Un cubano con iniciativa

Isbel Díaz Torres

HAVANA TIMES, 25 abr — Sorprendió a todos en la parada de ómnibus. Llegó, resuelto y sin rubor, con su saco de latas vacías al hombro, y se dispuso a colocarlas ágilmente, en una graciosa fila justo bajo la guagua.

No hacía caso a quienes desde la acera hacían chistes con su trabajo. Tampoco le preocupó que yo, tímido, me acercara para tomarle algunas fotos. Solo me sonrió y siguió en su empeño.

La estrategia, evidentemente, era evitar el fatigoso trabajo de aplanar una a una las latas de refresco o cerveza. La poderosa fuerza de los ómnibus urbanos –siempre repletos de pasajeros– hacía en tres segundos lo que para él significaría casi un cuarto de hora.

Esperaba la llegada de la guagua, y en cuanto esta se detenía se acercaba corriendo a la rueda trasera. Mientras mayor fuera la cantidad de latas en fila que lograra colocar antes de la arrancada del vehículo, más eficiente sería su trabajo.

Las veces que pude contar, el hombre lograba un promedio de quince latas cada vez. Ello dependía del apuro del chofer y la velocidad con que los pasajeros abordaran o descendieran del ómnibus.

Imagino su fatigosa jornada:

1- Trasladarse a un área que produzca suficientes desechos de este tipo, preferentemente sitios turísticos o muy céntricos como El Vedado, Playa, o la Habana Vieja.

2- Colectar las latas en los tanques de basura, siempre en disputa con otros “buzos” como él, siempre expuesto a adquirir alguna enfermedad por la carencia de medios de protección, y siempre bajo el riesgo de ser multado por algún inspector estatal.

3- Trasladar los sacos llenos a un lugar donde procesar las latas, en este caso, una parada de guaguas.

4- Esconderlos en algún sitio y moverse con solo un saco, para evitar multas y lograr mayor agilidad en los movimientos.

5- El proceso de aplanar las latas, si es mecanizado como en este caso, incluye el riesgo de ser atropellado por la guagua. Si fuera manual, la posibilidad de cortarse y contraer alguna infección es alta.

6- Trasladar los sacos de latas aplanadas al sitio de venta. Algunos disponen de desvencijadas carretillas que son de gran utilidad.

No todos pueden vender directamente el fruto de su trabajo de reciclaje, pues para ello es preciso pagar una licencia al Estado. De tal modo, buena parte vende los sacos a un precio más bajo, a otros buzos que sí tienen licencia, y sacan ventaja de ella.

Como hemos visto, el proceso es peligroso y agotador. La conducta irresponsable de muchos y la falta de estrategias estatales efectivas para el reciclaje, han abierto esta posibilidad para estos individuos.

Los buzos debieran recibir una atención sanitaria especial, ser provistos de instrumentos adecuados, y permitirles sindicalizarse o auto-organizarse en cooperativas para colaborar entre sí, defenderse de las injusticias sociales y los actos discriminatorios que sufren.

Yo, en lo personal, les agradezco su empeño, aunque no me cuente entre quienes arrojan basura a las calles. Al ver a este hombre en particular, se reactivó en mí la idea de recoger latas en el malecón, iniciativa que gente del Observatorio Crítico realizamos en el 2010.

Su arriesgada iniciativa da muestras del ingenio de muchos que buscan una manera de sobrevivir en la isla, mucho más colorida que lo que se vende en los catálogos turísticos.

Isbel Diaz

Isbel Díaz Torres: Pinar del Río y La Habana son mis ciudades. En una nací, el 1º de marzo de 1976, y en la otra he vivido desde siempre. Soy biólogo y poeta, aunque eventualmente he sido músico, traductor, profesor, informático, diseñador, fotógrafo, o editor. Soy un gran inconforme y defensor de las diferencias, quizás por haber sido desde siempre un “niño modelo” muy reprimido. Nada me subyuga más que lo desconocido, la naturaleza y el arte me funcionan como fuentes de misterio y desarrollo. Un sorprendente activismo ha nacido en mí en los últimos tiempos. Aunque no estoy muy seguro de cómo utilizarlo, siento que es una energía noble y legítima. Ojalá tenga discernimiento para manejarla.


4 thoughts on “Un cubano con iniciativa

  • el 27 abril, 2012 a las 1:32 pm
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    Lo que no dices es que esa parte del proceso, el apachurramiento, es esporadica en la misma medida que pase la guagua, si el articulado ese se pone de madre y decide que va a pasar con la periodicidad de siempre entonces el tipo esta roto… a la lucha hay que sumarle el andar cazando alguna de esas maquinas en peligro de extinsion.

  • el 27 abril, 2012 a las 7:05 am
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    Buen reportaje, ocurrente el hombre, tiene iniciativa algo que hace tiempo falta en cuba, deberia darle verguenza al estado cobrarle un impuesto a ese pobre hombre. Pues si entre las famosas actividades por cuenta propia , esta esa recolector de materias primas, y ese estado vampiro tambien les cobra impuestos a esos hombres del reciclaje. Al menos ellos limpian la ciudad, el gobierno ni eso puede.

  • el 25 abril, 2012 a las 9:24 am
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    estupendo reportaje sobre este futuro magnate del reciclaje… y gracias charlene por el link a ecocosas, muy bueno… esa inventiva cubana siempre existió –y más aún en el último medio siglo debido a la absoluta necesidad de ser creativo dadas las circunstancias– es una de las vías de liberación del individuo… “siempre bajo el riesgo de ser multado por algún inspector estatal”.

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