Sin Toga y Sin Birrete

Osmel Almaguer

En La Habana Vieja.

Mi ceremonia de graduación universitaria fue agridulce.  Por un lado, fue el momento que había estado esperando durante muchos años.  El evento donde se hizo oficial mi nuevo status dentro de la sociedad.  Porque es sorprendente como la gente, por mucha cultura que tengas, te mira de reojo cuando dices que no eres licenciado.

Claro, esto no sucede en todos los ámbitos, pero sí a la hora de conseguir trabajo, y de hacer relaciones en el mundo intelectual.  Por eso estaba satisfecho, pero me sentía incómodo al tener que usar una ropa prestada porque no tenía dinero para llevar la mía.

Desde que aprobé la tesis me empezó a preocupar el tema de la vestimenta.  Somos muy pocos los cubanos que tenemos traje y corbata.  En Cuba el calor hace que este tipo de ropa sea muy poco funcional. Además, es bastante cara. Por eso ha quedado relegada a las ceremonias solemnes y de protocolo.

Pero estas ceremonias no son para todo el mundo, sino que son privativas de cierta capa de la sociedad: locutores de TV, diplomáticos, dirigentes, artistas, músicos, deportistas, negociantes, etc.  Yo no pertenezco a ninguno de esos gremios, por eso no me es rentable comprar un traje para las tan escasas ocasiones en las que podría necesitarlo.

Tampoco tengo camisas bonitas y nuevas, ni pantalones finos y zapatos lustrosos.  Mi atuendo se reduce a tres o cuatro mudas de ropa para el trabajo.

Siempre he visto en la películas americanas que los graduados visten los tradicionales birrete y toga.  Seguramente ellos no pasan tanto trabajo para conseguirlos.

Aquí no se usan la toga ni el birrete.  Hay que asistir, como ya dije, con cualquier ropa, pero esta debe ser elegante, si no quieres ser mal mirado por los demás.

Para conseguir la ropa pasé todo un mes ahorrando, pero cuando solo faltaba una semana solo tenía reunido 200 pesos MN, y con eso no me alcanzaba ni para una camisa.  Finalmente decidí aceptar, en calidad de préstamo, unos zapatos que me ofreció el vecino, y la misma ropa con la que se graduó mi primo.

Como la ropa no estaba hecha a mi medida, me sentía incómodo.  Tenía la sensación de que todo el que me miraba se daba cuenta de que no era mía.  Había mucho calor y mucha gente desconocida a mi alrededor, pues en el sistema de educación a distancia casi nadie se conoce entre sí.

Solo algunos alumnos de mi carrera me eran familiares. A decir verdad, entre ellos y mi familia me hicieron sentir mejor.

La solemnidad de la ceremonia parecía borrar de mi memoria los malos ratos que pasé durante los estudios, como aquella vez que, luego de haberme notificado que había aprobado un examen, un mes después me dijeron que tenía un 2, y que no tenía derecho a reclamar.  Pero también tuve momentos felices, de hecho cada asignatura que aprobé fue motivo de mucha alegría, porque iba sintiendo que daba sólidos pasos hacia el fin.

De la ceremonia no quedó testimonio en fotos ni en cámaras de video.  Me sentía ridículo por ser uno de los pocos que no tenía cámara de ningún tipo.  Había algunos chicos que parecían estar exhibiendo su ropa y su tecnología. La gente de mi carrera se veía más modesta, más natural, pero los de otras carreras como Derecho y Economía parecían estar en una pasarela.

Las opciones de trabajo de los que estudian mi carrera, Estudios Socioculturales, son en su mayoría modestas.  Las perspectivas de un abogado o un economista son mucho más tentadoras económicamente.  ¿Sería por eso que eran ellos los que más querían llamar la atención?  Para mí lo más importante eran los cinco puntos que saqué en la tesis, y el conocimiento que obtuve de mi carrera.

osmel

Osmel Almaguer: Hace poco solía identificarme como poeta, promotor cultural y estudiante universitario. Ahora que mis nociones sobre la poesía se han modificado un poco, que cambié de labor y que he culminado mis estudios ¿soy otra persona? Es usual acudir al status social en nuestras presentaciones, en lugar de buscar en nosotros mismos las características que nos hacen únicos y especiales. Que le temo a los arácnidos, que nunca he podido aprender a bailar, que me ponen nervioso las cosas más simples y me excitan los momentos cumbres, que soy perfeccionista, flemático pero impulsivo, infantil y anticuado, son pistas para llegar a quien verdaderamente soy.

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