Repartiendo galletas sin manos

Osmel Almaguer

HAVANA TIMES, 3 feb — Las galletas que compramos para amenizar el fin de año me dañaron la lengua y las encías.  De tan duras se desmoronan si las muerden, y aunque las vendan como “galletas de sal,” no tiene sabor a nada.

Son un producto para el pueblo puesto a la venta para suplir una necesidad. Se pagan en moneda nacional, a 25 pesos (1 CUC), pero tiene sus antecedentes en unos paquetes de similar tamaño que vendía por 1 o 2 CUC en los mercados de divisa.

Cuando las sacaron a la venta la gente se puso muy alegre, pues sus primas en “área dólar” gozaban de una muy merecida fama de buena calidad. Pero como siempre sucede, luego fueron degradándose hasta llegar al lamentable estado en el que encuentra este paquete.

¿Pero porqué han perdido su calidad estas galletas? ¿Por falta de ingredientes? ¿El bloqueo no deja la grasa o la levadura al país? Probablemente, pero no son esas las causas de que las galletas no se puedan comer.

Lo que sucede es que los que las confeccionan se apropian de los ingredientes. Usándolos en su propio beneficio, vendiéndolos en la “bolsa negra” o aprovechándolo en la confección de dulces que hacen palidecer a los de factura estatal. Eso todo el mundo lo sabe. Desde el presidente hasta el que barre las calles. ¿Y qué?

Otro detalle llamativo es el rango de tiempo de las galletas entre las fechas de producción y de vencimiento: ¡Tan solo dos meses! En el caso de estas, ya han transcurrido seis semanas desde su fecha de producción.

Pero no esperen ver a ningún cubano botando las galletas por temor a ver dañada su salud. O rectifico; no esperen ver a la gente de pueblo arrojar 25 pesos de su bolsillo por “exquisiteces” como esa.

Claro, aquí hay gente que aunque se disfraza de popular se siente y vive por encima. Son esos los que no compran galletas como estas. ¿Será por ello que a los cantantes, dirigentes y gente famosa en general, no les sangran las encías y la lengua cuando salen por televisión?

Están vendiéndonos galletas con sus manos, pero también nos están dando una galleta sin mano (cachetada moral propinada a una o varias personas). Pero las llagas que dejan las primeras se curan con el tiempo, mientras que las huellas de la otra van directo al alma, por lo que son algo más perdurables.

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Osmel Almaguer: Hace poco solía identificarme como poeta, promotor cultural y estudiante universitario. Ahora que mis nociones sobre la poesía se han modificado un poco, que cambié de labor y que he culminado mis estudios ¿soy otra persona? Es usual acudir al status social en nuestras presentaciones, en lugar de buscar en nosotros mismos las características que nos hacen únicos y especiales. Que le temo a los arácnidos, que nunca he podido aprender a bailar, que me ponen nervioso las cosas más simples y me excitan los momentos cumbres, que soy perfeccionista, flemático pero impulsivo, infantil y anticuado, son pistas para llegar a quien verdaderamente soy.

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One thought on “Repartiendo galletas sin manos

  • Osmel, acabo de leer tu artículo y al cruzar a la oficina de al lado me encuentro a mis compañeros de trabajo debatiendo sobre la calidad de las galletas que nos acaban de dar en la merienda. La hipótesis es que en La Habana, por supuesto, las galletas son mejores, no arañan la encía y saben a galleta. Precisamente hablaban de ese paquete de 25 pesos. La verdad, creo que hay una tendencia a imaginar que las cosas en La Habana son mejores, no dejando de ser cierto en algunos casos, pero el problema en sí, es algo generalizado, y lo peor es que al final siempre decidimos con el estómago, y la galleta está mala, pero es galleta.

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