La necesidad y las culpas del consumo

Irina Pino

Foto: Juan Suárez
Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES — “No me voy a tomar un helado Nestlé de los caros, mejor hago la cola en Coppelia, aunque se demore dos o tres horas. Con 10 pesos me tomo una ensalada de helado”.

“Huele muy bien ese perfume, pero nunca me podré comprar una fragancia de más de 15 CUC, porque es un lujo”.

“Me gustaría tener ese vestido…, y aunque tenga los 25 CUC, debo utilizarlo para comprar comida para la casa”.

“¿Para qué me voy a comprar ese tinte de pelo, si después debo seguir comprándolo? Mejor me dejo las canas, y así ahorro dinero”.

Estas frases las he escuchado miles de veces, dichas por personas que aunque tengan el dinero para comprar estos productos, no lo hacen, pues son el reflejo de la miseria y la culpa del consumismo, es el pavor a quedar sin dinero en el sentir del cubano de a pie, y la osadía, si se le puede llamar de esa manera, en usar el dinero en cosas superfluas, por la imperiosa necesidad de emplearlo solo para comprar comida y necesidades primarias.

Muchas personas de bajos ingresos, si de pronto reciben o tienen cierta cantidad en el bolsillo, quieren gastarlo rápidamente, pero al final se deciden a comprar lo que más les urge: van al agro-mercado, compran unos frijolitos, unas viandas, y luego en la tienda el aceite, el jabón de baño…

Prefieren comer en casa, porque es más barato, y no se arriesgan a que le cobren por una comida más de 20 CUC, pues lo consideran un robo. Si lo llegan a usar en un restaurante, la culpa los persigue por largo tiempo. Entonces piensan: “pude haber gastado ese dinero en algo útil y lo usé en esa salida…”

No se pueden relajar, simplemente, no pueden darse ese lujo, aunque les regalen el dinero, porque están condicionados para estirarlo lo más que se pueda.

A quién no le gusta poder vestir elegante para una ocasión. Pero quizás se cuestione: ¿para qué? Si no voy a ir a ningún lugar sofisticado. Por lo que, se van quitando los deseos y se vuelve humilde por la falta de perspectiva.

El closet está lleno de antiguallas, no es posible renovar el guardarropa. Los muebles los ha heredado de sus padres y abuelos.

¿Ahorrar dinero para viajar? Es una verdadera utopía.

Se le ha creado a la gente pobre un estado psicológico para que prescinda de tantas cosas y odie el consumismo como a una maquinaria infernal.

 

 

Irina Pino

Irina Pino: Nací en medio de carencias, en aquellos años sesenta que marcaron tantas pautas en el mundo. Aunque vivo actualmente en Miramar, extraño el centro de la ciudad, con sus cines y teatros, y la atmósfera bohemia de la Habana Vieja, por donde suelo caminar a menudo. Escribir es lo esencial en mi vida, ya sea poesía, narrativa o artículos, una comunión de ideas que me identifica. Con mi familia y mis amigos, obtengo mi parte de felicidad.

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27 thoughts on “La necesidad y las culpas del consumo

  • Tuve vecinos y conocidos que cayeron presos por el plan maceta, lo que nunca me quedó claro es por qué le habrán puesto semejante nombre a la operación de marras…alguien sabe?

  • Kamikaze, gracias, es verdad lo del Plan Maceta, se me había olvidado. ¿Te acuerdas por qué le pusieron ese nombre? En realidad no tiene mayor importancia ahora, la palabra entró en el idioma cotidiano y todos la entendemos, pero para la “arqueología de la lengua” sería interesante.

    Saludos.

  • ¡Mil gracias por la explicación! Cada día se aprende algo nuevo…Qué cómico lo de la “especulación.” Maceta sí me sonaba, gracias por recordarme de dónde. Ah, los aportes cubanos al diccionario…

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