Excursión familiar al santuario del cobre, en Santiago de Cuba

Osmel Ramírez Álvarez

HAVANA TIMES – En mi reciente viaje a Santiago de Cuba, en vez de irnos por la autopista nacional en su segmento Palma Soriano-Santiago (el único tramo terminado en Oriente), nos fuimos por la carretera vieja. Esa vía es más larga, por el zigzagueo entre montañas, con farallones que producen vértigo, pero mis compañeros de viaje no querían perderse la oportunidad de conocer la Basilica Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en aquel poblado minero de peculiar belleza.

La iglesia está ubicada en una colina, rodeada de casas y edificios del poblado, con calles sin simetría, adaptadas a la geografía ondulante. La imponente arquitectura del Santuario resalta y contrasta con el resto sencillo y humilde. El horizonte está bordeado de montañas mayores y al alcance de la vista están las abandonadas minas de cobre. Actualmente solo se explota el oro.

Constantemente llegan hasta esos parajes vehículos con visitantes. Es habitual ver matrículas de varias provincias. De todo el país llegan turistas o devotos para conocer el lugar, ver la Virgen o pagar promesas. La Virgen de la Caridad del Cobre es la Patrona de Cuba para la religión católica y también para la “sincrética”, que mezcla el cristianismo con los cultos africanos. A mi juicio es lo más profesado en Cuba, espontáneamente.

Una gran escalera, hermosa e imponente, da acceso a la entrada. Pero también se accede por una carretera por el lado derecho. Todo impecablemente construido y mantenido. Al llegar a la parte trasera, casi tan hermosa como el frente, hay un amplio parqueo y un hotel muy bonito para los visitantes más lejanos. La vista es maravillosa.

Apenas desciendes de un carro te abordan decenas de frenéticos vendedores de artesanías alegóricas. Las mismas que por las calles de acceso ves que amontonan en catres, rebosantes de figuras de la virgen, que se venden como suvenir. Todas las formas que la imaginación puede proponer: más pequeñas, más grandes, dentro de adornos de cristal, siempre con piedras o arenilla de mineral de cobre.

Las rocas brillantes del mineral de cobre, abundantes en aquella localidad, son asociadas al “poder” de la Virgen. Por eso pedazos de rocas son vendidos como reliquias, a 10 pesos cubanos o un CUC, en dependencia del tamaño. Los creyentes confían que teniendo en casa esas alegorías, la Virgen los tendrá en cuenta con mayor atención y alejarán los problemas y enfermedades.

Cuenta la leyenda que “los tres juanes” que la encontraron en la segunda década del siglo XVII, (al menos el negro esclavo se llamaba Juan, los dos indios seguramente no), trabajaban en una mina de cobre en la zona de Banes y buscaban sal en un bote en salinas naturales de la bahía de Nipe. Allí encontraron la Virgen, que es de oro, flotando en un madero.

Particularmente creo que provenía de un naufragio de los corsarios que en esa zona eran frecuentes por el comercio de rescate (contrabando). Era muy común tener imágenes de santos en los barcos, para protegerlos de los enemigos y tormentas.

Luego cuando en España se decide construir una iglesia en la entonces importante mina de cobre, de Santiago de Cuba, para que los proteja de corsarios y piratas que perseguían ese metal tanto como el oro, aunque se trajo una de la Península, terminaron enalteciendo la encontrada “misteriosamente” en aguas cubanas. Por lo que el mineral de cobre se haya vinculado tanto al hallazgo como a su destino en el santuario.

Nuestro viaje desde Mayarí, donde se halla la bahía de Nipe, hasta El Cobre, para ver la iglesia y la Virgen, es como una remembranza del recorrido prístino. Solo yo que soy ateo y tres testigos de Jehová que iban también con sus niños motivados solo por el parque de diversiones, no creíamos en el poder de la Virgen del Cobre. Los demás aseguraban tenerle fe y algunos encendieron velas y pidieron bendiciones para ellos y sus familiares.

También se acostumbra ofrecerle un ramo de flores, que venden diligentes los lugareños. Se aprecia que en lugar de la minería la industria principal del pueblo ha pasado a ser la artesanía y el comercio vinculado al santuario y sus visitantes.

El interior de la iglesia es espléndido, de gran magnificencia. El decorado es impecable y muy bien conservado. El altar es muy hermoso, de mármoles muy finos y decorado clásico con columnatas estilo corintio. Y en lo alto la Virgen de oro con el niño Jesús en sus brazos, pequeña, pero lujosamente vestida. Todo es muy bello e iluminado por bombillas eléctricas muy bien ubicadas.

La historia del patronazgo de la Virgen de la Caridad del Cobre se remonta a nuestras luchas por la independencia. Los mambises la veneraban y se les encomendaban antes de las batallas. Por eso un grupo de veteranos en 1915 escribió al Papa Benedicto XV para que la proclamara así. En 1916 tuvo lugar tal nombramiento.

Luego San Juan Pablo II, cuando visitó Santiago de Cuba en su viaje a la isla en 1998, la coronó con gran dignidad como “La Patrona de Cuba”. Y el Papa Francisco, de visita en el país en 2015, con motivo de los 100 años de aquella proclamación, decretó el “Año Santo Excepcional de la Misericordia”.

Por último, hay allí muchos objetos vinculados a la curación de los devotos que han hecho sus promesas a la Santa y las muletas predominan. Son traídas y exhibidas como evidencia de su poder. En los alrededores no faltan personas alegando ser “hijos de la Virgen” y en su nombre piden dinero a los visitantes, con la Biblia y el retrato de la Santa en las manos, alegando una enfermedad muy penosa. Había un señor que pedía ¡50 pesos!

Fue una experiencia muy hermosa. Es, sin duda, un lugar emblemático de nuestro país, con un gran valor histórico, religioso y cultural. Recomiendo lo visiten.

 

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Osmel Ramirez

Soy de Mayarí, un pueblecito de Holguín. Nací el mismo día en que finalizó la guerra de Viet Nam, el 30 de abril de 1975. Un buen augurio, ya que me identifico como pacifista. Soy biólogo pero me apasionan la política, la historia y la filosofía política. Escribiendo sobre estos temas me inicié en las letras y llegué al periodismo, precisamente aquí en Havana Times. Me considero un socialista demócrata y mi única motivación comunicacional es tratar de ser útil al cambio positivo que Cuba necesita.

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