De regreso a Cuba, en medio de una crisis cada vez más aguda

Al final de mi estancía en Europa.

HAVANA TIMES – El pasado 8 de marzo regresé a Cuba desde Madrid, en un vuelo de Air Europa. Una buena compañía con un servicio regular excelente. Un viaje largo pero apacible, con confort y los entretenimientos modernos a disposición. Vi dos películas, escuché música de Pablo Milanés que estaba en la oferta, y no dormí. Tras casi diez horas de vuelo, aterrizamos en Boyeros, en la Terminal 3 del aeropuerto José Martí en La Habana.

Es muy diferente la terminal aérea cubana de la de Barajas en Madrid o del aeropuerto de Praga, donde también estuve. Se nota enseguida la falta de cuidados, el exceso de controles inútiles, como unas mesitas de escuela en medio de un salón para chequear un incomprensible formulario de salud. Algo estúpido, que solo sirve para, si lo olvidaste, las funcionarias ‘sugieran’ regalitos para obviarlo.

Siempre se siente temor frente a los funcionarios cubanos. No lo sentí en España ni en la República Checa donde también estuve, pero sí aquí en mi propio país, tanto para salir como para entrar. Es aberrante, pero es lo que se siente. Finalmente, todo sin problemas para entrar, y tampoco hubo inconvenientes con el equipaje. Fui con mis parientes que estaban fuera del aeropuerto para recibirme y ya estaba en Cuba, en mi tierra, en mi lugar.

Todo el que me topo desde entonces, en vez de decirme ‘qué bueno que viniste rápido’, me preguntan, ‘¿por qué no te quedaste?, ¿por qué viniste?, ¿qué te pasó?’. Haber regresado a un país en diáspora, donde apenas que un bebé aprende a hablar, antes de decir ‘papá’ dice ‘quiero irme de Cuba’, me vuelve un bicho raro.

Pero la verdad, cuesta mucho regresar a tu propio país sabiendo del desastre que hay aquí con apagones interminables, desabastecimiento, alta inflación, y lo peor, represión si protestas, estando uno donde todo funciona. Entre otras cosas, gracias al capitalismo y la democracia. Como ciudadano crítico y opositor al sistema, y como comunicador no oficialista, regresar también es un reto, un peligro.

Ya en mi terruño.

Pero no fue un viaje migratorio sino de visita. Mis colegas y amigos de Diario de Cuba me invitaron para salir un poco de este ambiente tan pesado, tras represiones de todo tipo, luego de una pandemia que casi nos mata y después más crisis. Además, más allá de ser consecuente con los objetivos de mi viaje, seguir en Cuba es mi plan A, y me esperaba aquí mi familia maravillosa, que son mi motor y mi fuerza, mi mayor riqueza: mi esposa, mis tres hijos, mis padres, mis hermanas, sobrinos y más.

Emigrar es tan cotidiano ahora que nos parece hasta normal y lo anormal es regresar. A ese punto hemos llegado en Cuba, donde nada funciona y todo se ha torcido. Tuve suerte porque hasta el día antes de llegar hubo apagones de hasta 15 horas en mi barrio, pero gracias a que están aquí localizados los pozos del bombeo de agua dulce para la termoeléctrica de Felton, y que con los apagones tenían los depósitos vacíos, tuvieron que dejarnos sin apagones y solo he tenido dos.

Pero, en apenas dos meses de estar distanciado, es notable como la crisis se ahonda exponencialmente. El día 25 de este mes de marzo fue que llegó algo por la libreta, apenas dos libras de arroz y solo a algunas bodegas, pues no hay todavía para todas. El saco de carbón cuando viajé en enero costaba 300 pesos y lo encontré en 800 pesos, debido a la falta de electricidad para cocinar los alimentos. Mientras que el litro de gasolina, de 250, se había más que duplicado hasta los 600 pesos, y no aparece fácilmente.

El cartón de huevo, de 2 mil pesos subió a 2800. Imaginen que mi padre trabajó más de 40 años para asegurar su vejez y la de mi mamá con una pensión de 1500 pesos y solo le alcanza para 15 huevos. Por eso el pueblo está mucho más inquieto, descontento, irritado, despreciando al sistema, sin creer ya ni un poquito en sus argumentos, ni en sus excusas, y mucho menos en sus planes. La gente solo quiere emigrar y ayudar a la familia desde fuera.

En medio de este desastre y de tanta locura regresé a mi hogar desde España. Del asfalto impecable a los baches interminables; de la electricidad infinita a los apagones; de los mercados abarrotados de todo y a precios asequibles, al desabastecimiento y los precios exorbitantes, desde la libertad al miedo.

Pero regresé con mi familia, a seguir sobreviviendo, inventando, sin dejar de abogar por una Cuba Mejor, por la democracia política con libertad económica y derechos humanos plenos que deseo y sueño para los cubanos. Quiero todo eso aquí en mi Cuba, no emigrar para conseguirlo fuera, no separarme de mis hijos, de mi esposa, de mis padres enfermos que me necesitan cerca.

Y espero no cansarme de eso. Espero que el cambio que estamos empujando sea posible y dejemos de sentir miedo a la policía sin ser delincuentes; que la libertad económica haga posible que la electricidad sea suficiente y los mercados estén llenos, que los campos estén sembrados y los salarios alcancen para vivir dignamente.

Deseo y trabajo a riesgo de que me vuelvan a reprimir en cualquier momento, para que más temprano que tarde la democracia política nos permita elegir a nuestros líderes sin violencia ni exclusión de unos cubanos contra otros, respetando a la mayoría. Aquí mismo en Cuba, en nuestra Cuba, que es de todos los cubanos. Hay que seguir soñando y trabajando sin cesar, aunque parezca una lucha eterna.

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Osmel Ramirez

Soy de Mayarí, un pueblecito de Holguín. Nací el mismo día en que finalizó la guerra de Viet Nam, el 30 de abril de 1975. Un buen augurio, ya que me identifico como pacifista. Soy biólogo pero me apasionan la política, la historia y la filosofía política. Escribiendo sobre estos temas me inicié en las letras y llegué al periodismo, precisamente aquí en Havana Times. Me considero un socialista demócrata y mi única motivación comunicacional es tratar de ser útil al cambio positivo que Cuba necesita.

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