Ser y no solo parecer

María Matienzo Puerto

Frente frío en La Habana. Foto: Caridad

El domingo 14, después de muchos fines de semana sin salir a la calle, unos amigos nos invitaron a un espectáculo en el Teatro América.  Lo que era una sorpresa anunciada por teléfono, almuerzo mediante, se convirtió en el descubrimiento de un ambiente diferente al que estamos acostumbrados en los teatros cubanos.

Aún cuando el América (como lo conocemos por acá) es pionero en musicales y extravagancias a las que solo asiste un público menospreciado por la élite cultural, a teatro lleno, los aplausos retumbaron cuando sobre el escenario aparecieron los artistas.

Transformistas, tan pulidos (como se dice en el ambiente) que a penas, si no sabes de qué va la cosa, los puedes reconocer bajo sus disfraces.  Temperamento, histeria, histrionismo, sensualidad excesiva, muestras de la necesidad de salir del cuerpo que la naturaleza, equívocamente les dio como prisión.  En fin, un ejercicio de libertad individual donde cada quien se expresa a su manera.

En medio de lo que pudiera llamarse desorden, caos escénico y de algún que otro talentillo colado en medio de la maestría de otros que han dedicado su vida a ser y no simplemente parecer en el escenario, podía percibirse el entusiasmo del público que espera disfrutar de lo que solo sucede una vez al año, bajo el nombre Aplausos sin fronteras.

Y es que si en La Habana usted es amante del transformismo, solo puede acercársele si tiene una economía fluida en su bolsillo, o sea, los espacios son caros, carísimos.

No es un arte que seguiría a donde quiera que se presentara pero me pregunto por mis amigos los que sí son cultores del género.

Sin dudas y pese a los peros, fue un domingo inolvidable donde vi cantar a la reencarnación de “la señora sentimiento” (Elena Burke) en la voz de Maridalia, cantando, por momentos a viva voz, por momentos doblando, en medio del público que la aclamaba el ontológico tema “A mi manera,” de Frank Sinatra.

Maria Matienzo

Maria Matienzo Puerto: Una vez soñé que era una mariposa venida de África y descubrí que estaba viva desde hacía treinta años. A partir de entonces construí mi vida mientras dormía: nací en una ciudad mágica como La Habana, me dediqué al periodismo, escribí y edité libros para niños, me reuní en torno al arte con gente maravillosa, me enamoré de una mujer. Claro, hay puntos que coinciden con la realidad de la vigilia y es que prefiero el silencio de una lectura y la algarabía de una buena película.


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