Los Reyes Magos de mi niñez

Irina Pino

Los Reyes Magos.  Foto: wikipedia.org
Los Reyes Magos. Foto: wikipedia.org

HAVANA TIMES — Los juguetes que los niños le pedían a los tres Reyes Magos por el Día de los Reyes, fue prácticamente en mi niñez una práctica casi abolida, sin embargo mis padres mantuvieron la tradición. Mis hermanos y yo escribíamos carticas y las colocábamos debajo de nuestras almohadas para pedir los regalos que deseábamos.

La ilusión es poderosa: creíamos verlos cuando entraban a la habitación al amanecer, y en realidad eran nuestros padres con unas coronas que ellos mismos habían hecho con cartulina pintada y unas enormes barbas de algodón coloreado. Y aunque los presentes no eran en modo alguno suntuosos, ni se correspondían con lo que habíamos pedido, lograban un efecto en nosotros como de encantamiento.

Solía pasar, que apenas consistían en lápices de colores, libros, golosinas, y cajitas de cartón forradas de papeles brillantes, repletas de animalitos recortados. También hubo pequeñas muñecas de trapo, cosas sencillas e interesantes. En una ocasión aparecieron un juego de ajedrez de madera, otro de cartas y el entretenido parchís, uno para cada hermano.

Nunca nos dijeron quienes eran los verdaderos reyes magos, o nosotros quisimos seguir engañados, pero el inocente engaño servía de alguna manera para atenuar las miserias por la que transitaban muchas familias. Una vida simple sin los acompañamientos de una fantasía fabricada, podría ser algo dañino para la imaginación de los niños, que siempre está en vilo, que constantemente busca aferrarse a cosas lindas y alegres, alejada de la oscuridad de los sufrimientos y a las carencias de los mayores.

Ahora, muchos niños cubanos han perdido parte del sueño, su ámbito real es presionar a los padres para que ellos en persona hablen con los Reyes Magos y les hagan sus pedidos, que son bastante costosos, porque los precios de las tiendas son elevados y no hay modo de evadirlos. Los progenitores quieren premiarlos por sus buenas notas, se vuelven locos buscando alternativas, inventando el dinero los menos afortunados, más todos hallando una solución para hacerlos felices.

Enseñar a los niños, darles regalos, pero relacionarlos con el amor, puede ser más espiritual para su formación. Disfrazar a Melchor, Gaspar y Baltasar de un poco de humildad, sin dejar que el consumo despiadado le reste a la leyenda. El oro, el incienso y la mirra deben hacer valer su significado para todos.

Irina Pino

Irina Pino: Nací en medio de carencias, en aquellos años sesenta que marcaron tantas pautas en el mundo. Aunque vivo actualmente en Miramar, extraño el centro de la ciudad, con sus cines y teatros, y la atmósfera bohemia de la Habana Vieja, por donde suelo caminar a menudo. Escribir es lo esencial en mi vida, ya sea poesía, narrativa o artículos, una comunión de ideas que me identifica. Con mi familia y mis amigos, obtengo mi parte de felicidad.


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