¿Cuál sería la mejor estrategia para Cuba?

¿luchar por un cambio total o por reformar el sistema?

Foto: Juan Suárez

Por Osmel Ramírez Alvarez

HAVANA TIMES – Cuando se quiere lograr una meta social siempre es importante tener presente algunas premisas básicas como: ¿cuán necesario es?, ¿cuán deseable?  y ¿cuán preparados estamos para conseguirlo?

La meta social de la oposición política cubana es, de manera general, lograr una Cuba con democracia política, libertad económica y derechos humanos plenos. Es lo básico para todos. Luego entran las particularidades de uno y otro grupo político que integran ese gran conglomerado opositor, que por lógica tiene que ser plural.

Sin embargo, está claro que los detalles deben quedar para cuando haya democracia y cada cual pueda luchar por ellos en el juego electoral. Por ahora lo importante es lo que es común a todos.

En las redes sociales la oposición es muy activa y prima la estrategia del barrido total del sistema, del PCC y todo lo que tiene que ver con el socialismo y el sistema actual. Principalmente de la constitución que lo sostiene, donde algunos abogan por una constituyente y otros por restablecer la Constitución del 40.

Un punto importante y casi ineludible, o condicionante, de esa aspiración de cambio, porque no llega a ser un plan, es la justicia o el ajusticiamiento de los representantes del sistema que hayan cometido crímenes o vejaciones o daños económicos a cubanos en función de impulsar o proteger el sistema que llaman revolución. Es a groso modo la estrategia de cambio de la que más se lee, escucha y ve.

Pero la realidad es que no se avanza con tal estrategia, no se vislumbra un escenario donde un cambio así pueda ser posible y tampoco hay una respuesta contundente de nuestro pueblo a seguirla. Más bien parece indiferente a los llamados de la oposición a cooperar. El pueblo no la sigue. Y ante cada fracaso total o a medias se quedan solos criticando al pueblo, buscando una explicación y concluyendo que el pueblo se merece sufrir en manos del PCC.

Pero sería interesante aplicarle las tres interrogantes que sirven como premisas:

¿Cuán necesario es?

No caben dudas que sería fantástico comenzar de cero, es el escenario ideal en materia social, pero rara vez posible. Estamos aspirando a un modelo ideal de cambio, simplemente eso. Sería maravilloso si el PCC se aparta voluntariamente y dice ‘les toca a ustedes, nosotros fracasamos, nos sometemos a su justicia para pagar las consecuencias de nuestras fallas’, o derrotarlos, aunque no parece posible.

¿Qué posibilidades reales hay de que eso ocurra? Cualquiera con sentido común diría que muy bajas. Entonces podemos entender que se le está intentando guiar al pueblo hacia una estrategia con baja probabilidad de éxito y el pueblo por instinto no la sigue. ¿Un pueblo carnero o con sentido común? Y ello fuese lógico si fuera la única opción, pero no lo es.

¿Cuán deseable es?

El pueblo cubano ha sido entrenado por seis décadas para amar y defender la revolución como algo sagrado, como la fuente de su libertad y su independencia, como la posibilidad de un mundo mejor. Por igual tiempo se le ha atribuido la culpa de los fracasos económicos y de la mano dura con las voces discordantes, al imperialismo y al bloqueo. Y el bloqueo existe.

A pesar de las dificultades que padecemos y de que ahora se puedan escuchar otras versiones e interpretaciones de nuestra realidad social, es comprensible que un segmento significativo de nuestro pueblo siga creyendo ese discurso y que de manera general, hasta los que ya no creen en el sistema, se resistan a enfrentar la revolución.

Lo incomprensible es que muchos opositores no lo entiendan, no lo tengan previsto, no lo asuman como una realidad sustentada y sobre esa base tengan sus expectativas. No, como la tienen, sobre una ilusión discordante con nuestra realidad social.

Cualquier plan o cualquier estrategia de cambio para que tenga posibilidades de éxito debe ser popular, agradar a la gente, cautivarla, motivarla y que sea algo que no implique saltar por un acantilado con la esperanza remota de salvarse. Que no asuste y sea deseable; esa es la clave.

¿Cuán preparados estamos para conseguirlo?

La realidad es que ni la oposición está lo suficientemente preparada, unida y organizada para vencer al PCC, ni tampoco se ve enfocada en comprender la realidad cubana, al punto de interpretar lo que quiere el pueblo, lo que necesita y lo que está en condiciones de seguir, de apoyar y de conseguir en materia de cambio político, económico y social.

Los deseos de ‘justicia’, por su parte, son loables, pero no pueden estar por encima de la necesidad misma del cambio, como parece plantearse muchas veces. No puede ser una premisa ni se puede aspirar a que sea de un solo lado, porque hay reclamos de ambas partes y sería contraproducente.

No es la hora del capricho ni de la tozudez. Es la hora de la meditación profunda y de la palabra precisa. Hay que avanzar. Los cubanos no podemos seguir esperando escenarios ideales ni queremos una guerra civil a muerte donde haya vencedores y vencidos. Mejor que sea en paz y ganemos todos.

La oposición pacífica tiene la obligación de madurar políticamente y trazar una estrategia viable de cambio hacia una democracia política con libertad económica y derechos humanos plenos, que nos permita salir de la crisis actual y levantarnos como nación. Es muy improbable que parta del PCC porque necesitarían una dosis de humildad y desprendimiento demasiado alta, con la que solo podemos soñar, no aspirar. Queda a la oposición ser objetiva.

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Osmel Ramirez

Soy de Mayarí, un pueblecito de Holguín. Nací el mismo día en que finalizó la guerra de Viet Nam, el 30 de abril de 1975. Un buen augurio, ya que me identifico como pacifista. Soy biólogo pero me apasionan la política, la historia y la filosofía política. Escribiendo sobre estos temas me inicié en las letras y llegué al periodismo, precisamente aquí en Havana Times. Me considero un socialista demócrata y mi única motivación comunicacional es tratar de ser útil al cambio positivo que Cuba necesita.

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2 thoughts on “¿Cuál sería la mejor estrategia para Cuba?

  • El desenlace nadie puede preverlo y mucho menos se podrá escoger el mejor camino, llegará y hay que rezar para que la transición sea lo menos dolorosa posible. Lo más probable es que sea abrupta porque no hay una oposición organizada. A los ciberclarias les advierto que el cambio es inevitable y cada vez está más cerca, salgan del sistema antes de que se hunda el barco, a no ser que estén dispuestos a apalear al pueblo.

  • En Cuba va a pasar lo mismo que pasó en México después de su revolución hasta hoy. La población cubana más jóven nació en un medio en descomposición y no tienen una identidad clara. Se perdió aquello que las seis provincias aportaron a la identidad nacional y por eso creo que la oposición no tiene chance de imponerse al Pcc

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