De la ley de cine, RTV Comercial y otros demonios

Por Lynn Cruz

Durante la filmación de Fast and Furious 8 en La Habana.

HAVANA TIMES – El 17 de diciembre de 2014, luego de los discursos de Barack Obama y Raúl Castro, dio inicio al hoy truncado descongelamiento de las relaciones entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba. Ese hecho abrió las posibilidades de negociar directamente con empresas estadounidenses multimillonarias. 

En aquel momento, Hollywood, motivado por los acontecimientos, en diálogo con el Ministerio de Cultura, llevó a cabo el rodaje de la octava entrega de la saga: Fast and Furious. También ocurrió el desfile exclusivista al mando de Karl Lagerfeld y la marca Chanel, entre los más visibles.

A esos eventos le sucedieron una serie de escándalos en las redes sociales, relacionados con la falta de transparencia por parte del Gobierno y las instituciones cubanas, con respecto a la finalidad de los ingresos recibidos durante esas negociaciones, o con la rapidez de los permisos de rodaje en zonas que para los cineastas del patio resultan muy difíciles, como la calle Malecón, La Habana Vieja, o el poder sobrevolar un helicóptero por toda la ciudad de La Habana.

Lo cierto es que esto trajo como consecuencia una “aparente” paralización de las relaciones, incluyendo al instituto Sundance, a quienes la casa del festival de cine de La Habana, en particular su presidente Iván Giroud, habían recibido con los brazos extendidos, y luego, en visitas posteriores de delegaciones de dicha institución, los dejaron prácticamente solos, sin darles siquiera promoción.

La fundamentación era perfecta, de modo que no aprobarla dejaría más en evidencia la falta de voluntad política para hacer cualquier tipo de cambio, que se geste de manera espontánea.

Ahora bien, lo que no sabían esos funcionarios, incluyendo al destituido ministro de Cultura, Julián González, la primera cabeza en volar tras el escándalo, fue que todo volvería a su lugar en el momento indicado, pero con la seguridad de que esos poderes, esta vez, quedaran bien repartidos entre los hombres de Raúl, para que no se volviera a “fugar el capital” en las manos de un paria.

Así, las instituciones cubanas han devenido en edificios fantasmas, donde reina el terror, mientras unos pocos se llevan todo a sus bolsillos. La realidad del pueblo cubano es semejante a un buffet escuálido y además dirigido, en el que entran y salen los platillos, pero el pueblo, no puede acceder al verdadero menú de la casa.

Durante casi tres años, un grupo de cineastas, críticos, productores cubanos, comenzaron una batalla, donde demandaban a las autoridades la aprobación de una ley de cine.

Fernando Pérez, Enrique Colina, Juan Carlos Cremata, entre los cineastas, Gustavo Arcos, Dean Luis Reyes, entre los críticos. Se unieron y confeccionaron los fundamentos para reclamar dicha ley, con un estudio y análisis previos de los lineamientos y regulaciones para el trabajo por cuenta propia, donde ubicaban este proyecto en la categoría de cooperativas, para de esa forma dar cuerpo legal a las productoras independientes que aún permanecen en una especie de limbo.

La fundamentación era perfecta, de modo que no aprobarla dejaría más en evidencia la falta de voluntad política para hacer cualquier tipo de cambio, que se geste de manera espontánea.

Existe una empresa que antes parecía anodina, de hecho los actores hasta le hicieron un chiste: “RTV Comercial es el ICRT (Instituto Cubano de Radio y Televisión), vestido de seda”. Pero la realidad apunta a que hoy la Empresa Comercializadora de Radio y Televisión (RTV comercial), crece. En tanto el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), (que al menos tiene la palabra Arte en sus siglas) cada vez tiene menos poder, incluso hay zonas de la ciudad donde los permisos solo se pueden tramitar a través de RTV.

Por otra parte, cualquier producción extranjera tiene que carenar solamente en las oficinas de dicha empresa, de ese modo hasta a la Asociación de Cubana del Audiovisual (ACA), en peligro de extinción cuando antiguamente también podía negociar con producciones foráneas, e intervenir como mediador, le han quitado sus poderes.

Además RTV cuenta con una tecnología de punta, con cámaras y equipos de última generación, donde los precios por los servicios son exorbitantes.

¿Qué pasa realmente con ella? Pues se rumora que detrás de toda la farsa de esa empresa, hay un militar, o sea, ya tiene un dueño. Algunos se atreven a avizorar que pretende ser la gran “empresa cubana de telenovelas”, compitiendo con el gigante suramericano O´Globo, en Brasil. Si alguien observa con detenimiento, desde hace algún tiempo circulan por la ciudad unos camiones modernos, sofisticados y grises, con la marca de esa entidad.

El cine Astral está en muy buenas condiciones, a diferencia del deterioro en la mayor parte de las instalaciones cinematográficas, así como en los edificios pertenecientes al ICRT. Se debe a que el Astral también pertence a RTV Comercial.

El Cine-Teatro Astral

Llama la atención, por otra parte, el rumbo que está tomando la programación en la pantalla chica, sobre todo, cuando se producen programas gestados por esta empresa, que emulan a las televisiones foráneas del peor gusto, pensados y diseñados para poder vender productos, enlazados también al canal CubaMax, localizado en Miami.

En este caso, no hay ningún problema con el bloqueo, ni en la negociación con bancos estadounidenses o, tal vez, la existencia de un tercer país, desde donde la corporación lleva a cabo sus transacciones.

El abandono a las instituciones pone al desnudo el desinterés por preservar el patrimonio cultural dentro de la Isla, así como la falta de control y eficiencia del desintegrado Estado cubano.  Cuando desaparezcan las generaciones de intelectuales formados dentro de la Revolución, muchos de ellos con gran respeto y consagración al arte en su más amplio sentido, lo que quedarán son sujetos al servicio del mercado.

Tal vez, toda aquella investigación realizada por el G-20: “El grupo de cineastas cubanos” en la confección del proyecto para la aprobación de una ley de cine, ha sido secuestrada por estos “nuevos magnates”, pues RTV Comercial funciona como la cooperativa que los cineastas demandaban, pero con la única voluntad de fortalecer un mercado, en vez de un cine nacional.

Una vez más, como en el año 1959, se borrará todo y así como el giro fue hacia la izquierda, ahora la vuelta se dirige hacia la extrema derecha.

Lynn Cruz

No es el arte el que imita a la vida, es la vida la que imita al arte”, dijo Oscar Wilde. Y es que el arte siempre va un paso más adelante. Soy actriz y escritora. Para mí el arte, en especial la escritura, es un modo de exorcizar los demonios. Es algo íntimo. Sin embargo, decidí escribir periodismo porque me di cuenta de que yo no existía. En Cuba sólo tienen derecho a expresarse públicamente, las personas autorizadas por el gobierno. Havana Times constituye un ejemplo de convivencia dentro de una democracia y puesto que me considero demócrata, mi sueño es integrar la filosofía de este diario a la realidad de mi país.

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