Hipocresía en los medios de difusión cubanos

Osmel Almaguer

Foto: Orlando Luis Pardo

Desde bien temprano fui testigo de la falsedad característica de los medios de difusión de mi país, de cuya influencia hemos estado desprotegidos desde hace más de medio siglo.

Cuando encontré aquel reportaje en el periódico Trabajadores, en el cual se destacaba la labor del esposo de una de mis primas, no pude menos que echarme a reír, pues toda la familia conocía a Ramón como un tramposo que llevaba años engañando a mi prima con una mujer con la que incluso había llegado a tener hijos.

El personaje diseñado por los periodistas era poco menos que un santo. Un “sencillo Mayor de las FAR” que “con esfuerzo y dedicación” había convertido lo que antaño era un páramo, en una “finca productiva de cuyos frutos se podrían beneficiar en lo adelante varias unidades militares”.

Meses después Ramón fue expulsado “deshonrosamente” de las FAR, cuando se descubrieron sus “desvíos de recursos”.  El periódico no asistió a este otro capitulo en la historia de Ramón.

Este fue el primer hecho que llamó mi atención sobre la sospechosa armonía nacional que mostraban los medios de difusión.

Luego comencé a cuestionar el trabajo de los periodistas cubanos, y cuando tuve la oportunidad de conocer sus métodos y rutinas de trabajo, pude entenderlo todo.

Los medios de difusión radicados en el país son “propiedad del Estado Cubano”, por lo que responden a los intereses del gobierno. En otros países también existe la “prensa amarilla”, solo que aquí toda la prensa es, por asignarle un color más adecuado, rosada.

En Cuba todo está bien, y en el mundo todo está mal, parecen repetir obsesivamente nuestros periodistas las 24 horas del día.

Los desdichados a los que les “tocó” cubrir la “noticia” de Ramón, tuvieron que inventarse una noticia de donde no la había, y para hacerlo tenían que hablar positivamente, omitiendo algún rasgo negativo que encontraran.

No conocían los precedentes del caso ni la conducta de Ramón, simplemente “cayeron de fly”, como se dice aquí, y el resultado fue una historia edulcorada que poco tenía que ver con la realidad.

Hace unos años salió Antonio Resillez por el NTV haciendo su habitual comentario, y en él, ensalzaba la trayectoria de otro sujeto que conocíamos, uno de esos “trepadores” que tanto abundan en la Cuba de hoy. Sus hazañas y sacrificios como médico les fueron narradas al pueblo cubano por el espacio informativo más importante del país.

Luego supimos, por boca del propio implicado, que la historia contada por Resillez era una carta que él mismo había redactado, entregándosela luego a su amigo periodista.

Resillez tiene, o tenía, un espacio en la emisión estelar del NTV en el que abordaba los problemas socio-económicos y políticos nacionales e internacionales, y en el que siempre terminaba arengando al pueblo como culpable de todos los males de una revolución que al parecer, y al igual que sus dirigentes, es perfecta.

osmel

Osmel Almaguer: Hace poco solía identificarme como poeta, promotor cultural y estudiante universitario. Ahora que mis nociones sobre la poesía se han modificado un poco, que cambié de labor y que he culminado mis estudios ¿soy otra persona? Es usual acudir al status social en nuestras presentaciones, en lugar de buscar en nosotros mismos las características que nos hacen únicos y especiales. Que le temo a los arácnidos, que nunca he podido aprender a bailar, que me ponen nervioso las cosas más simples y me excitan los momentos cumbres, que soy perfeccionista, flemático pero impulsivo, infantil y anticuado, son pistas para llegar a quien verdaderamente soy.


2 thoughts on “Hipocresía en los medios de difusión cubanos

  • el 12 septiembre, 2011 a las 7:40 pm
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    Que se puede esperar de un sistema degradado,politica,economica,cultural y socialmente,las personas , no pueden ser otra cosa que el resultado de ese fatal experimento.

  • el 12 septiembre, 2011 a las 11:35 am
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    En realidad hay una buena cantidad de periodistas de los medios oficiales cubanos a los que le cuesta mucho trabajo asumir su papel de sicofantes. Por eso, desde el mismísimo comienzo de la revolución, muchos de ellos se han pasado a la disidencia o han abandonado el país.

    Algunos ejemplos destacados son Cabrera Infante, que fue el director de Lunes de Revolución, el suplemento semanal de Revolución, el periódico precursor de Granma. En aquella época Revolución lo dirigía Carlos Franqui, que ya se habia encargado de la radio rebelde durante la lucha contra Batista. Carlos Franqui también acabo en el exilio.

    Más recientemente tenemos el caso de Reinaldo Escobar, el marido de Yoani, que trabajó como periodista de Juventud Rebelde hasta que lo echaron. Por la misma época también abandonaron Juventud Rebelde varios periodistas compañeros de Reinaldo, en solidaridad con él.

    Supongo que siguiendo con la misma tradición, habrá unos cuantos periodistas oficialistas actuales que estarán a punto de pasarse a la oposición.

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