La insoportable repetición de un nombre: Fidel

Isbel Díaz Torres

Entre sonetos, declamaciones, danza y el más criollo repentismo transcurrió la gala cultural de la FAR, el Minint y el Ministerio de Cultura en homenaje al 90 cumpleaños de Fidel. Foto: Alberto Borrego/Granma
Entre sonetos, declamaciones, danza y el más criollo repentismo transcurrió la gala cultural de la FAR, el Minint y el Ministerio de Cultura en homenaje al 90 cumpleaños de Fidel. Foto: Alberto Borrego/Granma

HAVANA TIMES – Me había prometido a mí mismo no escribir sobre ello. Me resistí semana tras semana, pero es ya insoportable. He rezado porque este 13 de agosto acabe de pasar, y así terminar con los vomitivos discursos televisivos haciendo loas azucaradas al ex-presidente cubano Fidel Castro.

Como ven, he usado ya unos cuántos adjetivos en el párrafo anterior, y créanme, preferiría que el tono fuera más reflexivo y sustancioso, más la carga de estas semanas ha sido tan desmesurada, tan subida de tono, que difícilmente logre mantener la compostura.

Para la gente de mi generación (ya tengo 40 años) el culto a la personalidad de Fidel Castro no es nada ajeno. Formó parte de más de la mitad de nuestras vidas, y era asumido como lo más natural del mundo por buena parte de la población.

No había mucha diferencia entre el anonadamiento producido por las telenovelas de turno, y los documentales de Estela Bravo o Roberto Chile sobre el líder de la revolución Cubana. Se podía igualmente llorar con Sol de Batey, que con una canción cantada por un coro infantil o una poesía dicha histéricamente por algún pionerito al presidente del Consejo de Estado.

De ninguna utilidad fue para la experiencia cubana lo sucedido en las naciones del antiguo campo socialista, en lo que respecta al culto a la personalidad.

En su discurso del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, en 1956, Nikita Jrushchov hizo referencia directa a este mal (en referencia a la figura de Stalin), por ser una elevación en dimensiones casi religiosas o sagradas, de algún líder “carismático”.

Incluso el Diccionario soviético de Filosofía, publicado en Cuba, dice explícitamente sobre el culto a la personalidad:

Ciega inclinación ante la autoridad de algún personaje, ponderación excesiva de sus méritos reales, conversión del nombre de una personalidad histórica en un fetiche. […] Ni siquiera la experiencia del más genial de los dirigentes puede sustituir la experiencia colectiva de millones de personas. El culto a la personalidad es profundamente adverso al marxismo-leninismo. […] El Partido Comunista se guía por la idea de que la teoría y la práctica del culto a la personalidad obstaculizan la justa educación de las masas, frenan el crecimiento de su iniciativa, debilitan en cada individuo el sentido de responsabilidad por la causa común (la revolución socialista, la construcción del comunismo), influye negativamente en el desarrollo de la ideología comunista. En la práctica, el culto a la personalidad socava los principios democráticos de los partidos comunistas y de la sociedad socialista. […]

No es que yo me lo crea, pero tenía la esperanza que los que están en el poder en Cuba sí.

Aunque la hegemonía soviética en Cuba determinó mucho (sobre todo negativamente) los modos en que se intentó construir el socialismo en la isla, nunca fue suficiente como para que esa mirada autocrítica tuviera algún efecto acá.

Pero lo cierto es que hacía ya algunos años que las maneras pragmáticas del actual presidente, menos carismático y menos culto, (aunque igualmente autoritario y disfrutando de la misma impunidad), me había hecho olvidar un poco la tradicional saturación de la figura de Fidel Castro, cuyo nombre podía estar repetido más de 50 veces en un solo número del periódico Granma (que no tiene más de 12 páginas).

Y ahora, con la historia del cumpleaños 90, ha llegado una avalancha pletórica de calificativos altisonantes: eterno, supremo, mayor, inmortal, sagrado, infinito, definitivo, indestructible, absoluto, histórico, y así por el estilo.

Por estos días, grandes intelectuales del mundo hacen maniobras para justificar la figura del líder, salen entrevistas a niños que ni siquiera nunca han visto al hombre en la TV, y lo ponen en ridículo.

Artistas de todas las manifestaciones hacen “galas” de homenaje, pues no hay que hacer nada especial: el concierto que dan todos los sábados, esta vez es para Fidel. Tampoco es tan difícil.

No pude evitar reírme esta noche cuando en las noticias deportivas le llamaron “deportista mayor”.

Sin embargo, a la vez tengo la impresión de que se trata de los últimos cartuchazos de una élite ya muy concentrada en la creación capitalista. Este es como un último receso para mirar atrás, hacer los aburridos honores correspondientes, y regresar lo antes posible a lo verdaderamente importante: los negocios.

Y es que el año pasado la figura del ex-mandatario apenas ocupaba lugar en la prensa nacional, si descontamos su “reflexión” a raíz de la visita de Obama, la cual hizo que los oficialistas menos arrojados recularan rápidamente y volvieran a sus trincheras fidelistas, por unos semanas al menos.

El estilo militarista de Raúl Castro es ahora más afín al pragmatismo economicista de las élites, y también de buena parte de la población, cansada de décadas de discursos agotadores, y deseosa de mentiras más creíbles antes que una prometida sociedad socialista que disfrutaban solo unos pocos allá arriba.

Isbel Diaz

Isbel Díaz Torres: Pinar del Río y La Habana son mis ciudades. En una nací, el 1º de marzo de 1976, y en la otra he vivido desde siempre. Soy biólogo y poeta, aunque eventualmente he sido músico, traductor, profesor, informático, diseñador, fotógrafo, o editor. Soy un gran inconforme y defensor de las diferencias, quizás por haber sido desde siempre un “niño modelo” muy reprimido. Nada me subyuga más que lo desconocido, la naturaleza y el arte me funcionan como fuentes de misterio y desarrollo. Un sorprendente activismo ha nacido en mí en los últimos tiempos. Aunque no estoy muy seguro de cómo utilizarlo, siento que es una energía noble y legítima. Ojalá tenga discernimiento para manejarla.


9 thoughts on “La insoportable repetición de un nombre: Fidel

  • el 27 noviembre, 2016 a las 4:57 pm
    Permalink

    estimado (s) soy artista plástico y he pintado denuncias y criticas al régimen Cubano. Complacido me gustaría contribuir a la liberación de Cuba mostrando estos trabajos. Saludos.

    …ahora quiero que me ayuden con los siguientes datos:

    ….es común inscribir el nacimiento de un cubano con el nombre de Fidel ? y si es asi…es grande el uso de este nombre ?
    ….es prohibido dejarse la bar en Cuba ?

    otra vez saludos

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