Diferentes, pero no insensibles

Mercedes Gonzalez Amade

Foto: www.sierramaestra.cu
Foto: www.sierramaestra.cu

HAVANA TIMES — Luego de tantos años conociendo personas con limitaciones físicas, gente de diferentes edades, gustos o nivel cultural; he podido darme cuenta de un detalle. La mayoría de los hombres que por problemas de salud o accidente ha quedado con secuelas, tiene la dicha de que sus parejas se mantengan a su lado, brindándole apoyo, comprensión y sobre todas las cosas amor. A veces, incluso, sacrificando su trabajo y cambiando su estilo de vida, las mujeres asumen el cuidado de su esposo o novio enfermo.

Todo lo contrario ocurre con las mujeres, la mayoría de las veces son abandonadas a su suerte pues las parejas las dejan solas en esos momentos tan difíciles. Ellas pueden contar solamente (y por suerte) con familiares cercanos y algunos amigos. Ese abandono provoca pérdida de la autoestima y de los deseos de seguir viviendo. Entonces se convierte en un círculo vicioso del que es difícil salir, pues nadie quiere estar al lado de una persona amargada y triste.

Otro asunto es que la sociedad nos ve como personas tan diferentes que no conciben que podamos tener relaciones amorosas con personas sanas. Es muy común escuchar comentarios (incluso entre los mismos discapacitados) sobre fulanita que anda con uno que camina, que si no le da pena, etc.

Cuando pienso en eso llego a la siguiente conclusión: el hecho de ser discapacitada física no restringe mis deseos ni mis gustos; no tengo que limitarme a un solo tipo de persona. Se puede encontrar amor en cualquier parte, en cualquier ser humano. Nosotros también tenemos sentimientos y somos tan capaces de amar con intensidad como cualquiera con sus piernas en buen estado.

Somos diferentes por fuera, pero por dentro somos igual de sensibles, un poco vulnerables, pero no más débiles; tal vez algo anticuados para esta época, tratamos de aprovechar todas las formas de demostrar afecto y cariño.

Hay quien piensa que si la pareja no es discapacitada podría ayudarla más.

No es tan difícil de entender: estamos decididos a dar amor y tenemos unas ganas inmensas de recibirlo.

Mercedes González

Mercedes González Amade: tengo 38 años y soy discapacitada. Sobre muletas o en silla de ruedas lucho a diario en esta vida. Tengo un niño de 12 años que es mi inspiración principal y por el que lucho a brazo partido. Ocupo un cargo en la institución gubernamental que atiende a los discapacitados de mi municipio y en las tardes practico Tenis de Campo bien lejos del lugar donde vivo. Mi intención con Havana Times es contribuir a contagiar el deseo de vivir y de hacerlo dignamente, sobre todo en personas con dificultades físicas y motoras.


3 thoughts on “Diferentes, pero no insensibles

  • el 23 julio, 2014 a las 10:45 am
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    Hola Mercedes !Qué pena tu post de hoy! En el país donde vivo -nórdico por más señas- las personas discapacitadas tienen todo el apoyo oficial y de la sociedad. E icluso es muy normal ver relaciones entre un discpacitado y otra persona sin limitaciones motoras. Hasta para ellos hay taxis especiales (adaptados a sus sillas de ruedas), cuyo pago -en un 75% del costo por viaje- lo sufraga la organización que agrupa a este grupo humano. Por demás, decirte que TODA construcción TIENE que derribar las barreras arquitectónicas, es decir no pueden las pueden tener. Y son artistas, miembros del Parlamento, deportistas de élite, etc. Incluso cada edificación tiene que tener destinado un baño -lavabo- para quienes sufran de ese handicap. ?No es lindo? Cuando de veras se quiere, se puede.

  • el 21 julio, 2014 a las 4:29 pm
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    Me gustó tu artículo Mercedes y coincido con la política que propone [email protected] En muchos países desarrollados esas políticas, por suerte, son un hecho.

  • el 21 julio, 2014 a las 12:37 pm
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    Hay demasiado prejuicio. Las personas con discapacidades no tienen por que ser rechazadas pero hay que educar a la gente en ese sentido.

    Los discapacitados deberían ser especialmente protegidos y el Estado buscar incentivos para facilitar su integración social. Y no se trata sólo de las barreras arquitectónicas. Me refiero a estimular su contratación con beneficios fiscales a la empresa contratante, por ejemplo. Tener un empleo, aunque te paguen guayaba como en Cuba, es parte de mantenerse mentalmente saludable.

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