revisó la casa cuando intentaba mejorar, porque ya era periodista independiente en ese afán incontrolable de querer ser útil al cambio que Cuba necesita. Las incautaciones me hicieron también un daño económico significativo, que pude paliar con la ayuda de buenos amigos.

Tienda Trasval de Mayarí, de la Cadena Caribe, donde esperábamos las losas.

Este año decidí que volvería a sembrar tabaco y que me sacrificaría principalmente por arreglar el baño. Pero ahora, con el dinero en las manos, no aparece lo que necesito para hacerlo. Y lo que hallas es a dos o tres veces el precio de la tienda, ese que antes nos parecía astronómico y hoy es el ideal por el que hice mis cálculos.

Por ejemplo, les cuento que el viernes pasado (día 10 de julio) se supo que la cadena TRD Caribe, en su tienda de Trasval, esperaba un suministro de losas de enchape. Marqué y cogí el número 12. Solo venden 25 cajas (un m2 cada una) por persona, pero mi baño es pequeño. Pasó el tiempo y por la tarde dijeron que el carro no había podido salir del almacén de Holguín porque se rompió a última hora.

La gente sospechó que hubiera maraña, porque un metro cuesta en la tienda 15 CUC, pero en la calle está a 35 CUC y es una gran tentación de negocios. Deben ser demasiado honestos para no desviarlos y sabemos que eso es difícil en tiempos de crisis.

Ya han pasado seis días en cola, todo el grupo firme en la espera, turnándonos para no perderla y nada de nada. Las losas brillan por su ausencia. Ahora se llama por teléfono y nadie sabe nada. Quieren convencernos de que fue un error y cosas así. Al parecer, la asignación fue desviada para ‘el tucutún’ como se le dice por acá a esas marañas.

Lo peor es que lo que se comenta entre los mismos trabajadores de esos almacenes y tiendas, además de en las redes sociales, es que las losas y muchas cosas más, se venderán a partir de ahora en las nuevas tiendas en divisa libremente convertible, por tarjeta. Enseguida fui al Banco Popular de Ahorro para sacar una tarjeta nueva en divisa extranjera y me dicen, paradójicamente, que “no se están recibiendo solicitudes porque el material para hacerlas está en falta”.

En fin, que no hay solución. O necesitaría dos o tres cosechas de tabaco como la que hice en esta campaña para poder comprar en la bolsa negra lo que necesito para la terminación del baño. ¡Ni pensarlo! La verdad es que en este país no se puede hacer ningún plan.

Lo único que podemos hacer es autoterapia para tratar de no estresarnos demasiado con estos trastornos de la crisis renovada, porque si termino con una diabetes o con hipertensión, ¡y sin medicamentos!, el baño disfuncional va a ser entonces el menor de mis problemas. Seguiremos esperando.

Osmel Ramirez

Soy de Mayarí, un pueblecito de Holguín. Nací el mismo día en que finalizó la guerra de Viet Nam, el 30 de abril de 1975. Un buen augurio, ya que me identifico como pacifista. Soy biólogo pero me apasionan la política, la historia y la filosofía política. Escribiendo sobre estos temas me inicié en las letras y llegué al periodismo, precisamente aquí en Havana Times. Me considero un socialista demócrata y mi única motivación comunicacional es tratar de ser útil al cambio positivo que Cuba necesita.

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2 thoughts on “La epopeya en de arreglar el baño en medio de la crisis

  • Muchos cubanos estamos en las misma situación es un mal del país, siempre estamos priorizando algo y dejando otras cosas no menos importante para un próximo proyecto pero así se queda y pasa el tiempo, el resultado es los salarios ineficiente y lo triste el tiempo no perdona

  • Seria El Embargo el culpable? Cuba es un ejemplo de Socialismo que a los tíos no les gusta se calcula.

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