De cómo fui “depurado” de la Asociación Hermanos Saíz

Osmel Almaguer

La Asociación Hermanos Saíz (AHS) surgió con el objetivo de aunar a los jóvenes artistas y creadores cubanos en una sola institución que guiara sus pasos, organizara sus actividades y acciones culturales y potenciara sus obras.

Todo dentro de los límites de lo que se suponía debía ser un artista revolucionario. La  organización sería el paso previo a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), a la cual avanzarían los asociados en su crecimiento intelectual.

Primero se le llamó Brigada Hermanos Saíz, en homenaje a los mártires, en una época en la que cada calle, escuela, comedor u organización del país, adquirió el nombre de un héroe de la Revolución.

Con la entrada del milenio sobrevino mi inclusión en las filas de la AHS. A partir de ese momento pude conocer algo de su historia. Aunque el funcionamiento en sus principios siguió siendo un misterio para mí.

Hace pocos días fui notificado de haber quedado fuera de la Asociación, en un proceso de “depuración” realizado por un gobierno anterior al actual, desde el cual parece haber transcurrido al menos un año, sin que yo me enterara.

Al presentarme en “La Madriguera.” sede de la AHS provincial, con el objetivo de aclarar el asunto, pude darme cuenta, en primer lugar, del desorden reinante. Resulta que me tenían computado como una persona que llevaba cinco años en México haciendo un doctorado, nada más lejos de la verdad.

Además, recibí dos versiones de los hechos de parte de dos funcionarios distintos. Una afirmando que mi separación se debía al incumplimiento del pago de la cotización, y la otra basada en un supuesto alejamiento de mi persona con relación a las actividades de la Asociación.

Las dos, en cierta medida, con razón, aunque, como veremos a continuación, obviando ciertas razones que hubieran podido sugerir cierta consideración hacia mí.

Yasek Manzano, derecha, con Wynton Marsalis en La Habana. Foto: cubarte.cult.cu

En los tres primeros años de militancia me desempeñé como coordinador de la Asociación en mi municipio, todo esto sin cobrar un centavo. Desde hace dos años colaboro con su revista digital Esquife, y aunque en los últimos tiempos me mantuve alejado de La Madriguera, lo cierto es que tampoco se me citó en momento alguno para que participara en nada.

El otro detalle que apunta a cierta injusticia en el proceder de dicha institución es el hecho de que casi ningún asociado abona la cotización, ni siquiera los más altos funcionarios de la sede nacional, pero sólo algunos fueron “depurados.”

La palabra depuración hace pensar en la eliminación del detritus, de la plaga, de lo sucio. Es el término que utilizan, y siento mucho que, aunque el gobierno actual se me acercara con mucha pena a comunicarme lo sucedido, se me haya contemplado dentro de un proceso denominado con este término.

Como dije anteriormente, no conozco la historia del funcionamiento de la AHS en sus principios. Sin embargo, su acontecer desde el comienzo del milenio es asignatura ampliamente dominada por mí, hasta el punto haberlo sufrido en carne propia.

Otras víctimas conocidas de la depuración han sido el talentoso trompetista Yasek Manzano y la escritora Aymara Aymerich. Depuración sin base, porque el constante reflujo de personal en las plazas de la Asociación hacen que muchas veces los funcionarios caigan del cielo, sin preparación ni conocimiento del proceder anterior. O sea, que por la incapacidad y el desconocimiento de un funcionario, importantes figuras jóvenes del arte y la literatura cubanos han sido tratados como detritus.

No conozco una sola organización en el mundo que renuncie a la pertenencia de sus figuras ilustres, pero la ceguera de ciertas instituciones cubanas hace posible este “milagro.”

osmel

Osmel Almaguer: Hace poco solía identificarme como poeta, promotor cultural y estudiante universitario. Ahora que mis nociones sobre la poesía se han modificado un poco, que cambié de labor y que he culminado mis estudios ¿soy otra persona? Es usual acudir al status social en nuestras presentaciones, en lugar de buscar en nosotros mismos las características que nos hacen únicos y especiales. Que le temo a los arácnidos, que nunca he podido aprender a bailar, que me ponen nervioso las cosas más simples y me excitan los momentos cumbres, que soy perfeccionista, flemático pero impulsivo, infantil y anticuado, son pistas para llegar a quien verdaderamente soy.

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