Mi padre y la zafra del 70

Osmel Almaguer

Antes de que mi padre me diera su versión de la historia, la zafra del 70 era para mí un simple pasaje que le servía a la gente para ironizar. “No voy a una fiesta desde la zafra del 70”, se le podía escuchar a cualquier cubano decir en tono jocoso.

El hecho de escoger tal acontecimiento no era fortuito. Ya que si hubiera quedado en la memoria solo como un hecho lejano en el tiempo, tal vez no hubiera estado tan presente. La cuestión fue la marca que dejó en el país. Una marca económica pero también moral.

Una anécdota para guardar, equivalente a los gorriones de Mao, pero no debida a un desvarío senil, sino a la prepotencia pueril de un líder que comenzaba a probar las mieles novedosas del poder, y se estaba embriagando.

La “zafra de los 10 millones”, como también se le conoció, fue un intento idealista de cosechar 10 millones de toneladas de azúcar en una sola temporada; cantidad equivalente a casi el doble de lo que habitualmente producían nuestros campos y centrales azucareros.

Para lograrlo, el Jefe no escatimó en recursos humanos y económicos. Fue una inversión descomunal que dejó a la economía del país más débil aún de lo que estaba. Y lo más trágico de todo fue que no se pudo llegar a la cota planificada.

Mi padre fue parte de toda aquella vorágine. Era, por así decirlo, un grano de azúcar en todo aquel mar de dulzura.  Sí, dulzura, pues el pueblo, como abejita, seguía el rastro seductor de los sueños de Fidel, por muy absurdos que estos resultaran.

Pero no solo el pueblo y Fidel deben cargar con esa responsabilidad histórica, pues el resto de nuestros dirigentes estuvieron de acuerdo, por incapacidad o temor, por seducción o simple mimetismo. Nadie difirió.

Imaginen las grandes cantidades de alimento, combustible y albergue que se consumieron y a pesar de ello la gente terminó la zafra harapienta y descomida.  Claro, que para intentar ser justos, creo que esta revolución, al menos en aquella etapa, no padeció de otros desvaríos que los usuales para las de su tipo. Por lo que resultaba casi esperable una situación como aquella.

A mi padre, que ya era capitán cuando aquello. Lo mandaron con una tropa a trabajar en la zafra. Se exigían altas normas y se trabajaba casi 20 horas diarias con poca comida. Cuando las botas de sus soldados se rompían no había relevo.

Mi padre me llegó a confesar que muchas veces cometió fraude y falsificó los resultados para impedir el castigo. Así de seria era su misión como militar y no cumplirla no estaba dentro de las posibilidades.

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Osmel Almaguer: Hace poco solía identificarme como poeta, promotor cultural y estudiante universitario. Ahora que mis nociones sobre la poesía se han modificado un poco, que cambié de labor y que he culminado mis estudios ¿soy otra persona? Es usual acudir al status social en nuestras presentaciones, en lugar de buscar en nosotros mismos las características que nos hacen únicos y especiales. Que le temo a los arácnidos, que nunca he podido aprender a bailar, que me ponen nervioso las cosas más simples y me excitan los momentos cumbres, que soy perfeccionista, flemático pero impulsivo, infantil y anticuado, son pistas para llegar a quien verdaderamente soy.

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3 thoughts on “Mi padre y la zafra del 70

  • Osmel, te recomiendo que busques el Granma del 9 de febrero de 1970 donde Fidel analiza la marcha de la ” Zafra de los Dies Millones”, si te fuera posible ver el video, seria mucho mejor. Hay muchas versiones de por que esa locura, ninguna oficial; se decia que el CAME le pidio a Cuba producir azucar para todos los miembros. Para mi una de las tantas locuras de Fidel, la mas descabellada de todas. Recuerdo tener un companero de estudio que su padre era un especialista en la materia y perdio el carnet de militante del partido por plantear desde el principio de la locura, que era imposible por no tener las capacidades industriales suficientes para producir 10 millones. Creo recordar que en 1952, se hicieron 7 200,000, en 3 meses de zafra, en el 69-70, se hizo 8 millones y un poco mas, en 8 meses. Nuestros queridos dirigentes, muy poco han hablado de ese fracaso, lo dejaron en el olvido.

  • La campaña de limpia de gorriones en China no es equiparable a las secuelas de la Zafra de los 10 millones en Cuba. En todo caso, a esta última se le podría emparentar con el Gran Salto Adelante, que a partir de 1958 sumió a la nación asiática en pleno en una fiebre por alcanzar la autonomía alimentaria y económica. Las disparatadas metas planteadas por la máxima dirigencia política, llevaron a las autoridades regionales a dar un informe falso tras otro sobre su desempeño productivo. Al cabo de dos años, toda la economía quedó sumida en la ruina, exacerbada además por una insistente sequía de casi tres años. El resultado fue una extendida hambruna que dejó millones de muertos, sobre todo en las zonas rurales. Este desastre condujo a la sustitución de Mao como jefe de Estado, a petición de sus propios camaradas de partido, aunque ya se sabe que el Gran Timonel se las arregló para retomar las riendas del Poder más tarde, lanzando la Gran Revolución Cultural Proletaria en 1966.

  • Lo mejor (o lo peor) es como leí en un libro de aquella época, que la idea de una zafra pantagruélica era para captar recursos para el desarrollo económico del país o algo así. O sea, se pretendía combatir el subdesarrollo, con más monocultivo. Quizá el verdadero origen está en una reacción burda a la idea de Batista de disminuir la producción para aumentar los precios, una idea que en la escuela mucho se burlaban de ella, pero que al parecer tuvo algunos resultados al inicio.
    Una aclaración necesaria: antes y durante la zafra hubo economistas y personas en general que advirtieron sobre el error que esta sería. Sólo que como era una idea del Máximo Líder, esas personas fueron acusadas de derrotistas y apartadas de los puestos de decisión cuando los ocupaba. Incluso, hasta el mismo momento que el Primer Ministro anunció que no se iban a cumplir los 10 millones, dudar de ello era un delito de “lesa revolución”.

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