Un pastelito… por favor

Jorge Milanés Despaigne

Foto: Juan Suárez
Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES — La cabellera plateada, despacio andar, se acerca a la puerta de la cafetería. Finísimas huellas en el tiempo se muestran en su piel, en el anticuado vestuario, que ya no importa.

En una mano trae la bolsa y el bastón, con la otra busca algo que no encuentra…. No encuentra: dos pesos para comprar un pastel.

La bolsa se convierte en su última salvación. La acerca a la cara e introduce la mano, y extrae un monedero de piel agrietado por el tiempo. Insistentemente examina su interior. Su mano temblorosa encuentra: viejos botones, sellos, ganchos de pelo, recibos antiguos que deposita encima del mostrador.

El temblor y la desesperación se acentúan, no hay nada; lo recoge todo, pero antes de finalizar, la situación quedó clara. Otras veces había estado ante hechos similares. Extendí mi mano: “Mire abuela, para que pague dos pastelitos”.

Su delicada mano agarró el dinero, me miró y dijo: “Gracias”.

Con un poco de pena ordenó los pasteles. Ya tenía con qué pagar: “Un pastelito por favor”, pidió con voz temblorosa y apagada.

“Gracias mijo, pocas personas ayudan a los demás; la mayoría dan la espalda para no ver, sin pensar que un día puede sucederle lo mismo”.

Me conmueve esta situación frecuente en La Habana, donde personas de la tercera edad pasean por la calles de la ciudad y no saben qué hacer ante la imposibilidad de, al menos, comprar un dulce, que a veces, es lo único que pueden pagar de su bolsillo.

Algunos barrios tienen comedores para que ellos desayunen y almuercen, a bajos precios; pero, no podemos olvidar aquellos que viven solos y salen en busca de un dulce u otro alimento y otros que han perdido la orientación por su avanzada edad. Situaciones como esta merecen tenerse en cuenta.

 

 

2 thoughts on “Un pastelito… por favor

  • el 23 octubre, 2015 a las 4:14 pm
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    Triste es ver a personas que han llegado a una edad en que, se supone, deben estar descansando en sus casas, con sus necesidades básicas resueltas, disfrutando de una vejez digna. Esos viejos y viejas de hoy fueron los jóvenes de ayer, los que empujaron con sus hombros el carro que hoy, lastimosamente, los ha dejado practicamente abandonados en el momento que más necesitan de atención. Una pensioncita no resuelve el problema, porque no alcanza para comer, pagar los gastos de la casa ( por mínimos que sean), y vestir alguna ropa decente (no raída). Tristes verlos deambular o sentados en los quicios, puertas, casi todos tienen en común la expresión del rostro, el terrible ver la desesperanza y la conformidad eflejada en sus ojos. Muchas gracias Jorge por este post, lo leí y recordé muchas cosas, gracias mil.

  • el 23 octubre, 2015 a las 12:52 pm
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    Triste la realidad de los ancianos cubanos que muchos le dieron un cheque en blanco al timador en jefe para supuestamente tener una vejez decorosa. Hoy llegó ese futuro luminoso y la realidad ha sido que todos fueron estafados sin posibilidad de reclamar.

    Tengo a mi anciana madre viviendo en Cuba y si no fuera porque uno de sus hijos decidió emigrar, hoy día estuviera como la anciana del post.

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