Racionamiento en Tiendas Consultorio Agropecuario

Isbel Díaz Torres

Sogas, sombreros de yarey, hachas, mochilas para fumigar…

Los medios de difusión cubanos nos llaman a trabajar la tierra. Nada más legítimo, pero ¿por qué persisten obstáculos para emprender aventuras productivas?

No hablaré de las trabas para obtener un pedazo de tierra en los repartos de la periferia de la ciudad. Eso merece un trabajo aparte. Hablaré del incompresible racionamiento de útiles de labranza.

Algunos meses atrás descubrí que las “Tiendas Consultorio Agropecuario” venden humus de lombriz a un precio muy asequible: tres pesos cubanos el kilogramo. Ese abono orgánico lo he comprado en ocasiones para enriquecer el sustrato donde siembro las semillas de mis árboles. De tal modo me aseguro que las futuras posturas crezcan robustas.

La sorpresa sobrevino cuando, al visitar una de estas Tiendas, descubrí que no todos los productos puestos a la venta estaban disponibles. En esta ocasión se trata de un “Consultorio” ubicado en la avenida 51, en Marianao, y que aún ostenta orgulloso el rótulo de “Referencia Nacional.”

no todos los productos puestos a la venta estaban disponibles.

Los precios en este tipo de establecimiento son considerablemente bajos. Es por ello que, después de comprar mis bolsas de abono, quise obtener un par de botas de goma; mas no fue posible. Tales artículos estaban en “Venta solo para UBPC y Cooperativa.” Lo mismo sucedía con las sogas, los sombreros de yarey, las hachas, las mochilas para fumigar, y otros.

Varios manuales con recomendaciones técnicas para la siembra, exhibidos en el mostrador, cumplían un ocioso fin decorativo. Los “Instructivos Técnicos” para el cultivo de plátano, malanga, ajo, acelga, coliflor, fruta bomba, ají pimiento, lechuga, cebolla, col, boniato; los manuales de apicultura, avicultura, entre otros, no podían ser adquiridos.

Según la televisión, la agricultura cubana demanda mano de obra. Aún sin ser campesino me interesa diseñar modos alternativos de organizar el trabajo para obtener productos de la tierra. Me interesa aplicar tecnologías ecológicas, de mínimo impacto ambiental, siguiendo principios de permacultura. Me interesa producir posturas de árboles para reforestar mi ciudad. Para todo ello necesito herramientas de labranza, semillas, materiales educativos, pero son difíciles de encontrar.

La agroecología cubana se desarrolló intensamente durante el llamado “Período Especial” en la década del 90. ¿Fue aquel un movimiento verdaderamente ecológico, o simplemente no quedaba más remedio que inventar de la nada? He conocido algunos agricultores y científicos que sí creen en ese movimiento. Algunos de ellos luchan contra los cultivos transgénicos que hoy intentan implantar su hegemonía en la agricultura cubana.

Es preciso entonces liberar las fuerzas productivas. Las medidas tomadas en el campo cubano aún son limitadas, y los incentivos debieran estimular también la agricultura urbana. Hay que modernizar el campo y “ruralizar” la ciudad. Debemos romper con nuestro esquema atrasado e injusto de organización del trabajo y de la vida de modo general.

(*) UBPC: Unidades Básicas de Producción Cooperativa.

Isbel Diaz

Isbel Díaz Torres: Pinar del Río y La Habana son mis ciudades. En una nací, el 1º de marzo de 1976, y en la otra he vivido desde siempre. Soy biólogo y poeta, aunque eventualmente he sido músico, traductor, profesor, informático, diseñador, fotógrafo, o editor. Soy un gran inconforme y defensor de las diferencias, quizás por haber sido desde siempre un “niño modelo” muy reprimido. Nada me subyuga más que lo desconocido, la naturaleza y el arte me funcionan como fuentes de misterio y desarrollo. Un sorprendente activismo ha nacido en mí en los últimos tiempos. Aunque no estoy muy seguro de cómo utilizarlo, siento que es una energía noble y legítima. Ojalá tenga discernimiento para manejarla.


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