Medicina para el espíritu

Osmel Almaguer

Inestabilidad. Foto: Caridad

Ayer me convencí de que no debo tomar la poesía demasiado en serio.  Lo digo por la experiencia que tuve en el Festival Internacional de Poesía en su edición de este año.

Hacía como siete años que no participaba en un evento de este tipo. Ni como público ni como poeta. Casi había olvidado lo que es estar frente a un auditorio. La tensión que se siente. La expectativa. Casi no pude escuchar a los poetas que me precedieron. Estaba concentrado en preparar lo que leería.

No había mucho público. De hecho éramos como veinte o veinticinco. Casi todos éramos poetas, así que nos íbamos a escuchar a nosotros mismos. Me imagino que a los demás les pasó parecido a mí. Seguramente no pudieron concentrarse en los que leyeron sus poemas antes que ellos.

Mi lectura tuvo muy buena acogida. Había poetas cuya opinión me era muy importante, como Roberto Manzano y Jesús David Curbelo, y otros un poco más jóvenes pero que están escribiendo muy bien, como Amílcar Feria, que también es muy buen ilustrador.

Me sentí muy bien, satisfecho de haberme levantado temprano un sábado, luego de una semana muy agotadora. Tampoco el trabajo con el transporte me importaba mucho.

Lo que sí estuve pensando era en el esfuerzo que pasa uno para escribir y lo mal recibida que es la poesía a nivel social. El número de personas que asistió a esta lectura es más o menos el promedio. Claro, cuando hablo de pobre aceptación excluyo a las instituciones que, para ser justos, dan un gran impulso a la literatura y al arte cubano en general.

Otra cosa que me llamó la atención era el número de poetas extranjeros. Solo dos, un mexicano y un costarricense. También el horario me pareció un poco fuera de lugar: sábado a las diez de la mañana. Casi nadie sale de casa a esa hora.

Sentí que a partir de ahora no debo coger tanta fiebre con la poesía. Claro, eso no quiere decir que no la escribiré, ni que haré concesiones. Nada de eso. Le seguiré dedicando cuerpo y alma, pero solo como algo espiritual, como una medicina para el espíritu, sin esperar demasiado éxito, solo el que me toque.

osmel

Osmel Almaguer: Hace poco solía identificarme como poeta, promotor cultural y estudiante universitario. Ahora que mis nociones sobre la poesía se han modificado un poco, que cambié de labor y que he culminado mis estudios ¿soy otra persona? Es usual acudir al status social en nuestras presentaciones, en lugar de buscar en nosotros mismos las características que nos hacen únicos y especiales. Que le temo a los arácnidos, que nunca he podido aprender a bailar, que me ponen nervioso las cosas más simples y me excitan los momentos cumbres, que soy perfeccionista, flemático pero impulsivo, infantil y anticuado, son pistas para llegar a quien verdaderamente soy.

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