Conociendo Viñales

Osmel, Almaguer

Foto de Viñales, Pinar del Rio por Caridad

El pasado viernes tuve la oportunidad de viajar a Pinar del Río.  Fui en calidad de periodista a cubrir un acontecimiento literario que por estos días ocupa la vida cultural del país.  El homenaje a Dora Alonso en su centenario, una de las más grandes escritoras para niños.

Dora no nació en la más occidental de las provincias de Cuba, pero guardó durante gran parte de su vida una relación muy especial con aquella.  Específicamente con Viñales, llegando a pedir en su poema titulado Testamento, que se esparcieran sus cenizas por sobre el valle.

Amén de la atención que debía prestar a cada detalle, para luego poder reproducirlo en un intento de reportaje escrito, lo que me mantenía muy excitado era la novedad del viaje.  Los más de 150 Kms.  que recorrimos para llegar al centro de Pinar, y sobretodo la media hora sobre una sinuosa y estrecha carretera para llegar a Viñales.

Iríamos al Casco Histórico, no al valle, pero estaba bien.  La vista desde las empinadas cuestas prometía una experiencia gratificante.  Sentí que me alejaba del mundo civilizado.  El celular de la muchacha que viajaba a mi lado dejó de recibir señal.  Para quien vive junto a una carretera en la que el ruido de los autos no te deja dormir, este tipo de vivencias tiene una significación especial.

Nos aproximábamos cada vez más al pueblo.  Un guía nos brindaba datos del lugar.  Me llamó mucho la atención que hay casas de alquiler que cuestan unos 150 CUC la noche, y compiten con algunos de los más importantes hoteles del país.

De cuando en cuando divisábamos algunas chozas.  Era evidente que estas no se rentaban a los turistas.  Pasamos junto a una pequeña y pintoresca escuelita, luego frente a la casa de una familia muy pobre, con un cerdo muy flaco amarrado en el patio, que me recordó la pintura “Campesinos felices.” del pintor cubano Carlos Enríquez, de principios del XX.

Poco a poco las casas a la orilla de la vía aumentaron en número.  Pasaban del guano (madera extraída de la palma real) a la mampostería.  De lo vetusto a lo colorido.  Pronto apareció ante nuestros ojos una iglesia, un parque.  Y un pequeño grupo de edificaciones horizontales en donde descansaba la infraestructura del lugar.  Una librería, una cafetería en divisas, un pequeño restaurante, una tienda, etc.

El pueblecito, que no recorrí en su totalidad porque un repentino estado gripal intentó ponerme “fuera de combate.” no se extendía más allá de unas diez cuadras, o quizás sí.  Era como una especie de meseta, rodeada por un enorme barranco, y una distancia relativamente cerca se podían ver los mogotes, que son montañas con cuestas totalmente verticales.

Una tarde entre poemas y pinturas en homenaje a Dora Alonso nos sirvieron una ensalada que después descubrimos que era de apio, pero que el camarero confundió en cuanto le preguntamos con “opio.” y todos reímos mucho.

Ya anocheciendo visitamos la casa de un escultor muy en alza en este momento, llamado Pedro Luaces, y nos hizo la historia de cómo se convirtió en artista cuando en medio del Período Especial dejó su carrera de veterinario para dedicarse a la compraventa de objetos de arte, y cómo comenzó por la restauración empírica de los propios objetos que vendía, y luego le puso alma, corazón y cerebro al tema para llegar ser quien hoy en día.

Pedro tiene varios proyectos para la comunidad.  Su proyecto se ha convertido en un estímulo para los jóvenes artistas y en fuente de empleo.  Ha restaurado varios sitios importantes de su provincia que el gobierno no había podido restaurar por falta de presupuesto.

Actualmente se encuentra enfrascado en la terminación de “la primera galería al aire libre del país.” en la que los artistas de la localidad podrán exponer sus obras.  Se trata, pues, de una especie de parque para el beneficio y la elevación espiritual de los vecinos.

Era ya de noche y partimos para La Habana.  Dos horas de viaje.  Mucho cansancio.  Mi mente no sabía que hacer con tanta información.  Solo ahora, al cabo de una semana, me ha sido dado compartir mi experiencia con los lectores de Havana Times.

osmel

Osmel Almaguer: Hace poco solía identificarme como poeta, promotor cultural y estudiante universitario. Ahora que mis nociones sobre la poesía se han modificado un poco, que cambié de labor y que he culminado mis estudios ¿soy otra persona? Es usual acudir al status social en nuestras presentaciones, en lugar de buscar en nosotros mismos las características que nos hacen únicos y especiales. Que le temo a los arácnidos, que nunca he podido aprender a bailar, que me ponen nervioso las cosas más simples y me excitan los momentos cumbres, que soy perfeccionista, flemático pero impulsivo, infantil y anticuado, son pistas para llegar a quien verdaderamente soy.


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