Leyes para condenar a mujeres desesperadas

María Matienzo Puerto

HAVANA TIMES, 18 ene — Amelia en algún momento de su vida actuó de un modo muy violento. Apuñaleó a su marido. Él simplemente le colmó la paciencia. Era un tipo agresivo y chantajista: le había prometido más palizas, quitarle a la hija y decir a los cuatro vientos que ella era lesbiana.

Amelia no aguantó la presión y lo apuñaleó. Ella fue juzgada y condenada a siete años de privación de libertad. Cumplió solo cuatro porque realmente Amelia no es agresiva, ama la paz, adora a su hija y aunque no le gustan las mujeres, ahora no ve en eso un conflicto mayor.

Pudo haber reducido su condena a solo meses porque el marido le pidió tener sexo con ella mientras esperaba juicio, y la abogada le aconsejó que lo hiciera, porque eso iba a ser un punto a su favor; pero Amelia sabía que si aceptaba la condena iba a ser otra (no se lo iba a poder quitar de encima, nunca) y más temprano que tarde terminaría matándolo. Aunque era casi una adolescente, fue sabia.

Después de los cuatro años en prisión Amelia ha aprovechado el tiempo. Hizo una licenciatura y está a las puertas de una maestría en Ciencias en tecnología médica, pero aunque es una profesional de puntería y le han propuesto ir de misión internacionalista, no puede porque entonces su pasado afloraría y todo el mundo se enteraría de que una vez estuvo presa.

Ella ha dado justificaciones diversas. Primero que la hija es una niña todavía y no tiene con quién dejarla; segunda, que los quince de la niña ya están ahí mismo y ella es la responsable; y así hasta el infinito. Mientras, sus compañeras de trabajo han viajado y se han encontrado algunas soluciones económicas para sus vidas.

Ya han pasado, por encima de los siete años a que fuera condenada, cinco años y medio, y ella ha comenzado sus averiguaciones de cómo poder borrar los antecedentes penales; pero se ha encontrado con una mala noticia.

Según el código penal cubano las condenas de siete años, deben esperar para poder ser borradas de los antecedentes penales, de diez años en adelante. No importan las circunstancias, no hay maneras de apelar. Son diez años y ya.

Amelia siente que está cumpliendo dos condenas por un mismo delito. Y, a decir verdad, yo siento lo mismo.

¿No se supone que la Ley debe contemplar los matices de la sociedad? ¿O yo supongo mal? ¿Amelia no debería tener el derecho de contratar un abogado y echar la pelea por su reivindicación?

Sigo suponiendo mal.

Es una ley que condena a las mujeres que se defienden y no a los hombres que golpean, humillan y matan. ¿Por qué no me siento extrañada?

Ella me cuenta que el día del juicio sintió que se le profesaba hasta cierta simpatía a la víctima (o sea, a Él no a Ella) por parte de la fiscal y la jueza. Esas pudieron ser solo subjetividades de Amelia, pero lo cierto es que Él sigue siendo el mismo tarambana de siempre, golpeador de otras mujeres y Amelia no se lo ha podido quitar de encima para siempre.

La hija que tienen en común sufre las consecuencias cada vez que el padre la visita y comienza a querer cambiarle el criterio de respeto que ella siente hacia su madre porque sabe que es “una mujer que se ha sabido ganar lo poco que tiene con trabajo”. Esas fueron sus palabras cuando decidió contarme su historia para que la escribiera.

Yo solo puedo contar su historia y esperar a que me la publiquen. No tengo el poder (ni creo que lo tendré nunca) para cambiar las leyes injustas.

 

 

Maria Matienzo

Maria Matienzo Puerto: Una vez soñé que era una mariposa venida de África y descubrí que estaba viva desde hacía treinta años. A partir de entonces construí mi vida mientras dormía: nací en una ciudad mágica como La Habana, me dediqué al periodismo, escribí y edité libros para niños, me reuní en torno al arte con gente maravillosa, me enamoré de una mujer. Claro, hay puntos que coinciden con la realidad de la vigilia y es que prefiero el silencio de una lectura y la algarabía de una buena película.


2 thoughts on “Leyes para condenar a mujeres desesperadas

  • el 18 enero, 2012 a las 12:45 pm
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    nadie debe apuñalar a nadie porque le colmó la paciencia. si hubiera sido en defensa propia, probablemente, no habría ido presa. si bien en estos temas tiendo a solidarizar más con las mujeres, hay mucha violencia hacia los hombres también. lo óptimo sería que existiera una red de protección para estas mujeres que les permita no tener que llegar a esos límites. Lo de la reinserción sí es una pena. Sucede en muchos lados y es un estigma difícil de superar

  • el 18 enero, 2012 a las 8:52 am
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    Tu como periodista lo publica pero las cubanos que viven en la isla no se enteran,nos enteramos los que tenemos libertad de prensa y leemos lo que queremos y si algun dia volvemos a isla y se da una conversacion lo decimos,es tremenda pana que este sitio no lo puedan leer los cunanos de la isla.

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