Reciclaje en proceso (2)

Mavis Álvarez

La Sinfónica Nacional de Cuba. Foto: Caridad

Pasaron más de treinta años desde mi encuentro en Varadero con el señor que era músico y director de orquesta sinfónica.  Los que leyeron mi anterior comentario ya saben lo que pasó.

Pues bien también les dije que vivo cerca de la sede de la Orquesta Sinfónica Nacional, el Teatro Auditórium Amadeo Roldán, nombre que recuerda y honra la memoria de un eminente músico cubano.

Hay otro detalle, como soy jubilada tengo la opción del sistema de abonados.  Por una cuota bien modesta puedo asistir a todos los espectáculos donde actúe la Sinfónica y además tengo mi asiento garantizado en la sala principal del teatro.

Cada domingo de cada temporada nos encontramos un grupo de gente que por años asistimos, eso quiere decir que somos vecinos de butacas, de comentarios, de compartir y comentar…quizás en otro momento hable de esa fraternidad de adultos mayores.

Pero ahora les cuento que esta última temporada de verano ha sido algo movida.  Nuestro querido teatro tiene problemas con su sistema de aire acondicionado.  En honor a la verdad, por lo que conozco, ya ese equipamiento debe haber cumplido y sobre cumplido sus mejores y previstos años de vida útil.  Lo que debe costar sustituirlo, repararlo o mantenerlo, en las actuales circunstancias, es algo no imaginable.

Y digo “temporada movida,” porque nada de suspender conciertos ni “esto se acabó por ahora.” Cada domingo íbamos de una sala a otra, en busca del aire perdido y sin perder el entusiasmo. Si señor, juntos recorrimos varias salas, nosotros los abonados, el público eventual y nuestros aguerridos músicos con sus instrumentos a cuestas.

Y volviendo al reciclaje de la vida y sus sorpresas.  El penúltimo concierto dominical de la temporada de verano sería en la Sala Universal del edificio central del Ministerio de las Fuerzas Armadas.  Excelente local, céntrico, al costado de la Plaza de la Revolución, buena acústica, bello, cómodo y…con un aire climatizado de maravillas.

Y vean ustedes, lo que nos hace la vida en proceso de reciclaje.  A los abonados nos facilitaron transporte gratuito para movernos desde el lugar donde radica el Auditórium hasta la Sala Universal, unos cuantos kilómetros.

Vaya, que íbamos como reyes y reinas, desplazándonos por todo el Vedado hasta la mismísima Plaza, yo, muy contenta, y persistiendo en la costumbre de hablar con todo el que me cae al lado, comento con el hombre que comparte mi asiento acerca de todos los avatares que hemos pasado en este verano para completar la temporada y qué bien que se pudo conseguir esa Sala adónde íbamos porque es muy buena, de excelentes condiciones, que ya verá.

Y de ahí paso a contarle al hombre sobre la vida y obra de Amadeo Roldán y de por qué el teatro lleva su nombre y le cuento que hace ya unos cuantos años intentaron destruirlo, casi lo destruyeron,  con un sabotaje.  Lo quemaron todo literalmente, apenas quedó la fachada…y lo que costó reconstruirlo, en tiempo y recursos…el hombre me escucha atento, lo tengo impresionado.

Bueno, así seguí hasta caer en la música que oiríamos ese día.  El plato fuerte sería nada menos que la sinfonía No. 5 de Beethoven y que además la Sinfónica sería dirigida por un director invitado, un ecuatoriano, cuyo nombre no me suena, pero si lo invitaron debe ser bueno, aunque a veces esas invitaciones son compromisos solidarios y etcétera…etcétera.

Llegamos a la Plaza y nos bajamos del ómnibus.  Antes de separarnos, le digo a mi compañero de viajes que ya verá que le gustará el concierto, que nuestra orquesta es muy buena, que de seguro lo disfrutará todo, “lo del director invitado no se lo garantizo porque no lo conozco.”  Él se sonríe, recoge una pequeña bolsa del asiento y se baja.

Efectivamente, el concierto ha sido muy bueno.  La obertura “Poetas y aldeanos” sonó linda, linda.  El violinista, solista cubano y bayamés apellidado Fonseca, impresionante.  La orquesta sonó de maravillas dirigida por el invitado ecuatoriano…ya se lo imaginan…¡mi compañero de asiento en el ómnibus que nos trajo!

Para que no crean que invento nada, datos reales y verificables: Álvaro Manzano.  En el programa de mano de la función dice que por 17 años fue Director de la Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador y que es invitado frecuente de agrupaciones sinfónicas de varios países…y que ha dirigido la totalidad de orquestas sinfónicas ecuatorianas!  ¡Una página completa del programa dedicada a enumerar sus méritos profesionales!

¿Por qué no me dieron ese programa el día anterior?  ¿Por qué hablo con todo el que se me sienta al lado?  ¿Qué me pasa con los directores sinfónicos?

Desde luego, no regresé a casa en el mismo ómnibus.  ¿Recicla o no recicla la vida?

Mavis Alvarez

Mavis Alvarez: Soy palmera, santiaguera y oriental. Palma Soriano es mi pueblo natal, Santiago de Cuba, la provincia y Oriente se llamaba, antes de 1976, esa parte del este cubano. La gente de mi pueblo, en la época que yo nací, éramos medio urbanos y medio rurales, ni pueblerinos ni guajiros, ambas cosas. Y parece que hay una determinación genética en esa circunstancia, porque a la hora de decidir qué hacer con mi vida, estudié agronomía y cuando terminé los estudios, tampoco se me ocurrió otra cosa que trabajar con los campesinos. Y es lo que hice el resto de mi vida, hasta la jubilación. De vez en vez, escribo relatos con mis recuerdos, estudio lo que me interesa y vivo tranquila en un caserón del Vedado con mi perrita Tuka (que casi es tan vieja como yo). Tengo un solo hijo, que a su vez tuvo cuatro, me ha provisto de dos nietos, dos nietas y una bisnieta. No creo que haya salido mal el saldo, he sembrado árboles, escrito libros y parido un hijo.



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