Lluvia, al fin lluvia

Por Isbel Díaz Torres

Sobre San Agustín cayó hasta granizo.

Llegan las primeras lluvias, y con ellas la gran sequía de mayo llega a su fin.  El impacto en el abastecimiento de agua ha sido severo para la población.  Sin embargo, yo ahora pienso en las plantas.

Es cierto que la escasez de agua que afecta a amplias regiones del país, ha impactado negativamente a cerca de medio millón de personas.  Esto ha sido bien visible en la capital cubana, que sufre la peor sequía en medio siglo.  Mientras más se extiende, más decrecen las reservas de las fuentes subterráneas, el bombeo se reduce y es mayor la afectación en el servicio a la ciudadanía.

Pero hoy está tan bella la tarde.  Sobre San Agustín cayó hasta granizo.  Es el tercer día consecutivo que llueve por acá, y ya los parterres y jardines van mudando de color.  Me alegra pensar que el amarillo caliente cederá algo de espacio al verde fresco.

Me asomo a la ventana y pienso en Martí, en unos inexpertos versos de juventud (casi niñez): “El amor, madre, a la patria,/ no es al amor ridículo a la tierra,/ ni a las hierbas que pisan nuestras plantas.” Se equivocaba Martí.  También es ese amor a la tierra, a la turgencia de la menta en el jardín del edificio, es ese pensar en las raicillas caminando hacia lo profundo.

Las afectaciones han sido visibles.

Por supuesto, después Martí dice su verdadero mensaje: “es el odio invencible a quien la oprime,/ es el rencor eterno a quien la ataca.” Al parecer Martí “transpiraba” odio por su sangre (para usar una frase un poco tonta que oí).  Y qué bueno que fue así.

Pero regresando a las plantas, las afectaciones han sido visibles.  Solo de enero a principios de abril de este año se registraron más de 400 incendios forestales, que afectaron a más de 5.267 hectáreas de bosques y 2.340 de herbazales de ciénaga.

Por ahí he leído que el año pasado, por esta fecha se habían reportado pérdidas económicas por los fuegos en áreas boscosas que ascendían a más de 7,6 millones de pesos (342.000 dólares).  Me pregunto cómo se sacarán esas cuentas.  ¿Cómo se evalúa la pérdida de la diversidad biológica?

Hace algunas semanas fui a la presa La Coca, al este de la capital, y pude presenciar espantado toda una loma quemada.  Lo más triste es saber que esa es un área protegida.  Muchas especies animales y vegetales endémicas de Cuba se desarrollan allí, donde deberían tener un refugio.  La realidad es que están condenadas a desaparecer por la acción combinada de la sequía y la intervención humana, que provoca los incendios.

Un trabajador de allí, muy informado y sensible, me confesó que esa era una práctica de algunos pobladores que, con la intención de hacer crecer el pasto para sus carneros, quemaban el bosque.  Era un espectáculo triste, al igual que ver el embalse casi vacío por la ausencia de precipitaciones.

La demora del comienzo del período de lluvias, ha provocado que 38 fuentes en el país estén hoy agotadas.  Es bien conocido el impacto de estas represas, que obstruyen el avance de ríos y manantiales para contener gigantescos volúmenes de agua.  La fauna y vegetación del otro lado se queda esperando el líquido que los humanos guardamos para nosotros.

Existen medidas para disminuir ese impacto, como mantener un flujo constante de agua saliendo de la presa.  No obstante, lo que vi en La Coca era risible, apenas unas cuantas ranas podrían sobrevivir con esa cantidad de agua que formaba charcos a la salida del embalse.

La Loma de la Coca incendiada.

Si eso sucede en un área protegida por el estado cubano, cómo será en otras zonas.  A finales de abril un gran incendio forestal dañó unas 2.500 hectáreas en la provincia de Holguín, al noreste de Cuba.  Las llamas solo pudieron ser sofocadas gracias a las primeras lluvias de mayo.  El fuego dañó los parques nacionales Pico Cristal y La Mensura-Piloto, ubicados en la cuenca del río Mayarí.

Espero que la aplicación del llamado “sistema de alerta temprana contra incendios forestales” ayude verdaderamente.  El mismo realiza análisis de imágenes satelitales, y ha sido extensamente promocionado en la prensa oficial.

El impacto también lo he podido verificar en mis posturas de ceiba.  Las dos que mi familia y yo hemos sembrado cerca de casa han perdido todas sus hojas.  Afortunadamente, con el riego esporádico, han logrado mantener sus yemas apicales intactas.  Eso garantiza que ahora, después de estas lluvias, puedan retoñar nuevamente.

En fin, necesitamos más agua.  Los pronósticos del clima han señalado que las lluvias entre junio y octubre pudieran no ser suficientes para compensar el creciente déficit en muchas zonas del país.  Ojalá que, como sucede muchas veces, se equivoquen.  En cualquier caso, las plantas serán más eficientes que nosotros, por suerte.

 

Isbel Diaz

Isbel Díaz Torres: Pinar del Río y La Habana son mis ciudades. En una nací, el 1º de marzo de 1976, y en la otra he vivido desde siempre. Soy biólogo y poeta, aunque eventualmente he sido músico, traductor, profesor, informático, diseñador, fotógrafo, o editor. Soy un gran inconforme y defensor de las diferencias, quizás por haber sido desde siempre un “niño modelo” muy reprimido. Nada me subyuga más que lo desconocido, la naturaleza y el arte me funcionan como fuentes de misterio y desarrollo. Un sorprendente activismo ha nacido en mí en los últimos tiempos. Aunque no estoy muy seguro de cómo utilizarlo, siento que es una energía noble y legítima. Ojalá tenga discernimiento para manejarla.

Isbel Diaz has 203 posts and counting. See all posts by Isbel Diaz

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *