Un granito de arena para el castillo de lo arbitrario

Osmel Almaguer

Foto de Holguín por Caridad

Cuando mi primo vivía en Holguín y trabajaba en la sede provincial del Partido Comunista de Cuba (PCC) como auxiliar de mantenimiento, fue lanzada una convocatoria a los trabajadores del centro que tuvieran dificultades con la vivienda.

En aquellos momentos mi primo vivía hacinado en una casa de tres cuartos en la que vivían tres familias, una en cada dormitorio.  Su suegra, que era la propietaria, junto con su cuñada, en el más espacioso, el cuñado y su familia en el segundo, y él con su esposa e hijo en la más pequeña.  Además tenía que abonarle la suma de 70 pesos moneda nacional a la suegra por ocupar aquel cuarto.

Seis trabajadores respondieron, incluyéndolo a él.  Les asignaron algunos materiales de segunda para que construyeran sus casas.  Veinte sacos de cemento, un metro cúbico de arena y otro de piedra y unos bloques a los que mi primo renunció, pues pretendía construir con unos ladrillos que tenía.

Los trámites burocráticos iban con la lentitud acostumbrada, pero todo indicaba que la adquisición de aquellos materiales era segura.  Para desgracia de mi primo llegó el fin de año y las cosas quedaron congelas hasta año nuevo, y en ese lapso, llegó un nuevo secretario del PCC a la provincia.

Como todos los dirigentes que ocupan un cargo, este intentó revolucionar la provincia, tomando medidas que a mi primo le parecieron extremistas y por tanto oportunistas.  Una de sus primeras decisiones fue la de suspender la asignación de materiales a los trabajadores de la sede provincial del PCC.

Todas las reclamaciones de mi primo fueron vanas.  Antes de pedir la baja laboral se enteró de cómo algunos jefes recibieron no solo materiales sino también casas completamente construidas, mientras a él se le dijo tajantemente que no existían recursos para resolver su problema.

¿Por qué nos hacemos daño con tanta facilidad? Se preguntaba mi primo al ver que su fe en aquel jefe se quebrantaba, tanto como la imagen de la mayoría de los dirigentes.  Alguien que no es capaz de sensibilizarse con los problemas del prójimo ¿podrá ayudar a todo un pueblo a salir de las dificultades?

 

osmel

Osmel Almaguer: Hace poco solía identificarme como poeta, promotor cultural y estudiante universitario. Ahora que mis nociones sobre la poesía se han modificado un poco, que cambié de labor y que he culminado mis estudios ¿soy otra persona? Es usual acudir al status social en nuestras presentaciones, en lugar de buscar en nosotros mismos las características que nos hacen únicos y especiales. Que le temo a los arácnidos, que nunca he podido aprender a bailar, que me ponen nervioso las cosas más simples y me excitan los momentos cumbres, que soy perfeccionista, flemático pero impulsivo, infantil y anticuado, son pistas para llegar a quien verdaderamente soy.

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