En Cuba hay traición donde quiera

María Matienzo Puerto

Alfonso Urquiola. Foto: baseballdecuba.com

HAVANA TIMES, 9 feb — A mí no me gusta el béisbol. No tiene nada que ver conmigo y eso creo que lo demuestran las mil y una vez que algún fanático ha intentado, explicándome las reglas, que me conecte con el fenómeno deportivo.

Yo siempre escucho hasta el final y las logro entender en el momento, pero no logro mantener la atención a los casi once meses de juegos y rivalidades.

Hace algún tiempo intenté amoldarme al entusiasmo y puse un cartel defendiendo a ultranza al equipo Industriales (el que me toca por la ciudad en que nací) y regresé del trabajo preocupada por la violencia que generaría mi cartel donde ofendía la sensibilidad de otros.

Por suerte el viento había hecho mi trabajo: lo había desaparecido.

Otro costado de la pelota (como le decimos en Cuba) es el sociológico. Claro está, como en todas las esferas de la sociedad, en la pelota se refleja el caos que vivimos, sobre todo cuando vemos las imágenes violentas que circulan underground o cuando escuchamos los cuentos de las riñas o de la represión policial en los Estadios.

Pero como el caos está en todas partes, ¿para qué preocuparme por el deporte nacional?

Sin embargo, la edición de un libro de entrevistas a peloteros (compartida con Adriana Zamora),  que saldrá en esta Feria Internacional del Libro deLa Habana, bajo el sello de la editorial “En vivo”, del Instituto Cubano de radio y televisión me hizo cambiar de idea.

Más que una historia de peloteros, leí historias donde gente, mucha gente, fue traicionada. Antes tenía una leve idea de lo corta que podía ser la vida activa de un atleta, ahora tengo la certeza de que es brevísima y presta a manipulaciones.

Con muchos de los peloteros cubanos ocurrió que el retiro les llegó sin explicaciones. Algunos habían estado en muy buenas condiciones físicas, y de repente, el retiro asignado desde una oficina oscura a la que solo le preocupa (imagino) la deserción del ejército pelotero.

Me dio pena leer cómo glorias del deporte que en su momento aportaron sumas importantes de dinero a la ¿economía cubana? (porque a sus bolsillos no era) fueron utilizados para sostener no sé cuál prestigio.

El caso de Alfonso Urquiola, por ejemplo, después de participar en el mundial del 94 e implantar record de bateo, sin explicaciones, un año después no hace el equipo Cuba. Así mismo pasó con Víctor Mesa y Lourdes Gourriel.

Otras veces, después de darlo todo en el terreno y sabiendo que rindieron en las preselectivas, simplemente se enteran de que han sido excluidos del equipo nacional, junto a la escalerilla del avión, aún cuando los responsables sabían los resultados con un mes de anterioridad.

Todos los nombres que pudiera mencionar: Jorge Fuentes, Luis Giraldo Casanova, Ormari Romero, Ermidelio Urrutia, Juan Castro, Luis Ulacia, Rey Vicente Anglada, Felix Isasi, Miguel Cuevas, Rodolfo Puentes, y muchos otros, algunos retirados, otros como manager de equipos, ―incluido el equipo nacional― desde diferentes épocas del béisbol cubano, han demostrado una fidelidad ciega, más que a Cuba, a la revolución cubana.

Todos con probadas facultades para integrar las filas de las Grandes Ligas y todos frustrados porque el sentimiento de culpa siempre fue mayor que las ganas de realizarse en el terreno internacional.

Ahora se conforman con una cosa que llaman atención al atleta (o algo por el estilo) y que es una salida, de vez en cuando a algún hotel o una canasta, en fecha señalada, con comida o con zapatos, ¿quién sabe?

El libro que tendrá como título, Confesiones de Grandes, y que incluye entrevistas a peloteros panameños y puertorriqueños, es un corte diametral con un oxidado cuchillo de mesa a la historia de Cuba. Los cuentos lo hacen ellos mismos, sus protagonistas.

A mí sigue sin interesarme la pelota, pero ya ven, hay historias de traición a los cubanos dónde quiera. Traición a la fidelidad, traición a la ingenuidad política, a la confianza, al deportista, a la gente.

Maria Matienzo

Maria Matienzo Puerto: Una vez soñé que era una mariposa venida de África y descubrí que estaba viva desde hacía treinta años. A partir de entonces construí mi vida mientras dormía: nací en una ciudad mágica como La Habana, me dediqué al periodismo, escribí y edité libros para niños, me reuní en torno al arte con gente maravillosa, me enamoré de una mujer. Claro, hay puntos que coinciden con la realidad de la vigilia y es que prefiero el silencio de una lectura y la algarabía de una buena película.


One thought on “En Cuba hay traición donde quiera

  • el 9 febrero, 2012 a las 8:10 am
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    Oye María, vas a meter en problemas a la autora del libro. Está buena esta entrada. Todos tienen lo que merecen, incluso los peloteros cubanos. En la NBA se han organizado en sindicatos cunado ha habido algún problema y lo han hecho bien. Tienen miedo los peloteros cubanos a perder sus cadenas. Saludos desde el infierno.

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