La Cenicienta del rock

Por Irina Pino

Edy-Escobar-y-su-banda tocando el rock de los 60's-7's-y-80's.
Edy-Escobar-y-su-banda tocando el rock de los 60’s-7’s-y-80’s.

HAVANA TIMES — Un sábado o domingo cuando tengo un poco de dinero y unas ganas enormes de bailar rock, me dispongo a salir. Primero he de escoger la ropa, que ha de ser bien sencilla: jeans, blusa, y zapatos cómodos. Llevo mi bolsa, y dos gotas de perfume en el escote.

Pero el asunto no es tan sencillo, el precio de invertir horas en diversión cuesta; porque no es nada fácil trasladarse en esta ciudad. Esperar por un bus, sería estar a expensas de un tiempo impreciso, lo más aconsejable es tomar un almendrón de 10 pesos, y luego caminar muchas cuadras, porque ninguno te lleva hasta la puerta del local.

A veces se va cómodo, otras, te apachurran con otros pasajeros que toman el mismo auto, aunque es preferible a la guagua, –que llegas más sudada que un estibador cuando descarga mercancías en el puerto–.

Los olores de las guaguas son muy peculiares, lo que más se destacan son los olores horribles que emanan de las axilas de los pasajeros, que te hacen esconder la cabeza como un avestruz, taparte la nariz con un pañuelo…, pero lo peor es la sensación de claustrofobia cuando este transporte se llena hasta casi reventar, una vez tuve un ataque de pánico dentro de una guagua, comencé a sudar y me faltaba la respiración… Deberían repartir caretas de oxígeno para viajar en estos asesinos rodantes.

La gente bailando en el Submarino Amarillo
La gente bailando en el Submarino Amarillo

Al llegar al Submarino Amarillo  pago la entrada, que cuesta 50 pesos por persona –pero si voy al Maxim´s Rock, son solo 30–. Busco una mesa, y si no hay, permanezco parada y me acerco al escenario para bailar.

La mayoría de las veces solo tengo dinero para una cerveza o dos, pues cuestan 1 CUC o 1.50 (25 o 37.50 pesos) en dependencia de la marca y el lugar; ya que todo el consumo es en cuc.

Si no tengo dinero, y con suerte me encuentro algún conocido que me compra una cerveza, bailo un poco con él; lo peligroso es cuando esta persona se hace la idea de que debo acompañarlo para una excursión hasta su casa o a un lugar solitario para ensayar unas caricias; solo por regalarte una cerveza algunos creen que debe existir un trueque por el favor.

Por eso me cuido y llevo mi dinero, para no tener que escabullirme; como en una ocasión, en que un muchacho me compró una copa de vino, y luego insistía en acompañarme hasta resultar un modo de acoso sexual. Tuve que permanecer escondida en el baño un buen rato, y allí esperar a que estuviera entretenido, luego salir con rapidez hasta franquear la puerta, huyendo como alma que lleva el diablo…

El baile es algo divertido, hace que confluyan las buenas vibraciones, se olvidan las rutinas. Cuando las bandas empiezan a tocar, somos capaces de ver a los Chicos de Liverpool en carne y hueso, a  Janis Joplin en su efervecente A piece of my heart, a Fred Mercury cantando su Rapsodia Bohemia en calzones blancos, a los Traveling Wilburys improvisando locuras.

En la barra del Submarino Amarillo
En la barra del Submarino Amarillo

El aire se carga de energía positiva, sentimos unas alas sensuales en la espalda. Nos lanzamos a bailar, moviendo la cabeza, dando saltos. Hacemos amigos, conversamos a gritos, alegres y despreocupados, –una suerte de drogadicción sana–.

Pero cuando termina la fiesta y es la hora del regreso, nos parece que somos como Cenicienta, aunque el zapato no sea de cristal, ni luego vendrá un príncipe a preguntar si nos queremos casar con él.

El retorno es bien largo, –última larga caminata–; inútil esperar un bus, a esa hora están desaparecidos, y otra vez el almendrón. Ya suman 20 pesos de transporte, más el cover, los 2 cuc (50 pesos) de las cervezas…, casi 150 pesos, para 3 o 4 horas de baile.

Ya en la casa, tomar un baño, comer lo que haya en el refrigerador y a dormir.

La noche de la Cenicienta del rock ha terminado.

Irina Pino

Irina Pino: Nací en medio de carencias, en aquellos años sesenta que marcaron tantas pautas en el mundo. Aunque vivo actualmente en Miramar, extraño el centro de la ciudad, con sus cines y teatros, y la atmósfera bohemia de la Habana Vieja, por donde suelo caminar a menudo. Escribir es lo esencial en mi vida, ya sea poesía, narrativa o artículos, una comunión de ideas que me identifica. Con mi familia y mis amigos, obtengo mi parte de felicidad.


4 thoughts on “La Cenicienta del rock

  • el 8 abril, 2014 a las 1:55 pm
    Permalink

    Irina, volvi. Me gusto

  • el 4 abril, 2014 a las 3:56 am
    Permalink

    Haberlo, hay, pero con sólo dos “problemitas” asociados: “transporte y los superprecios del consumo…”

  • el 3 abril, 2014 a las 7:37 am
    Permalink

    Horrible. El entretenimiento en Cuba es un verdadero lujo. Michas veces pregunto, que tanto entretenimiento o vida nocturna hay y nadie me responde. Ni falta que hace, es bien poco.

  • el 2 abril, 2014 a las 1:07 pm
    Permalink

    Hola Irina, me encantó este artículo, soy de Santiago de Cuba y la verdad que en una noche a uno en este país se le va la vida, pero los que más sufrimos esto somos los jóvenes que aún no trabajamos,y que por cierto nos encanta divertirnos, entonces cuando vas a un centro nocturno solamente la entrada a veces te pone a llorar el bolsillo,ejemplo es cuando viene algun artista: hace un tiempo Osmany García cobró aquí en Tropicana Santiago nada más que 200 MN y los Desiguales 100 MN en el Cub Son América y como estos muchos más,yo creo que la diversión en este pais es muy cara y no todos somos dichosos de tener siempre ese dinero para ver a los artistas que nos gustan para descargar y todo por un solo motivo:el dinero que ganan nuestros padres no alcanza para eso, solamente en comida se va todo, y los 100 pesos que se gasta en un centro nocturno en este país solo en la entrada equivale ,a dos o tres días sin comer en una casa,por lo menos a mí me pasa así. Bueno Irina sigue escribiendo artículos como este que soy un fiel lector de tu obra.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *