700 días ‘regulado’ por hacer uso de mi libertad de expresión

Por Osmel Ramírez Álvarez

HAVANA TIMES – Este 10 de octubre, mientras el Parlamento de los diputados del Partido Comunista se reunió extraordinariamente para volver a seleccionar o nombrar al presidente y vicepresidente del país, con la nueva nomenclatura promulgada en la renovada Constitución, estuve cumpliendo 700 días regulado.

Ello significa 700 días sin libertad de viajar al extranjero. 700 días en los que se me viola un derecho humano elemental, con el que supuestamente nací, pero que el Estado cubano pisotea a su antojo.

El día anterior fui a la oficina del Carné de identidad del Minint para indagar si continuaba regulado. Lo hago periódicamente. Y en efecto, sigo prohibido de viajar y de actualizar mi pasaporte incluso, que en junio del año pasado cumplió dos años y desde entonces, un año y tres meses está desactualizado. “Regulado por interés público”, dijo el funcionario.

¿Por qué estoy regulado?

El Estado cubano, a través de su Policía Política llamada eufemísticamente “Seguridad del Estado”, me castiga, me veja, me da escarmientos, cual si fueran mafiosos y yo alguien que no los quiere obedecer cuando dan una orden. Lo hacen porque pueden, para intimidar, no porque tengan la justicia de su lado. No soy un terrorista ni delincuente, todo lo contrario, jamás he disparado un tiro ni siquiera como entretenimiento o Servicio Militar obligatorio, por suerte no; ni tampoco amenazaría a nadie.

Soy un hombre correcto, de paz, que cree en el diálogo, en la palabra, en la fuerza de la verdad y de la razón. Eso me caracteriza. Ni siquiera uso adjetivos ofensivos para describir a mis adversarios ideológicos o políticos. Trato de respetar sin dejar de ser activo y fiel a mis creencias en una Cuba democrática, “con todos y para el bien de todos”.

Aun así, mi palabra molesta. Mis ideas molestan. Mi ejemplo también molesta. No quieren que los vecinos o mi círculo de amigos, que crece por días, perciban que se puede pensar diferente y ser agente activo del cambio, y no sufrir una consecuencia negativa por ello. Por eso me prohíben viajar, ya por casi dos años, el próximo 10 de noviembre serán ya dos años regulado. Y por eso han cometido otros actos de represión bastante fuertes contra mí, bajo la amenaza de una condena de cárcel por “mercenario”, me dicen.

¡Imaginen tamaña desfachatez! Yo que defiendo mis ideas socialistas democráticas, a las que llegué por mis propios estudios de la historia humana y la filosofía. ¿Cómo podría ser mercenario alguien que defiende ideas propias?

Todo comenzó ese fatídico día en que se presentaron en mi casa una pléyade de vehículos del Minint con una docena de agentes y cámara en mano, filmando todo, recogieron cuanto quisieron de mi casa: computadora, teléfono, discos duros, discos DVD, dispositivos USB, papeles, etc. Al unísono hacían lo mismo con el punto de grabación de un amigo muy cercano, creyendo que en sus equipos me auxiliaría para seguir escribiendo, o que al quitarme todo claudicaría asustado de ser un comunicador.

¡Y claro que quedé asustado! Este gobierno puede hacer lo que quiera con cualquiera de nosotros, nadie lo dude. Es el todopoderoso, no hay nada que nos proteja a no ser la fuerza de la razón y las ideas, y a no ser la capacidad de denunciar las vejaciones, ahora incrementada sustancialmente por el inevitable y cada vez mayor acceso a Internet.

Por eso me prohíben salir del país. Regulan mi libertad de circulación, cual si fuera un terrorista peligroso, un delincuente procesado judicialmente o un exfuncionario del Gobierno con información clasificada, como descaradamente justificó el “canciller de la indignidad”, Bruno Rodríguez, en una entrevista reciente, refiriéndose a los regulados.

Pero no, tan solo soy un hombre que dice lo que piensa y hace uso de su libertad de expresión. Eso es, sin duda, un crimen terrible para el Gobierno de Cuba, que le teme a la libertad y al decoro de hombres y mujeres tan simples como yo, pero que llevamos sobre nuestras espaldas el decoro de millones que aún tiritan azorados por la omnipresente amenaza de “la mano oscura”.

 

Osmel Ramirez

Soy de Mayarí, un pueblecito de Holguín. Nací el mismo día en que finalizó la guerra de Viet Nam, el 30 de abril de 1975. Un buen augurio, ya que me identifico como pacifista. Soy biólogo pero me apasionan la política, la historia y la filosofía política. Escribiendo sobre estos temas me inicié en las letras y llegué al periodismo, precisamente aquí en Havana Times. Me considero un socialista demócrata y mi única motivación comunicacional es tratar de ser útil al cambio positivo que Cuba necesita.



3 comentarios sobre “700 días ‘regulado’ por hacer uso de mi libertad de expresión

  • Es un cuento de hadas lo que pasa en este país, es increíble te empiezan hablar en la televisión y te idiotizan que terminas estando en el país de las fantasía, lo que es de corta duración la realidad es más fuerte y despierta con pesadillas

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  • En más de una ocasión te leí , y afirmabas que eras “progre”, izquierdista, socialista democrático ( lo cual es un oxímoron ) y hasta revolucionario, ¿lo sigues siendo?

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    • Hola amigo. Sigo siendo socialista demócrata, aunque creo como muchos que estás definiciones nos encasillan. No soy anticapitalista, todo lo contrario. Promovería la economía social, incluso estatal capitalista o congestionada, al igual que la privada. Veo la necesidad de crear espacio para todo. No veo contradicción. No soy simpatizante con impuestos demasiado altos sino en la eficacia económica para satisfacer un estado de bienestar. No apruebo el capitalismo darwinista. Democracia verdadera, no dictaduras solapadas ni de los trabajadores ni de los capitalistas. ¿eso me hace progre, socialista, izquierdista? Entonces si. Combato lo incorrecto y no soy amigo de los déspotas, sean de izquierda o derecha. Esa es mi filosofía, quiero una Cuba democrática, con todos y para el bien de todos. La represión del sistema no me convertirá en un radical, no me inspiran odio, tal vez desprecio. Cuanto más.

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