La voz de los castrados y el Festival de Contratenores

Irina Pino

Entrada del teatro Martí, una de las sedes del festival.
Entrada del teatro Martí, una de las sedes del festival.

HAVANA TIMES — Cuando estrenaron la película Farinelli, un amigo me avisó, diciéndome que se trataba de un cantante gay que no tenía huevos… Eso me dio tremenda risa, pero enseguida me interesé y fui a verla. Quedé impactada con la historia, pero, sobre todo, con aquella voz –creada especialmente para el filme–, que se hizo uniendo las voces de una mezzo-soprano, y la de una contralto.  Y claro que, los castrados no tienen por qué ser asociados necesariamente a los gays.

En la vida real, los cantantes de esas singulares voces eran el resultado de una castración, para que conservaran la tesitura aguda, que con la adolescencia se transforma y se vuelve más grave.

He leído que esas prácticas comenzaron en el imperio Romano del Oriente, en Constantinopla, y que luego tomaron auge en el siglo XVI, siendo castrados un número elevado de niños pobres, como un modo al que las familias recurrían para salir de la miseria. Muchos de esos castrati  adquirieron fama y ganaron mucho dinero, como es el caso de Carlos Broschi (Farinelli), que vivió en el siglo XVIII.

Hace solo unos días terminó el Festival Contratenores del Mundo, celebrado en La Habana del 30 de septiembre al 8 de octubre, el primero en agrupar a intérpretes con ese registro de voz. Su organizador, el maestro Leo Brouwer, contó con el apoyo de embajadas y amigos para realizar el evento, que tuvo su origen en el certamen de contratenores,  dentro del marco del Festival Les Voix Humaines de 2015.

Como en el festival anterior, se realizaron múltiples expresiones artísticas, como el humor, el cine, las conferencias, el encuentro competitivo y clases magistrales.

Las obras escogidas fueron de Pourcell, Händel, Pórpora, Vivaldi, Mozart, Manuel de Falla, autores portugueses y brasileños, Spirituals, temas musicales de Broadway, incluyendo la hermosa Someone to Watch Over me, de Gershwin.

Este acontecimiento permitió el deleite con melodías de siglos pasados, que son joyas en estos tiempos de tanta violación para los oídos, cuando el reggaetón y otras plagas musicales nos inundan si nos montamos en un ómnibus público o en un auto de alquiler (almendrón), sin poder defendernos de su brutal zarpazo.

Asistí a varias presentaciones, todas excelentes, pero el contratenor italiano Riccardo Angelo Strano me trasladó a la época de Farinelli, capaz de hacer maravillas con su voz, como si se tratara de un pájaro.

Una opción interesante fue la conferencia: Michael Jackson: de la filantropía al narcisismo, impartida por Leo Brouwer y la musicóloga Isabelle Fernández, en la que se habló de la condición de contratenor que poseía el cantante de pop, sus contribuciones al baile y a la coreografía. Asimismo, se leyeron las letras de algunas de sus canciones, traducidas al español, en las que habla de igualdad racial, el cuidado del medio ambiente y la paz mundial, acompañadas de sus videos musicales.

Pienso que todos los proyectos que se le ocurren a Brouwer son geniales, como él mismo. Su método para convocar a la gente es fácil: no se vale de charlas panfletarias, imposiciones ni de estúpidos discursos, sino que convoca de la mejor manera que sabe hacer: con la música. Según sus propias palabras: “El arte es un modo de vivir”.

Irina Pino

Irina Pino: Nací en medio de carencias, en aquellos años sesenta que marcaron tantas pautas en el mundo. Aunque vivo actualmente en Miramar, extraño el centro de la ciudad, con sus cines y teatros, y la atmósfera bohemia de la Habana Vieja, por donde suelo caminar a menudo. Escribir es lo esencial en mi vida, ya sea poesía, narrativa o artículos, una comunión de ideas que me identifica. Con mi familia y mis amigos, obtengo mi parte de felicidad.


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