El supuesto turista

Jorge Milanes

Foto: Caridad

Termina la jornada de trabajo. Hacia destinos diversos, mi amigo y yo tomamos el mismo camino para buscar el ómnibus de regreso a nuestras casas. Pasamos por calles céntricas, donde abundan chóferes de taxis, vendedores ambulantes, artesanos, entre otros “pregoneros,” atrevidos de las calles que ofrecen sus productos casi al oído.

Las persistentes ofertas hechas durante todo el trayecto provocan en mí algunas interrogantes por la manera en que son sugeridas, incluso, por la forma en que las personas miran. Al fin consigo un juicio más claro tras la pregunta: ¿por qué se nos proponen cosas propias para turistas?

Mi amigo es de talla estándar, muy blanco y ahora en el verano su piel está colorada. Realmente tiene el prototipo de un foráneo.

Hace unos días íbamos por la calle Obispo y se nos acercó un señor delgaducho, con aspecto bastante descuidado, para venderle un periodico de Granma Internacional, pero mi colega se negó.

“Ayúdame a vendérselo, por favor, tú que eres su amigo”, me pidió el vendedor.

Miré al colega y le sugerí:

“Cómpraselo, chico, que está tratando de buscarse la vida.”

Ante tanta insistencia por parte del vendedor ambulante, ambos sacamos del bolsillo un peso para pagarle, pero de pronto, el hombre se negó a aceptar el dinero. No quería moneda nacional.

Ayer, yendo por la famosa esquina de Prado y Neptuno, tuvimos otro incidente al tratar de parar uno de esos carros que van para el Vedado.

¿Vedado? , le señaló al taxista.

“Sí, pero no monto a extranjeros, mi licencia es en moneda nacional,” gritó sin detenerse.

Luego de varios meses afrontando situaciones similares, algunas que causan simpatía; otras, momentos de tensión, hemos concluido que yo soy el amigo de un supuesto turista que no es tal, pues sin él proponérselo, estimula a la gente a pensar que es portador de un DNI foráneo y de esos euros que los cubanos cambiamos por pesos convertibles.

Jorge Milanes

Jorge Milanes: Soy animador turístico y relacionista público. Hace 45 años que nací en un pequeño pueblo costero del este de la Habana llamado Cojímar. Me gustan mucho los viajes y las aventuras, ya conozco bastante sobre mi país y me gustaría conocer otras naciones. Disfruto leer, cantar, bailar, la alta cocina y hablar con gente interesante, que brinde sabiduría y alegría.

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One thought on “El supuesto turista

  • Entonces siempre se ha tratado de “la divisa”? Mi pana, el tiempo que yo viví allá siempre el acento me delataba como foráneo, el color a veces me daba pasaporte de Quivicán o en el peor de los soles un taíno recién desempacado de las provincias centrales; la cuestión es que nunca tuve problemas para montar un almendrón de esos al que a tu amigo le negaron acceso. Supongo que mi siempre infaltable mochila al hombro o en todo caso el bulto de varias partituras decía que mi estancia ahí estaba “más que justificada”; por la calle fueron muchas las ocasiones que la gente, oriunda de la mismísima Habana, me preguntó por alguna dirección o la guagua que mejor le quedara para llegar a destino. Caso contrario ocurría a mi paso por lugares frecuentados por turistas, los vendedores nunca intentaron que les comprara, ni siquiera ofrecimiento hubo, aun cuando contara con billetes(lo mismo “chillantes duros” que los “opacos y desgastados” pesos cubanos)la beca que percibí siempre fue generosa como para comer, vestir y derrochar en un lujito tal como ir a las provincias cercanas cada fin de semana a visitar a mi nueva familia, cargando con algunos de los tan necesarios productos básicos de consumo. Luego de leer lo que a tu amigo le ha sucedido confirmo el peso que tiene el color de la piel. Puede ser posible que la pigmentación siga jugando en algunos lugares un papel tan relevante en las cuestiones económicas?

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