La importancia de un Plan B

María Matienzo Puerto

En la Feria del Libro. Foto: Caridad

Voy a intentar mantener un diario de navegación.  Mi bitácora de la Feria Internacional del Libro de La Habana.  Creo que esos tipos de escritura comienzan por el tiempo: el viento del sur me mantiene despeinada, traigo abrigo por gusto, porque a juzgar por los partes meteorológicos, en La Cabaña (lugar de la Feria) debía hacer frío y por el contrario, hace calor, mucho calor.

Es un buen comienzo encontrarme con un amigo escritor (Amehel Echevarría) a penas me bajo de la guagua y enterarme que dentro de quince minutos va a leer en un espacio que habitual del evento, llamado La tribu de la Poesía.   Lo único que él es narrador, igual que los que van a acompañarlo detrás de los micrófonos.

Pues bien, aprovecho la oportunidad, y entro con él. Ya me veía yo, sentada, bajo un almendro o un rincón llamado en esta oportunidad Café Ruso, disfrutando, de la frescura y la profundidad que goza la literatura de mis contemporáneos. Ja, ilusa yo, ilusos, nosotros.  ¿Cómo pretender que el primer día todo saliera a pedir de boca, que todo transcurriera como estaba anunciado?

Cuando llegamos qué asombro el nuestro: habían cambiado el lugar de reunión, pero bueno, esas son cosas que siempre pueden suceder.  Sin perder aún la ternura, fuimos al otro sitio señalado.  Más bucólico aún, era un espacio abierto, sobre las hierbas y la tierra, quizás húmeda, y sin sillas, ni mesas, ni cartel que dijera, ES AQUÍ.

Mi amigo, el escritor, fue a gestionar su propio espacio y le comentaron que la actividad había sido pospuesta, porque aún no llegaban lo que se había pedido desde las nueve de la mañana, o sea, las sillas, las mesas y el cartel.  ¿Hora? Dos de la tarde.  Y debió haber comenzado a las 12 del día. Está bien, esas cosas pueden pasar y más si se trata de un evento de tamaña magnitud.

Pero como lo que nos interesa a todos es la literatura, que para eso es la Feria, y no para comer en los quioscos que abundan, vendiendo pollo y chucherías en divisas, volvimos a la hora señalada. Nada.  No aparecía nada, ni las sillas, ni las mesas, ni nada.

Así seguimos recurriendo cada cierto tiempo para ver si sucedía algo.  Y nos atrapaba la inocencia una y otra vez.  No hubo lectura y las mesas llegaron demasiado tarde, cuando nuestra paciencia se había agotado y los escritores se habían marchado a lo que ellos, previendo contrariedades, habían denominado Plan B.

Maria Matienzo

Maria Matienzo Puerto: Una vez soñé que era una mariposa venida de África y descubrí que estaba viva desde hacía treinta años. A partir de entonces construí mi vida mientras dormía: nací en una ciudad mágica como La Habana, me dediqué al periodismo, escribí y edité libros para niños, me reuní en torno al arte con gente maravillosa, me enamoré de una mujer. Claro, hay puntos que coinciden con la realidad de la vigilia y es que prefiero el silencio de una lectura y la algarabía de una buena película.



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Estación Jordan, Ontario, Canadá. Por Joe Edwards (Canada). Camerá: teléfono móvil

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