Los escritores que me ayudaron

Por Irina Pino

En el lanzamiento de “Los signos y los cantos”, en 2011, a mi lado Francisco López Sacha, como presentador

HAVANA TIMES — Ahora que en La Habana comenzó la Feria del libro de 2017, a menudo se habla del gran ego de los escritores, de su verborrea para un auditorio que solo busca halagarlos, de su egoísmo.

Sin embargo, he conocido a escritores generosos, que se preocupan por los escritores en ciernes, ellos se encargan de darles el empujón para que tomen confianza y se lancen a enviar a concursos, sometiéndose así a la mirada de los jueces, de los burócratas, y de todo “evaluador de una obra”, sin miedo, o al menos, aguantando la respiración, para exhibir sus interioridades.

La ayuda de Francisco López Sacha, narrador y profesor, fue decisiva para mi trabajo, a él lo conocí durante la grabación de un programa televisivo, que se realizó a partir de Beatles Anthology, donde se combinaban capítulos con entrevistas a distintas personalidades de la cultura cubana, y por supuesto, a Sacha se le pidió que participara.

Por aquellos años yo trabajaba como Asistente de Dirección. Cuando le hablé que escribía poemas, enseguida me abrió las puertas, y quiso ser parte de mi obra. Empecé a visitarlo con frecuencia para armar el libro, pues los poemas se hallaban desperdigados, sin orden, o conexiones aparentes.

Hubo descartes y recomendaciones, tuve que escribir nuevos textos. Cada encuentro con este hombre es una clase magistral en sí misma, lo que más aprecio es su manera franca de expresar las ideas, sin tapujos, incluso sus malas palabras y maldiciones suenan agradables. Es divertido, pero serio en sus planteamientos, no hay modo de aburrirse con él.

Nos unen muchas cosas, el amor a la poesía y a los Beatles, durante nuestras sesiones los escuchábamos siempre, a la par que me contaba anécdotas sobre los músicos ingleses. Me decía que estábamos grabando mi primer disco, el Please, Please me, haciendo una analogía con el primer disco de ellos. Y yo me reía, pero esto es cierto, la música y la literatura van de la mano, se complementan.

Luego de “completar el libro”, lo envié al Premio David, que convoca la UNEAC, un certamen para escritores noveles. Y aunque no alcancé lauros, continué mi escritura y participé en otros concursos. Los premios literarios son importantes, pero no definen el talento; en el acto de la escritura, lo que más se disfruta es la creación. El libro es un universo que no termina, está sometido a constantes cambios.

No puedo olvidarme de Reina María Rodríguez, una de las mayores voces de la poesía contemporánea, ella también se involucró con mis textos, sin adulaciones, me dijo lo que no debía hacer, me indicó los “caminitos”.

Otro apoyo fue Margarita Mateo, recién galardonada con el Premio Nacional de Literatura, que al echarle una ojeada a mis textos, con gran humildad me dijo que no era poetisa para opinar, sin embargo, me señaló el valor estético de cierto poema.

A estos escritores cubanos de gran valía, les agradezco su ayuda, sin olvidar que esta carrera es de “resistencia”, y no se permite tomar un descanso.

Nota: La presentación de mi segundo libro,  Mientras hago el amor con George Harrison, será el viernes 17 de febrero, a la 1 de la tarde, en el Salón de Mayo, del Pabellón Cuba.

 

Irina Pino

Irina Pino: Nací en medio de carencias, en aquellos años sesenta que marcaron tantas pautas en el mundo. Aunque vivo actualmente en Miramar, extraño el centro de la ciudad, con sus cines y teatros, y la atmósfera bohemia de la Habana Vieja, por donde suelo caminar a menudo. Escribir es lo esencial en mi vida, ya sea poesía, narrativa o artículos, una comunión de ideas que me identifica. Con mi familia y mis amigos, obtengo mi parte de felicidad.

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