El mejor amigo de los jóvenes

Osmel Almaguer

Estudiantes cubanos.

Los pequeños centros gastronómicos que ofrecen sus productos en divisa constituyen la principal oferta recreativa para la juventud cubana.

En las noches La Habana queda totalmente a oscuras.  Parece un cine cuando apagan las luces antes de que comience la película, solo que en este caso no se nota sino una pequeña, casi imperceptible actividad, en algunos puntos de la ciudad.

Con la llegada del Período Especial, época a la cual me referiré en lo sucesivo como el “Después”, siendo el “Antes” la etapa anterior; se despenalizó la tenencia y tráfico de divisas en todo el territorio nacional. Esto formó parte de una política de flexibilización, con vistas a reanimar la economía.

Con la posibilidad de tener dólares, el billete verde se había convertido en el único amigo capaz de proporcionar artículos de vital importancia como el jabón, los alimentos o el desodorante. Aunque no todos pudimos acceder a él. Más bien la mayoría del pueblo lo único verde que mantuvo fue una esperanza de mejoría que con el tiempo se ha ido poniendo seca.

Remesas del extranjero, prostitución y posteriormente algunos empleos en empresas mixtas o el tursimo, fueron los únicas fuentes de divisa para las personas naturales, a las que se han sumado el robo y la corrupción, generalizados en casi todos los centros de trabajo, productivos o no.

En aquel momento, se creó toda una red de establecimientos para recaudar la divisa de ese pequeño sector que tenía acceso al dólar. Con ello se crearon fuertes diferencias entre las personas, mucho más profundizadas hoy en día.

Tiendas, Kioscos y establecimientos gastronómicos que recibieron diferentes nombres pero que eran casi lo mismo: Infotur, Rapidito, Ditú, etc. También la gran mayoría de los restaurantes, y ni qué decir de los hoteles, comenzaron a trabajar solo en divisas.

El precio del dólar llegó a estar a más de cien pesos cubanos. Hubo un momento en el que la comida escaseaba en toda Cuba, y sin embargo la gastronomía en divisa se organizaba (y se sigue haciendo) en lugares abiertos y públicos. Se podía sentir el orgullo de aquellos que comían y tomaban la “cerveza prohibida,” cuyo placer por poder hacer lo que la mayoría no podía consumir.

Con el tiempo la situación se ha atenuado, si bien no puedo afirmar que esté bien.  El tema de la alimentación ha dejado de ser grave, y la población hace mucho que comenzó a pensar, nuevamente, en sus ratos de ocio, en la recreación, en divertirse.

En el Antes, además de haber variedad de opciones y suficientes espacios para la recreación, la gente tenía otro concepto de la diversión.  Antes se hablaba de salir al cine, al Coopelia y a sentarse en el Malecón, y se hacía con orgullo.  Después esa ha sido la opción de los “arrancados,” o sea, de los que no tienen divisa suficiente.  Antes se hablaba de salir al teatro, a comer a un restaurant, al Parque Lenin, o al Zoológico.

Después las discotecas pasaron a ser casi la única opción preferida por los jóvenes.  A pocos le interesa el cine, pues las películas que pasan ya casi todos la han visto en DVD.  La juventud ha pasado por un proceso de marginalización.  Es una generación naciente que ha visto truncado su futuro por problemas económicos, y que se ha arrimado a la subcultura del Reggaetón porque las condiciones internas son las ideales para ello.

Pero al parecer, las autoridades han preferido “pasar” de los problemas de la juventud, y cada discoteca barata en que se ha descubierto marihuana o cualquier droga peor, ha sido cerrada, en vez de hacer un mejor trabajo profiláctico.  Por eso las opciones recreativas, en las que el pueblo pueda descargar sus tensiones de la semana, cada vez son menores y peores.

Ahora es usual que los distintos sectores de una juventud que Antes era homogénea, se reúnan en diferentes lugares, y asusten a las autoridades, que temen casi cualquier comunidad de intereses que no sea la que quieren los jefes.

osmel

Osmel Almaguer: Hace poco solía identificarme como poeta, promotor cultural y estudiante universitario. Ahora que mis nociones sobre la poesía se han modificado un poco, que cambié de labor y que he culminado mis estudios ¿soy otra persona? Es usual acudir al status social en nuestras presentaciones, en lugar de buscar en nosotros mismos las características que nos hacen únicos y especiales. Que le temo a los arácnidos, que nunca he podido aprender a bailar, que me ponen nervioso las cosas más simples y me excitan los momentos cumbres, que soy perfeccionista, flemático pero impulsivo, infantil y anticuado, son pistas para llegar a quien verdaderamente soy.

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