Los gays norteamericanos podrán pasar el servicio

Isbel Díaz Torres

Sexualidades disidentes al patrón hegemónico.

Han suspendido la política “Don’t ask, don’t tell” que prohibía a las Fuerzas Armadas norteamericanas preguntar sobre la preferencia sexual de sus miembros, y les impedía a estos revelar si eran gays o lesbianas una vez reclutados.

Acabo de recibir esta noticia, que me ha producido una mezcla de contradictorios pensamientos y emociones.  Es por eso que quiero compartir algunos con los lectores de Havana Times.

Lo primero es una profunda simpatía con quienes, en cualquier parte del mundo, avanzan en la lucha por el equiparamiento de derechos entre personas heterosexuales y aquellas con sexualidades disidentes al patrón hegemónico.

El Movimiento de Liberación LGBT en Estados Unidos es ya legendario, desde el impacto mundial de los disturbios de Stonewall en 1969, antecedidos en esa década por las luchas por los derechos civiles de los negros, el auge del movimiento feminista, y la revolución sexual.

Como toda lucha, ha tenido contradicciones, momentos de avance y otros de retroceso.  Por ello no me sorprendía que además de Brasil, Bielorrusia, Chipre, Corea del Sur, Grecia, Libia, Rusia, Serbia, Singapur, y Turquía; también estuviera Estados Unidos en la lista de países que prohíben o restringen el servicio de los homosexuales en sus ejércitos.

Aunque la homosexualidad sea legal en la mayoría de estas naciones, el heterosexismo reinante perdura, y el ejército continúa siendo uno de sus bastiones más fieles.  Esta idea me coloca, de inmediato, en un cuestionamiento más profundo a esta instancia presente en las sociedades humanas durante siglos: el ejército.

Lucharía si alguien me prohibiera entrar en el ejército por gay o por cualquier otro motivo discriminatorio, pero ¿no debería tener la misma fuerza para luchar si me obligan a entrar en él? ¿No sería ese también un derecho inalienable? Personalmente, defiendo el sueño de una comunidad de seres humanos sin esas entidades diseñadoras, generadoras y dispersoras de violencia.  También “yo tengo un sueño.” como el de M.  L.  King.

Al argumento de “el deber de defender la patria.” solo opongo la idea de que renunciar a la violencia no significa renunciar a la lucha activa, y que difícilmente responder a la violencia con más violencia pueda resolver el problema en su esencia.  Cuando más, ayudaría a “sobrevivir” temporalmente.  Pero no deseo extenderme en el asunto de la No-Violencia, complejo en sí.  Deseo volver al ejército y a los gays y lesbianas.

La ley que durante 17 años ha regido en EU es discriminatoria, ha causado que cerca de 13,000 hombres y mujeres capacitados fueran despedidos de las filas del ejército desde 1993, y ha disuadido a muchos más de servir a su país.

Ejercernos como hombres y mujeres libres.

Es cierto, pero yo pudiera cuestionar el “honor” de servir en semejante ejército, usado para las más innobles causas sobre la faz de este planeta; si no me diera cuenta que esa es la labor de casi cualquier ejército.  A esos pobres, cuando estaban luchando contra los japoneses en el pacífico, o en Kosovo, o en Afganistán, también les decían que estaban protegiendo a su patria.

Para ello, los entrenamientos son basados en consignas o voces de mando machistas, groseras, con claras alusiones a las “debilidades” de algunos y el consecuente equiparamiento con el sexo “débil.” Se los dice alguien que sí pasó el servicio militar en esta isla, y no solo ha visto las series “Bands of Brothers” o “The Pacific.”

Años después de haber pasado “el verde.” como le decimos aquí, conocí de todas las aventuras homosexuales que ocurrieron sin que yo, que estaba allí mismo, lo descubriera.  Lo que sí era visible era ver cómo soldados, sargentos e incluso oficiales, humillaban a diario a un muchacho gay, con maneras poco viriles, y que trabajaba en la posta medica.  Fue él quien me hizo las revelaciones después de lo sucedía por las noches en aquellas camillas.  Cómo los que eran “machos” durante el día, se transfiguraban después en las madrugadas.

Muchos países tienen reglamentos militares explícitos y públicos al respecto de la violencia de género, el acoso sexual, y otras prácticas comunes en casi cualquier ejército.  Así y todo, las faltas se cometen con mucha asiduidad.  No quisiera imaginarme en nuestro ejército, con casi nulas referencias de este tipo, cómo funcionaría eso.

Las cosas que hacen los ejércitos son inenarrables.  Imagínense que en Rusia rechazan a los gays en tiempos de paz, pero se los recluta en tiempos de guerra.  Si eso no es USAR a alguien, entonces no sé cómo se llama.

Ahora, sobre la experiencia específica que es noticia, es muy gratificante saber que este positivo resultado ha sido consecuencia de una demanda contra Estados Unidos presentada por Log Cabin Republicans, una organización nacional de gays y lesbianas.

Conocer cómo una organización de la sociedad civil demanda al Estado por ostentar una conducta discriminatoria sería un ejercicio importante para nosotros los cubanos.  Conocer (y transformar) nuestra legalidad es imprescindible para ejercernos como hombres y mujeres libres.

El proceso de esta demanda comenzó en el 2004 y ahora concluye que tal política violaba la Primera y Quinta Enmiendas de la constitución norteamericana.  Este fallo puede ser apelado, y entonces el caso podría llegar a la Corte Suprema.  Recemos porque la postura final sea a favor de los demandantes.

Mientras tanto, de vez en cuando echemos una ojeadita al estancado proceso de modificación del Código de Familia cubano.  NO se propone allí el matrimonio para las parejas homosexuales, como dejó bien claro Mariela Castro recientemente en la TV cubana.  Se trata de algunos ajustes que permitirían obtener algunos derechos (sobre todo patrimoniales) a este tipo de parejas.

Quizás sea hora que la gente en la calle pueda tener acceso al texto íntegro de la propuesta cubana.  A lo mejor se les ocurren otras ideas para incluir.

Isbel Diaz

Isbel Díaz Torres: Pinar del Río y La Habana son mis ciudades. En una nací, el 1º de marzo de 1976, y en la otra he vivido desde siempre. Soy biólogo y poeta, aunque eventualmente he sido músico, traductor, profesor, informático, diseñador, fotógrafo, o editor. Soy un gran inconforme y defensor de las diferencias, quizás por haber sido desde siempre un “niño modelo” muy reprimido. Nada me subyuga más que lo desconocido, la naturaleza y el arte me funcionan como fuentes de misterio y desarrollo. Un sorprendente activismo ha nacido en mí en los últimos tiempos. Aunque no estoy muy seguro de cómo utilizarlo, siento que es una energía noble y legítima. Ojalá tenga discernimiento para manejarla.


2 thoughts on “Los gays norteamericanos podrán pasar el servicio

  • el 23 diciembre, 2010 a las 5:48 pm
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    Hola Eduardo, en mi criterio debería ser todo lo contrario: continuar escribiendo esas historias en TV con personas de diversas sexualidades, de manera que en el futuro ya no sea nada extraordinario, sino parte de la vida misma. La visibilidad es imprescindible. Las acciones positivas son necesarias en las luchas de las “¿minorías?”
    Ahora, debemos clamar por historias más verosimiles cada vez, con y sin dosis de tragedia (como precisa una telenovela). Pienso que esta última de los muchachos actores la cuestión de la muchacha bisexual se trató de modo decoroso, sin grandes protagonismos ni imágenes eróticas que pudieran molestar.
    Ahora, en el futuro pudieran irse incorporando esas imágenes, con el debido cuidado que se debe tener en una producción para “público general”, claro está.
    Y en esl servicio en Cuba ¿tendremos una ley “Don’t ask, don’t tell” de facto? las cosas funcionan un poco así, al menos eso me parece. Sé de la historia de un oficial gay, que trabaja con mi papá, que cuando descubrieron que era gay los expulsaron deshonrosamente. De eso hace ya como veinte años. ¿Habrán cambiado las cosas?

  • el 22 diciembre, 2010 a las 6:36 pm
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    Siempre habia tenido esa interrogante, esperemos que aqui se resuelva del mismo modo en el futuro inmediato, y que dejen de poner esas historias de gays y lesbianas en las telenovelas, como si el asunto fuera extraordinario, eso desde mi punto de vista es discriminacion.

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