Me quedé sin voz

Jorge Milanes Despaigne

Foto: Jorge Luis Baños/IPS

Si alguna vez usted ha tenido la experiencia de quedarse sin voz, seguro confirmará conmigo que es una sensación maldita, como de encierro involuntario entre barrotes imperceptibles a la vista de los demás.

Durante un concierto de música coral un amigo cantaba una canción que decía “me quedé sin voz con qué cantar” y mientras decía justamente la palabra “voz,” debía alargar esta última según la partitura musical, e hizo una pausa de silencio.

No sé qué estaba pensando cuando decidió continuar el sonido de la “z” después de ese breve lapso de tiempo sordo, que provocó en todos los presentes mucha risa, hasta bromas luego de terminado el concierto.

Pero las equivocaciones son iguales de penosas, como ocurrió a una amiga por mi causa en el invierno anterior.

Yo estuve varios días resfriado producto de una llovizna al atardecer. Entonces buscaba junto con un grupo de amigos donde resguardarnos de la repentina lluvia en medio del Parque Lenin, adonde habíamos ido de picnic.

Recuerdo que encontramos un lugar a la entrada de algo que parecía una cueva. Ahí mismo, entre los cuentos que hice y las canciones que entoné para entretener a mis colegas en tanto la lluvia arreciaba, me quedé —literalmente— sin voz.

Estuve varios días de certificado médico. Una vez restablecido, me encontré con los mismos amigos. Lucía, la mayor del grupo y que vive cerca de mi casa, me comentó que días atrás, aun a oscuras, salió temprano al trabajo y en el portal del consultorio médico vio a un hombre que se le pareció a mí.

Desde la calle preguntó: “¿Cómo seguiste de la voz?.” Como el hombre que ella suponía que era yo no respondió, enseguida pensó que me encontraba peor y subió a la acera. “Que cómo seguiste de la voz…,” insistió.

Tras una pausa, el hombre con tono áspero respondió: “Yo nunca he tenido problemas con la voz.”

Jorge Milanes

Jorge Milanes: Soy animador turístico y relacionista público. Hace 45 años que nací en un pequeño pueblo costero del este de la Habana llamado Cojímar. Me gustan mucho los viajes y las aventuras, ya conozco bastante sobre mi país y me gustaría conocer otras naciones. Disfruto leer, cantar, bailar, la alta cocina y hablar con gente interesante, que brinde sabiduría y alegría.


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