El retorno: vivir y trabajar en Cuba

Katherine Pérez Domínguez

Foto: Katherine Pérez
Foto: Katherine Pérez

HAVANA TIMES — Lo reconozco. Soy una persona muy cauta que peca de sensatez. El riesgo no es mi fuerte, por más que, como toda persona a lo largo de su vida, me haya tocado afrontar alguno que otro. En general, sin embargo, casi siempre tengo un plan o varios, en dependencia de la contingencia.

Admiro por ello profundamente a las personas arriesgadas. Casi siempre admiramos lo que no somos o no tenemos. Por eso existen los héroes. En lo particular, yo prefiero a los “pequeños” héroes, a los de a pie, los que no salen ni en los libros de historia ni en la tele, esos que habitan en el espacio real de la mayoría de las personas y no en la virtualidad de la mitología.

Mis héroes son gente sencilla, emprendedora, valiente, con garra, que se arriesga. Mis héroes tienen miedo, sufren, se caen, se levantan, son optimistas, el miedo no los paraliza. Mis héroes no quieren reconocimiento, no lo necesitan, solo desean la felicidad y luchan por ella, sin que por ello tengan que avasallar a alguien.

Por suerte, conozco muchos héroes de este tipo. Personas que desde Cuba o desde cualquier país extranjero a donde les haya llevado su lucha diaria, viven la vida a plenitud y se levantan cada día pensando en lo que pueden hacer para mejorar su existencia. De los antihéroes prefiero no hablar, al menos, no en este artículo.

Como siempre, ya perdí el hilo de lo que quería decir. Me pasa a menudo cuando algo me emociona. Sin embargo, en este post mi intención es referirme a cuestiones más prácticas como, por ejemplo, la existencia cotidiana del emigrante retornado a Cuba.

Algunas de las amables personas que se han detenido a leer y a comentar mis entradas anteriores, y a las que agradezco profundamente su tiempo y sus comentarios, han observado que la vida de un retornado no puede ser exactamente igual que la de un cubano residente, que los retornados traen a sus espaldas otra experiencia vital, una segunda nacionalidad con su respectivo pasaporte y, lo que parece una diferencia aún más marcada, dinero. Y absolutamente todo eso es cierto, aunque como siempre, existen matices que no pueden ni deben obviarse.

En primer lugar, no cabe duda de que el retornado, quien ha vivido algún tiempo bajo otros parámetros, otros sistemas políticos y económicos, otras normas de convivencia, de trabajo, de consumo, etc., ha acumulado una serie de experiencias que pueden ayudarle a afrontar el regreso a la Isla de una manera diferente. También pueden hacer muy complicada su adaptación inicial, porque, bien lo saben los que llevan viviendo en Cuba toda la vida, en ciertos temas aquí da igual si tienes dinero o no.

El desabastecimiento, la baja calidad de los productos que se comercializan y los precios astronómicos -sí, astronómicos, incluso para los retornados-, no hacen nada fácil la adaptación de una persona que, como en mi caso, se ha venido a Cuba con su ropa y sus efectos personales básicos.

¿Que traemos ahorros? En muchos casos sí. ¿Que si tenemos pensiones de nuestros países de acogida? Pues a no ser que seas mayor de 65 años y hayas trabajado en España un número determinado de años, no te corresponde ningún tipo de pensión.

Algunos me dicen que podemos contar con el dinero del paro (ese dinero que la Seguridad Social española descuenta de tu sueldo por si te quedas sin trabajo). Pues supongo que sí, no es mi caso. No obstante, el paro no es ningún sueldo que vayas a cobrar mes a mes durante toda tu vida. La cantidad y el tiempo de esta prestación española es limitado, y me consta que en el entorno europeo funciona de forma parecida.

Foto: Álvaro Santamaría
Foto: Álvaro Santamaría

El panorama, en la mayoría de los casos, es el siguiente. En cualquier caso, y sea cual sea la cantidad de dinero que hayas conseguido ahorrar o cobrar de una prestación, es solo una especie de fondo inicial que te permite resolver cuestiones básicas.

Una de ellas es, sin duda, la de la vivienda. Cuando me planteé regresar a mi Patria la primera pregunta que me asaltó fue esa precisamente: ¿dónde voy a vivir? Tras diez años de vida independiente el regreso a casa de mis padres -por muy estupendos que estos sean, que lo son-, no era ninguna opción. Porque si algo aprendes viviendo fuera de forma independiente es que muchas cosas que en Cuba se dan por sentadas y se ven con normalidad (la necesidad puede distorsionar cualquier perspectiva), no tienen absolutamente nada de normal.

¿Es normal acaso que los hijos tengan que vivir con sus padres hasta edades avanzadas y que tengan que morirse tus familiares para ser independientes? ¿Es normal que las parejas tengan que convivir con todo tipo de familiares, con las tensiones que en muchos casos eso genera? ¿Es normal picotear una casa en mil pequeños habitáculos para que todo el mundo pueda tener un ensayo de intimidad?

Pues, si pensamos en las personas que conocemos y sus distintas situaciones podremos darnos cuenta muy fácilmente de que la cosa no tiene nada de normal. Porque, ¿quién no tiene un amigo cuya forma de vida choca frontalmente con la de sus familiares y como resultado hay continuas peleas e infelicidad? ¿Quién no conoce a algún matrimonio que haya terminado separándose por dichas peleas o simplemente por falta de intimidad, cuando llegan los niños y los tienes durmiendo en tu habitación por falta de espacio? Padres, hijos, hermanos, nietos, todos conviviendo, ¿en paz y armonía? Hay demasiados ejemplos negativos a mi alrededor como para tragarme esa máxima.

La opción de comprarse una casa se convierte, entonces, en algo muy atractivo. Y sí, puedes acceder a un apartamento en Cuba con 20000 euros. Y sí, la mayoría de los cubanos de la Isla ni sueñan con reunir esa cantidad de dinero en todos sus años de trabajo. ¿Pero es esto acaso culpa de los retornados?, sinceramente me parece que no.

El retornado, desde luego, suele ser una persona más práctica. También es una persona más exigente y menos conformista. Así que hechas mano de tus ahorros y compras un lugar para vivir. Pero coincidirán conmigo en que las 4 paredes por sí solas no bastan. Se necesitan muebles (una cama y unas sillas, al menos), cocina, refrigerador, ventiladores.

Tus ahorros ya están bastante mermados y por delante tienes dos opciones. Hacer uso del famoso contenedor en el cual traer todas estas cosas desde tu expaís de residencia o comprarlos aquí. El espacio se acaba y debo terminar, pero en próximas entradas intentaré narrar mis peripecias al respecto, mientras afronto otro de los temas esenciales: el trabajo para los retornados. Porque estarás de acuerdo conmigo, querido lector, que de donde se saca y no se mete, la sequía está asegurada.

Katherine Perez

Katherine Pérez: Ciudadana del mundo, amante de los libros, los viajes y el arte. De regreso a mi isla después de mucho tiempo. Compartir y vivir en paz son mis máximos objetivos en la vida y, por supuesto, la felicidad, que no está en ninguna parte, sino en ti mismo y en las personas que quieres. Desde mi nueva base de operaciones, la isla grande que me vio nacer, escribo como forma de exorcizar los demonios.

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34 thoughts on “El retorno: vivir y trabajar en Cuba

  • Si te refieres a la playa de Bacuranao, OK. Porque la de los rusos te la regalo.De todas maneraa, Alamar nunca me ha gustado y el problema del transporte lo hace aun menos atractivo.Pero bueno, es un tema de preferencias…
    En cuanto a los intereses a plazo fijo en bancos australianos, son similares pero en una moneda que es un 25 pct menos fuerte comparado con el USD. Ademas, pagas impuestos sobre los intereses que ganes por constituir un ingeso. Por supuesto aqui hay otras maneras de reducir eso pero eso es un tema para otro post.
    Mi punto es que no se tengan todos los ahorros o inversiones en una sola moneda o un solo lugar. A mi me parece bien tener unos 5000 CUC a mano, pero el resto lo tendria invertido en otra parte. Claro que con 20 000 euros (o USD) no aspires a mucho.

  • Katherine, muy interesante y entretenido tu artículo. Me gustó mucho y espero leer otros sobre tus peripecias como retornada a la Patria

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