Por fuerza, amor de tres

María Matienzo Puerto

La lucha para llegar a casa. Foto: Linda Williams

Tamara es una mujer sola, que vende todo lo que puede para mantener a sus dos hijos: discos, almohadillas sanitarias y panes con tomate, cuando la venta de lo demás decae. Su nivel de instrucción no sobrepasa los límites de la media, pero tampoco se puede decir que es analfabeta.

Alberto es un hombre que lleva casado quince años. Es profesor de la universidad agraria de San José de las Lajas. Tiene un hijo adolescente que desde hace tres años lo cría solo.

Diana es una médico de misión en Venezuela y viene de visita unas semanas al año a ver a su familia. Lleva tres años y aún le quedan dos más. Pese a la nostalgia, no renuncia, porque sabe que lo que gana allí, no lo puede soñar aquí.

Alberto y Diana son esposos, pero Alberto tiene una relación desde hace dos años con Tamara.

Alberto y Tamara comparten la cotidianeidad, los gastos, las preocupaciones económicas, el baño y la cama todo el tiempo (excepto las semanas al año en que Diana viene de visita).

Tamara no se hace ilusiones porque sabe que su relación es mientras “la otra no regrese”.

Diana, ajena, se comunica poco con La Habana porque es más importante ahorrar. Mientras vivían en esta ciudad tenían que compartir la casa con la suegra y aguantar cuanta majadería se le ocurriera a la vieja, que además era la dueña de la casa.

Esta es una buena oportunidad para “comprar” un apartamento e independizarse, aunque eso cueste estar separados por cinco largos años.

En algún momento de esta historia Diana y Alberto quisieron mantenerse juntos e hicieron la gestión para que la familia viajara unida, teniendo en cuenta que sería una misión por un tiempo prolongado, y la respuesta fue negativa.

Los niños no pueden salir del país antes de pasado el Servicio Militar Obligatorio y el esposo pertenece a educación, lo que le impediría cualquier autorizo de viaje. No obstante, quién cuidaría al hijo adolescente.

No hay una explicación lógica. El miedo a que los médicos deserten se impone sobre cualquier concepto básico y humano. Esta es una de las caras que muestra cuánto vale, realmente, la unión de la familia cubana.

¿A cuál de los tres juzgar? No me atrevo a emitir criterio alguno. Ellos tienen sus razones.

Maria Matienzo

Maria Matienzo Puerto: Una vez soñé que era una mariposa venida de África y descubrí que estaba viva desde hacía treinta años. A partir de entonces construí mi vida mientras dormía: nací en una ciudad mágica como La Habana, me dediqué al periodismo, escribí y edité libros para niños, me reuní en torno al arte con gente maravillosa, me enamoré de una mujer. Claro, hay puntos que coinciden con la realidad de la vigilia y es que prefiero el silencio de una lectura y la algarabía de una buena película.

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4 thoughts on “Por fuerza, amor de tres

  • Y juzgar para qué, licenciada? No entiendo la preocupación. Cada quien tiene sus prioridades, las de estos dos maestros radicados en Cuba es no sentirse tan solitos, darse la compañía que tanta falta hace cuando el fresco arrecia aunque el termómetro marque los 35º C., mientras tanto la futura dueña del futuro departamento “familiar” se las inventa para ahorrar y cumplir el sueño de aquella linda sociedad matrimonial… para qué juzgar, simple y llanamente eso es una tremenda mierda!

  • Es una historia,sali de Cuba..quizas “buscando” un paraiso?? pero deje “amores”,esos amores que son como los dioses…hay gente que van a la iglesia….me pregunto ?? que buscan?..es posible que en toda su vida eran Ateo….hoy “buscan una salvacion!…el amor es algo tan “complejo” como creer en Dios…pero creo que no tenemos la “culpa”…es solo el sistema…ze “casas” con una mujer que no amas…es posible que sea gorda y fea (para tu gusto) ninguna mujer es fea….pero un dia,me case!!.despues ya años ..solo me dijo….solo te utilice! para “buscar los papeles”

  • Es cierto que la fuga de cerebros es un problema enorme para el Tercer Mundo, incluyendo Cuba. Sin embargo, la limitación al derecho a viajar hace mil veces mas daño que beneficio.

  • Y cómo Diana es humana, DURANTE ESOS LARGOS 5 AÑOS no le queda otra solución que buscarse algún colaborador para que le ayude a satisfacer los deseos de la carne…y del espíritu durante toda su misión.

    Esta es la triste realidad de la familia cubana.

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