A un año de la vejación

Osmel Ramírez Álvarez

Captura de pantalla de un reportaje de un medio extranjero sobre la detención de Osmel Ramírez hace un año.

HAVANA TIMES – Este 10 de noviembre se cumplió un año de aquel vejaminoso suceso contra mi persona y a la vez contra la libertad de expresión en Cuba, como una página más de un grueso expediente.

La Seguridad del Estado en Mayarí, según aludían, cumpliendo órdenes provinciales, hizo un aparatoso operativo en mi casa; registró todo, se apropiaron de muchos documentos, libros, una computadora laptop, discos duro, la memoria con que mi hijita pequeña veía sus muñequitos, discos DVD de música y mi teléfono celular.

Me llevaron a la estación de policía, aunque supuestamente no estaba detenido, “solo para firmar un documento sobre lo incautado”, dijeron. Pero fue mentira, me dejaron preso tres días. 15 horas en una celda de la estación principal de la policía en Mayarí, y el resto en Pedernales, el centro de instrucción en Holguín. Este es conocido popularmente como la cárcel donde “Todo el mundo canta”, por ser un sitio horrendo que no es apto siquiera para animales salvajes. Allí mantienen hasta varios meses a los sospechosos para presionarlos a declarar.

En cada provincia hay uno similar, es el equivalente del centro de reclusión estadounidense de presuntos terroristas en la Base naval de Guantánamo, pero en peores condiciones higiénicas. Un sitio sin ley donde un hombre no vale nada, donde no hay derechos humanos ni debido proceso.

Fue una experiencia horrible y solo estuve poco más de dos días. Allí había detenidos de dos meses, sin pruebas, presionados a declarar para poder llevarlos a tribunal. Es solo una pincelada de qué cosa es el Estado Socialista de Derecho que nos vende la nueva Constitución.

Un año ha transcurrido y desde entonces estoy “regulado”, es decir que no puedo viajar al extranjero. La Seguridad del Estado exige para devolverme ese derecho humano, que ha de ser inalienable a mi persona, que firme un documento en el cual me comprometa a no tener activismo político contra el sistema cubano y que además sea filmado, con testigos. Por supuesto que no acepté ni aceptaré semejante propuesta indecorosa.

Tampoco me han devuelto lo incautado. Sé que es la práctica común, pues la Seguridad del Estado no devuelven lo que incauta porque está por encima de la ley, incluso de las leyes injustas que ya por mucho nos desprotegen. Se supone que, si la ley tuviese imperio en Cuba, sin una sentencia de tribunal y sin un delito probado y juzgado, no puede haber decomiso de lo incautado. Supuestamente también soy inocente hasta que se pruebe lo contrario y mis bienes son lícitos a no ser que se presenten pruebas del delito.

Pero en Cuba no funciona así. Sin fe, pero con sentido de lo que debo hacer y de lo correcto me quejé en la Fiscalía General. Ya lo he publicado antes en mi trabajo “La respuesta sin respuesta de la Fiscalía de Mayarí”, pero vale repetirlo. ¡Fue vergonzoso! No se atrevieron a darme la respuesta por escrito, porque era completamente ilegal, llena de sometimiento a la Seguridad del Estado y evidentemente dictada por ellos a la Fiscalía. Con su típico lenguaje ortodoxo de los años 80, sin apego al debido proceso.

“No se me devolvía nada por la naturaleza del delito, porque mis actividades propagandísticas son contrarrevolucionarias”. ¿Pero qué delito si no hay siquiera acusación?

Según las dos fiscales que leyeron la respuesta espuria, “la Fiscalía tiene la obligación de responder las quejas, pero puede hacerlo excepcionalmente de manera oral”. Pedí que fuera por escrito y se me negó. Evidentemente no me querían dar una prueba tangible del crimen, de sus fallas al debido proceso y del desapego a sus propias leyes.

Y cualquiera con apenas una neurona funcionando en el cerebro pudiese suponer que la Seguridad del Estado, repasando costos-beneficios de su actuar consideraría luego “un error” haberme apresado, porque es muy grosero y torpe encarcelar a un ser humano por escribir lo que piensa. Más aún si sabe contar su historia y tiene convicciones firmes como es mi caso, que de hecho tuvo una aceptable repercusión en varios medios.

Pero a veces sobreestimamos a la Seguridad cubana. La lógica de ellos viene del pasado, allá por los años 30 cuando J. Stalin fundaba su escuela represiva que ultimó a millones “por el bien supremo del pueblo”, esa misma que hoy todavía guía a los comunistas cubanos bajo lemas como “la revolución tiene derecho a defenderse”. Por eso, contra todo pronóstico, el 19 de junio fui de nuevo torpe y vilmente detenido.

Aunque coincidió con otro caso más bochornoso todavía, el de mi colega biólogo Ariel Urquiola, que acaparaba mayormente la atención, igualmente fue muy divulgada la noticia de mi encarcelamiento. Hasta un vídeo encontré en YouTube de una televisora de la Florida divulgando mi detención. Ese día amenazaron con apresarme por 72 horas cada vez que escribiera un artículo y con alistarme un expediente para un futuro juicio, sabe Dios con qué delito fabricado. ¡Cuánta saña contra un periodista independiente!

Pero no he dejado de escribir, ni lo haré. Más por una cuestión de principios que por valentía. Por suerte no he sido apresado nuevamente como aseveraron. Pero como espada de Damocles la amenaza está vigente todo el tiempo y tienen el poder de encarcelarme a mí y a cualquiera cuando les venga en gana. A pesar del peligro seguiré escribiendo y denunciando a los cuatro vientos cada violación a mis derechos humanos y a los de cualquiera que tenga constancia.

Si antes tenía dudas, como muchos cubanos aún las tienen, ahora no más. He palpado junto a mi familia y amigos el lado sucio y criminal del sistema, ese que ellos procuran mantener por detrás del telón. Es la razón por la que muchos consideran que “exageran” cuando alguien cuenta sus dolorosas vivencias. A mí ya me mostraron los colmillos y me arañaron con las pesuñas, por ser periodista independiente y promover la democracia.

Ahora sé que no hay ovejas entre los comunistas: son lobos disfrazados. La mejor prueba es que los cubanos temen a la política, incluso cuando viven en el extranjero. Hace un año el sistema comunista me llevó por primera vez “al cepo”, cual amo decimonónico disgustado con su esclavo, por la osadía de levantar mi voz divergente, aún dentro de la propia ideología socialista.

Y nada mejorará con la nueva Constitución, que es tan solo una versión más extensa de la anterior en materia de democracia y derechos humanos. Por su lado, el nuevo presidente ha dejado claro que su misión es “la continuidad”. Lamentablemente todo indica que el peligro de la represión, lejos de menguar, se incrementará en este renovado escenario extremista.

Osmel Ramirez

Soy de Mayarí, un pueblecito de Holguín. Nací el mismo día en que finalizó la guerra de Viet Nam, el 30 de abril de 1975. Un buen augurio, ya que me identifico como pacifista. Soy biólogo pero me apasionan la política, la historia y la filosofía política. Escribiendo sobre estos temas me inicié en las letras y llegué al periodismo, precisamente aquí en Havana Times. Me considero un socialista demócrata y mi única motivación comunicacional es tratar de ser útil al cambio positivo que Cuba necesita.

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One thought on “A un año de la vejación

  • Osmel por que no les pones una demanda a los que robaron tu equipos personales y sobre todas las violaciones al debido proceso en tus detenciones – secuestros utilizando un abogado de un bufete colectivo. Se proactivo y adelantate judicialmente porque de ley que te estan preparando una encerrona. Aunque no progrese la demanda queda registrado tu version de los hechos y les robas la iniciativa de la fabricacion de la mentira.

    Si no dejan que los demandes tienes entonces el derecho de apelar al ministerio de justicia y si no progresa tampoco, puedes pedir una medida de proteccion cautelar a la Comision Interamericana de Derechos Humanos. Eso los ataria de manos para al menos por la via formal armarte un caso judicial aunque ellos con su impunidad legal pueden agredirte fisicamente como han hecho con otros opositores y periodistas.

    Creo que a estas altura sabes que estos stalinistas de corte fascista jamas van a cambiar y dejar que en Cuba germine un socialismo democratico porque realmente eso es una falacia teorica que jamas podra ser implementado. Y es que los teoricos del socialismo no creen en la “democracia burguesa” y lo que porponen en su lugar es un arroz con mango del poder popular de la clase obrera que ni ellos mismos saben como podrian implementarlo en la practica.

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