Lo que dejamos atrás

Por Irina Pino

HAVANA TIMES – El otro día aproveché que aún me quedaban datos móviles de una recarga, para bajar algunos videos que quería tener.

Entre estos, estaban varios cuartetos para cuerda y flauta de Mozart, María Callas interpretando las Arias de las óperas Carmen, Tosca, La Traviata, Madame Buttlerfly, los temas que Donovan compuso para la película de Franco Zeffirelli, Brother Sun, Sister Moon, y uno de Billy Joel: Honesty.

Este último me hizo volver atrás, a mi juventud, a los años ochenta, una etapa que se añora como si fuera la mejor de la vida, y es que en ese tiempo no se pensaba en enfermedades, en envejecer o morir. Simplemente se vivía con una plenitud, con una temeridad que no alcanzaban las horas, armando un plan a corto plazo; o no había plan y se improvisaba.

Si queríamos irnos de viaje, a un campismo, por ejemplo, lo hacíamos, buscábamos el dinero necesario y nos largábamos sin mirar atrás.

Eran momentos de hacer locuras, no importaba si a la cabaña que alquilamos le faltaban condiciones, si el agua corriente no duraba mucho, si había mosquitos o escorpiones que se colaban por las ventanas. Nosotros esquivábamos las dificultades, podíamos meternos en la playa de noche, desnudos; recorrer la floresta, conversar con extraños, hacer el amor con extraños. Nada podía detenernos.

Salir al cine era una opción de lujo, vestíamos elegantes para asistir a la Cinemateca, donde se proyectaban ciclos de grandes directores. Allí vi Rocco y sus hermanos, de Luchino Visconti, Vértigo y Psicosis de Alfred Hitchcock, esa maravilla de Claude Lelouch, Un homme et una femme, con música de Francis Lai. También recuerdo que me marcó Hiroshima mon amour, de Alain Resnais, con un guión poético, escrito por Marguerite Durás.

Me  extasié con actores y actrices del celuloide como Bette Davis, Joan Crawford, Olivia de Hallivand, Marlon Brando, Marlen Dietrich, Marilyn Monroe, Humphrey Bogart, Montgomery Cliff, Burt Lancaster, Kirk Douglas, Elizabert Taylor, y ese inolvidable Gregory Peck en To Kill The Mockingbird.

Luego, en los noventa, en una noche invernal, disfrutamos de la versión coloreada de Gone With The Wind, dirigida por Victor Fleming. Después la vimos tres o cuatro veces más, cuando viajamos a provincia. Nos la aprendimos de memoria.

Mis amigos y yo estábamos sedientos de cultura, siempre ocupados, yendo a teatros, museos, galerías, en la Biblioteca Nacional, en la sala de música, pasábamos largas horas escuchando música clásica.

Ahora me hace reír el modelo de audífonos de aquel lugar, el cual resultaba tremendamente incómodo, se parecía a los auriculares de un teléfono antiguo, por lo que terminábamos con dolores en las orejas.

Pero lo importante era escuchar piezas de Mozart, Chopin, Vivaldi, Gershwin, y muchos otros compositores.

Experimentar cosas nuevas, formaba parte de la aventura diaria, Pepe, mi amigo gay, me propuso que posara para unas fotografías algo atrevidas, y no lo pensé dos veces. La sesión fue divertida, me puse ligueros, medias negras y enseñé mis encantos sin vergüenza.

El conjunto de fotos se hizo en blanco y negro, tienen poca calidad porque el rollo no estaba óptimo, pero qué placer da mirar cómo cambia el cuerpo, y hasta la mirada.

La literatura estaba en la calle, los libreros callejeros tenían títulos interesantes, tanto de literatura cubana, como de literatura universal, por lo que leer resultaba más barato si comprabas libros de segunda mano.

Ahora se extraña esa enorme cantidad de libros físicos que podíamos adquirir con poquísimo dinero. Por esa época empecé a identificarme con los poetas ingleses, franceses y norteamericanos. Los que influyeron de alguna manera en mi escritura.

¿Qué más podría contar? La juventud es hermosa, el cuerpo es hermoso, la mente es limpia, eso nos queda para los recuerdos. Nuestra propia historia es acaso una apasionante novela.

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Irina Pino

Irina Pino: Nací en medio de carencias, en aquellos años sesenta que marcaron tantas pautas en el mundo. Aunque vivo actualmente en Miramar, extraño el centro de la ciudad, con sus cines y teatros, y la atmósfera bohemia de la Habana Vieja, por donde suelo caminar a menudo. Escribir es lo esencial en mi vida, ya sea poesía, narrativa o artículos, una comunión de ideas que me identifica. Con mi familia y mis amigos, obtengo mi parte de felicidad.

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One thought on “Lo que dejamos atrás

  • adios a la vida, desde la sierra maestra llego la noche que ha dejado a cuba sin futuro y sin esperanza, el que parecia y libertador y fue aupado como tal no era mas que un ladron mas, un tirano de discurso bonito y facil palabra, engano a todos y se robo la nacion. ahora hay que pagar con la vida y esperar a poder ver el rayo de luz que la esperanza nos traera con mucha dificultad. un pueblo que no esta decidido a pagar el alto precio de la libertad debe resignarse a vivir sin ella como meros esclavos de un dictador.

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