Domingos en casa

Irina Pino

Vecinos de la calle 19 de mayo.  Foto: Juan Suárez
Vecinos de la calle 19 de mayo. Foto: Juan Suárez

HAVANA TIMES — Los domingos deben ser como vías de escape. Una posibilidad para huir de ese caos cotidiano que nos pisa los talones, que nos engulle sin piedad. El sosiego, el placer de hacer lo que nos gusta, nos aliviarán un poco de la rutina. No obstante, a veces suelen transcurrir largos y aburridos. Y damos vueltas y vueltas, sin hallar un motivo que nos haga despertar de ese letargo.

Cuando mis hermanos y yo éramos niños, a las nueve de la mañana nos poníamos frente al televisor para ver la “Comedia silente”, con Armando Calderón, el conductor que nos llevaba de la sonrisa a la carcajada, recreando aquellas películas de inicios del siglo XX, narradas con un acento burlesco, creando su propio guión a partir de las disímiles historias. Era delicioso comenzar la jornada, viendo a Charlot, a Buster Keaton –el comediante que no reía–, en aquellas peripecias que nos provocaban tanta risa y nos hacían más placentero el desayuno.

En una ocasión al conductor emocionado se le fue la musa con uno de sus parlamentos, diciendo: “de pinga queridos amiguitos…”, que aún la gente de mi generación evoca con esa pícara complicidad. Por aquel desliz fue expulsado por meses. Y dejamos de oír su voz, siendo un castigo doble, para él y nosotros. Su ingenioso humor, en boca de los actores de cine mudo, fue tal vez el mayor atractivo del programa.

Ayudaba a mi madre en la preparación de postres y croquetas, –de ahí mi poca afición a la cocina–, como una forma de abreviar la carga del trabajo doméstico. En la semana comíamos casi todos los días croquetas o hamburguesas. Ella regresaba a casa después de las cinco, agotada y sin ganas de meterse en aquel pequeño infierno.

En mi adolescencia me hice adicta a un espacio que se llamaba “Tanda deldomingo”. Este ponía tres películas que respondían a diferentes estéticas, había suspenso, fantasía, ciencia ficción, aventura, comedia, drama y también musicales. La misma variedad las hacía interesantes. Acuden a mí, títulos como: La máquina del tiempo, Somewhere in time, A star is born (la versión de Barbra Streisand), Los paraguas de Cherburgo, Los amaneceres son aquí apacibles, Fama, Los tres días del Cóndor, Brubaker, The way we were, La gran pelea… y tantas otras que lograron una buena tarde de entretenimiento en compañía de mis padres y hermanos.

Veíamos la televisión en seguida del almuerzo, o incluso, con la mala costumbre de comer con el plato en la mano. Esta tanda cinematográfica fue reducida a dos películas, luego a una solamente. Y terminaron cambiándole el nombre. Ahora es Arte Siete, se pasa un filme, hay secciones de cine y un capítulo de la serie habitual.

Pienso que el milagro del cine me ha enseñado a valorar los actos de la existencia. Algo parecido a contar y editar recuerdos. Sin dejar de valorar la lectura, ese otro viaje imprevisible, que me obligaba a recorrer libreros callejeros, comprando libros de segunda mano, –muy baratos entonces–; impecables ediciones de literatura universal para cerrar el telón de los domingos.

Así que después de la televisión, pasaba horas leyendo. La noche me avisaba que debía parar, pues el siguiente día era lunes, el odiado lunes de la escuela y las clases.

Mis domingos son acaso como fragmentos, piezas de un rompecabezas que se han extraviado. Como familias fragmentadas, como personas y sucesos que no volverán.

La niñez y la adolescencia son estados de gracia, que solo nos devuelven las memorias. Reconstruidas, pegadas, igual que las fotos de un álbum. Donde conviene omitir los detalles dolorosos.

Un domingo de aquellos años, no es un domingo de ahora, no tiene el mismo sabor, pero hay que saber guardarlos todos. Es solo aprender a mirar desde la perspectiva más inmediata, y no dejar de repetirse a sí mismo cada día, cada minuto y segundo, aquella frase que escuché en El club de los poetas muertos. Hacerla real, y gritarla a viva voz: ¡Carpe diem!



Irina Pino

Irina Pino: Nací en medio de carencias, en aquellos años sesenta que marcaron tantas pautas en el mundo. Aunque vivo actualmente en Miramar, extraño el centro de la ciudad, con sus cines y teatros, y la atmósfera bohemia de la Habana Vieja, por donde suelo caminar a menudo. Escribir es lo esencial en mi vida, ya sea poesía, narrativa o artículos, una comunión de ideas que me identifica. Con mi familia y mis amigos, obtengo mi parte de felicidad.

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10 thoughts on “Domingos en casa

  • ¿Quitaron Tanda del Domingo?

    Por cosas como esa es que jamás podrán contra ” el paquete”. A llorar al cementerio!

  • no, @100%, lo que el presentador murio en lamentable accidente y el programa ha ido cambiando de nombre y perdiendo calidad. ahora se llama Arte 7. rebranding, le llaman :)

  • Pero una sola película, o sea, el programa perdió su esencia. Y me parece que era unos de los mejores de la tv cubana.

  • Hola, Irina;

    Me agrada la frescura de tu crónica en “flashback”. Creo que millones de cubanos compartimos memorias similares.

    Ahora, hay un detalle que me ha puesto a pensar -una vez más- en la pertinencia de ciertos hábitos arraigados en la Isla, sobre todo en los años más recientes.

    Observo que tu experiencia dominical comenzaba y concluía de igual modo: viendo televisión. Lo cual me hace preguntarme, ¿no había domingos para irse de paseo con la familia, divertirse lejos de casa con buenos amigos, fuera incluso del perímetro urbano, para precisamente librarse del estrés semanal en medio de la capital, yéndose a pescar, o a lo que alguna vez se llamó “jira campestre”, o a visitar algún sitio de interés cultural o histórico? La TV puede ser buena, pero no la concibo como sustituta de otros ambientes.

    Si hay una experiencia de infancia que nunca olvidaré son aquellos domingos en que el padre de mis vecinitos de la misma edad, nos tocaba a la puerta a mi hermano menor y a mí, con un grito mañanero: “¡Arriba, muchachos, que nos vamos a recorrer el Bosque de La Habana!” Y allá nos íbamos, a caminar y sudar durante horas, apenas con una botella de agua y quizás algunas galletas, pero sobre todo con la mayor felicidad, viendo cómo se nos abría un mundo nuevo a apenas tres cuadras de nuestras casas.

    Nos gustaba la Comedia Silente, pero no hay “silencio” que se compare al que deja escapar un bosque semidesconocido. ¿Haz hecho la prueba?

  • Bueno creo que si hay transporte para ir a una fiesta o para ir de rumba al Submarino pueda haber par otras cosas, come on!

  • Y hoy dia como llevas el domingo Irina? BESOS!

  • Por cierto, se fue una “Z” en el has….jajaja.

  • Muy emotivo post, irina, te congratulo

  • Ay mijo, ni te preocupes, jeje,,, total si esto es un blog.

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