La buena vida de mi padre

Irina Pino

Mi padre en su juventud
Mi padre en su juventud

HAVANA TIMES — Mi padre murió antes de cumplir los 86 años. Una amiga me dijo: al menos tuvo una buena vida, hijos, nietos, biznietos que lo querían…, su frase me dejó pensando, por lo que he rememorado episodios de su vida.

Huérfano de madre, se radicó en La Habana, y comenzó a trabajar desde los 14 años, como mandadero en el otrora Intur, actual Ministerio del Turismo. Allí se superó y llegó a ser administrador de una imprenta. También laboró en publicidad, en vallas y lumínicos.

En su larga trayectoria fue miliciano, machetero, y destacado en trabajos voluntarios; en fin, se desgastó en cosas que, a la larga, nunca le fueron reconocidas. No le entregaron un auto, aunque se lo merecía; en su juventud solo le dieron un viaje de estímulo por los países socialistas, que se quedaría en su memoria como algo muy grande; eso fue lo único positivo de todo su esfuerzo personal.

Tenía dos medallas: una de la Alfabetización y otra por trabajador destacado. Vivió siempre con carencias materiales. Cuando se jubiló –con menos de 300 pesos–, cayó en el olvido, nadie se preocupó más por su vida. Se dedicó por completo a la familia, era el handyman, y lo que no sabía hacer, lo averiguaba. Vendía cigarros y limpiaba ollas de presión para buscarse algo de dinero.

Cuando tuve a mi hijo se mudó para mi casa para ayudarme a tiempo completo. Se dedicaba a las tareas domésticas sin ningún tipo de prejuicio. Era mi mano derecha. Nos llevábamos muy bien, siempre compartimos el gusto por la literatura, pues era un lector empedernido.

Ya anciano, sufrió una isquemia, y sus condiciones  se deterioraron. Solo leía y veía la televisión. Pero se mantenía al tanto de las noticias, le interesaba la información. El deporte fue otra de sus pasiones.

En mi  casa natal hubo un derrumbe en 2011; por suerte, él se encontraba en la mía. La vivienda fue demolida. Se quedó sin casa. Nunca se le entregó a mi familia una vivienda de tránsito.

Resulta irónico, que se le pidió ayuda al Ministerio del Turismo a través de una carta, explicando la situación de mi padre, que contenía toda su trayectoria como trabajador ejemplar, y la respuesta fue simple: no tenemos fondo habitacional. Con un manotazo fue olvidado un ser humano que se entregó por completo a ese ministerio. Una vida omitida, un nombre borrado por la desidia de una sociedad.

Irina Pino

Irina Pino: Nací en medio de carencias, en aquellos años sesenta que marcaron tantas pautas en el mundo. Aunque vivo actualmente en Miramar, extraño el centro de la ciudad, con sus cines y teatros, y la atmósfera bohemia de la Habana Vieja, por donde suelo caminar a menudo. Escribir es lo esencial en mi vida, ya sea poesía, narrativa o artículos, una comunión de ideas que me identifica. Con mi familia y mis amigos, obtengo mi parte de felicidad.

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8 thoughts on “La buena vida de mi padre

  • Irina, su papa la tuvo a usted que se nota que lo quizo con la vida. Y que lo recuerda con cariño y se le nota en cada palabra la admiracion y el amor.

    Es triste su relato y es la historia de muchas personas de esa generacion, sobre todo la gente de bien que trabajo como hubieran trabajado en cualquier sistema y situacion. Mi papa tambien trabajo mucho y bien, ahora esta retirado y depende de mi para tener una vida comoda.

    Usted le dio lo que pudo. Cariño y atencion que es lo mas importante. Yo le doy el pesame de nuevo por la perdida de su papa.

    Un abrazo, Irina.

  • Irina, por lo que leo, sí creo que su padre tuvo una vida maravillosa, con todo y las carencias materiales, no sé por qué sospecho que fue feliz. Olvidado como ser humano, es verdad, pero no por los que lo querían. Usted tuvo un padre maravilloso. Atesore esos recuerdos.

  • Cuántas historias como estas hay en Cuba. Soy lo suficientemente viejo para recordar a jubilados que conocí cuando niño. Ancianos de traje o guayabera que fueron empleados de compañías o del Estado con pequeñas pensiones que les permitían vivir con decoro. Ahora ya no es así y la mayoría de los viejos languidecen como el padre de la autora. Por eso me fui con 60 años, sabiendo que ese iba a ser el futuro que me aguardaría y no me arrepiento. El apartamento que nunca tuve en Cuba, lo tengo aquí, los zapatos, la ropa, los alimentos de que carecía allá a pesar de tener un título profesional, los tengo aquí. No me cuesta la salud y me han operado la vista tres ves y tengo el medicamento necesario por el cuál tampoco pago. Al menos la vejez la vivo como Dios manda. Es doloroso ver ancianos en cuba que carecen de lo más esencial y lo peor es que a los de la cúpula no les importa. Nunca les hemos importado como no sea para satisfacer sus delirios de grandeza o sus mezquinas ambiciones.

  • La Revolución Cubana la mayor estafa que se le puede hacer a un pueblo entero por tanto tiempo
    Al igual que su papa esa es la historia de miles y miles de viejitos y viejitas que eran come candela creían en que sus vidas estaban garantizadas porque creyeron en las falacias y todas las mentiras de un megalomano delirante y ahora malviven en la casi indigencia con pensiones que no rebasan los 300 peso cuando más solo logran sobrevivir por sus familías de dentro y de afuera porque de otra forma no hay manera posible

  • Irina , tuvistes un gran padre.

  • La historia de tu padre es la de muchos padres de esa generacion. Conozco muchos con similar historial, con medallas internacionalistas, etc que no tienen ni para arreglar el refrigerador cuando se les rompe. Por eso decidi que la vida era una sola y un dia empaque las maletas y a volar.

  • Típica respuesta del sistema. una lastima, tu padre fue uno mas de los que creyo en la historieta cuentera vendida por el comediante mayor, que siempre ha sido especialista en la materia de disfrazar de verdades lo que son mentiras espeluznantes. Y así fue, y así perdió su vida tu papa, viviendo en la ilusión de un sistema que no aporta nada y todo se lo quita al individuo, hasta su capacidad de decidir por si mismo, en pos de una masa que nada representa y que fácilmente se le puede manipular. Ya nos daremos cuenta en el 2085 de cuanta moringa comimos creyéndole las historias a un barbudo que supo embaucar a un pueblo.

  • Su padre debe haber sido un hombre maravilloso saber. Él está en sus pensamientos, que es todo lo que importa.

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