Mi 24 de diciembre

Irina Pino

HAVANA TIMES – La Navidad es una tradición alegórica: el niño Jesús nació un 25 de diciembre, según la religión cristiana. El día 24 se celebra la Noche Buena, las familias disfrutan de una rica cena, abundan los turrones españoles, el vino y la sidra.

Durante décadas la costumbre desapareció, perdió vigencia. Ahora, los que pueden costearla la han retomado y la celebran con alegría.

Supongo es por el deseo de restablecer las antiguas costumbres que forman parte del acervo cultural de un país como el nuestro, donde el lazo familiar asemeja los eslabones de una cadena indeleble.

Las personas se desean felicidad, amor y prosperidad, aunque luego todo continúe igual. Puede suceder que en algunas familias, a generaciones enteras no les queda más remedio que compartir la misma vivienda, y a pesar de los miles de problemas cotidianos no dejan de amarse.

Nadie tiene culpa de las carencias, que desaparezcan artículos de primera necesidad, que el transporte público esté horrendo, y que encima de ir apretados en la guagua, una música desagradable viole nuestros oídos cual si fuera una tortura china…, aún queda una esperanza de un mejor futuro para los que luchan por sus ideales, para los que tienen fe en el cambio.

En mi casa ya no se celebra nada, así que la fiesta navideña pasa como un día cualquiera. Mi familia se fragmentó y la mayoría vive en el exilio.

Hoy, sin embargo, no me aislé, escapé de la tristeza y me reuní con un grupo de amigos: dos de ellos son colegas, los otros están de visita en la Isla.

Los forasteros tenían sed por conocer el rostro de mi verdadera ciudad, mi querida Habana, tan denigrada y socorrida por los que aún la amamos.

Ellos no sabían de ciertos asuntos. Su trato para con nosotros denotaba una admiración sincera, desprejuiciada. Conocieron nuevos puntos de vista de una realidad que se impone.

No éramos la imagen del cubano aprovechado, que llora porque le arrebataron su vida, sino ese que sostiene una idea como bandera, que vive y respira para que el arte crezca en toda su dimensión. Nosotros somos artistas.

Hacer arte significa desnudarse y ser uno mismo, aunque los demás te silencien o pretendan censurar tu obra.

Los amigos foráneos A y D, son dos fotógrafos de extrema sensibilidad que se formaron por sí mismos, poseedores de una expresión abierta, activistas de su propia libertad.

Puede que nos vean como personas naif, y eso es positivo, porque en el fondo entienden que hay una forma de vivir que nos alimenta y sostiene.

Esta navidad fue extraña y a la vez singular. Todos pudimos hablar y nos escuchamos interiormente, como un eco purificador. Gracias amigos, por la compañía.

 

 

Irina Pino

Irina Pino: Nací en medio de carencias, en aquellos años sesenta que marcaron tantas pautas en el mundo. Aunque vivo actualmente en Miramar, extraño el centro de la ciudad, con sus cines y teatros, y la atmósfera bohemia de la Habana Vieja, por donde suelo caminar a menudo. Escribir es lo esencial en mi vida, ya sea poesía, narrativa o artículos, una comunión de ideas que me identifica. Con mi familia y mis amigos, obtengo mi parte de felicidad.


10 thoughts on “Mi 24 de diciembre

  • el 29 diciembre, 2018 a las 3:53 pm
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    Es una pena que la tradición de celebrar el nacimiento de Jesús haya degenerado a festividades relacionadas con el consumo y la vanidad. Sin embargo, no sé si por la necesidad de espiritualidad innata en el ser humano, hay por estas fechas siempre algo de magia en el aire, de añoranza y de esperanza por un mundo mejor.

  • el 29 diciembre, 2018 a las 1:59 pm
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    En mi familia no se practicaba la religión pero sí se celebraba la Navidad antes del 59. Luego, con el ambiente anti-religioso que se creó en Cuba, fuímos perdiendo ese deseo de celebrar la fiesta aunque siempre algo quedó. Ya en el exilio, me fué arrastrando el ambiente que acá existe alrededor de esa fecha y lo que me hizo recuperar un poco el encanto fué que leí la Biblia, el Nuevo Testamento, interioricé todo lo que Jesús enseña a sus discípulos y un día ví el concierto de Navidad de Andrea Boccelli. Ahora siento la Navidad.

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