Anécdotas de mi experiencia en la TV cubana

Por Irina Pino

HAVANA TIMES – Soy adicta a las series de televisión, he visto dos o tres que me han tenido enganchada, entre ellas, American Horror Story y Dexter. 

Podrían decir, acaso, que disfruto la violencia y la sangre; sin embargo, para mí las cosas más relevantes son el modo de contar las historias. Se agradece la buena factura y las actuaciones.

Ahora estoy viendo The Morning Show, una serie sobre periodismo televisivo, con el trasfondo de intrigas y abusos sexuales, después que el movimiento Me Too desatara acusaciones por violaciones y acoso sexual a personas relacionadas con la televisión y el cine.

Entre mis recuerdos están los años en que trabajé como asistente de dirección en varios canales de la TV, un mundo no exento de problemáticas similares. Allí tuve la experiencia en vivo y en directo.

Mientras se grababa uno de los programas, un productor me llevó a una oficina, de la cual poseía una llave. Quería hablar conmigo de un asunto…

Después de cerrar la puerta, me arrinconó y trató de bajarme el jean que llevaba puesto. Yo forcejeé negándome. Entonces retrocedió y se sacó el pene para que lo masturbara. Le increpé que me dejara salir, pero él insistió en que tenía que terminar, porque le era imposible salir con el bulto delator dentro de su pantalón.

Sus palabras tenían un acento conciliador: “Sabes que me gustas. Tú y yo podemos hacer un equipo”. “Te puedo ayudar en tu desarrollo profesional y darte más programas”. Y así, sucesivamente.

Aunque no me violó, pues aquello hubiera sido demasiado, cada vez que me encontraba con él resultaba desagradable escuchar la misma retórica sexual. A veces me tomaba desprevenida y me daba una nalgada al pasar detrás de mí.

Con el devenir del tiempo, me enteré de que otras chicas habían tenido sexo con él. Muchas tenían varios programas, lo que equivalía a más ingresos.

Volaban los chismes, uno de estos sobre un proyecto que se filmaba en provincias. El equipo viajaba, se hospedaba en hoteles y, por consiguiente, se incluían aventuras sexuales, gastos que pagaba la televisión.

A la jefa de la división la sancionaron al descubrirse el hecho. No la botaron debido a que tenía conexiones fuertes. Actualmente es guionista.

Prevalecía la injusticia, a los directores le otorgaban casas en la playa para sus vacaciones, y se olvidaban de los otros trabajadores de menor categoría.

Es el medio de la censura por excelencia, cada programa, aunque tiene su asesor, es visto y analizado antes de que salga al aire. Se entiende, porque nuestra TV no es privada.

Recuerdo un espacio de cine en que iban a proyectar La última tentación de Cristo. Es evidente que fue prohibida, la disculpa fue tonta: la cinta estaba dañada. El hecho era simple, se afianzaban los lazos con la iglesia, la visita del papa Benedicto. Claro que la peli no podía ponerse…

Se sabe que cada año la TV imparte cursos de superación, entre estos, el de guion. Pasé junto a otros compañeros dicho curso durante un año.

Parece ilógico, pero ninguno de los estudiantes que se graduaron pudo obtener una plaza como guionista. Para los que pujaron, se les dijo que en ese momento no había posibilidades, todas las plazas estaban cubiertas.

Esto es histórico, para conseguir trabajar en un programa influye un contacto, “el amiguismo”, del que no me excluyo, porque mi primer puesto fue de secretaria, gracias a una asesora de programa que me recomendó.

En mi último programa, Pantalla documental, la directora decide suspenderme, alegando problemas en mi trabajo, pues mi nivel de concentración estaba por el piso.

Por aquellos días mi padre había sufrido de una isquemia y tuvo que ser hospitalizado. Siguió una larga convalecencia.

La directora no respetó eso. Tomó la decisión de botarme cuando atravesaba un momento difícil.

Más tarde, supe que me había sustituido por un amigo suyo. También cambió a la presentadora, una realizadora con un enorme conocimiento de cine documental. En su lugar, puso a un locutor de la radio, que se aprendía los textos como un papagayo.

Irina Pino

Irina Pino: Nací en medio de carencias, en aquellos años sesenta que marcaron tantas pautas en el mundo. Aunque vivo actualmente en Miramar, extraño el centro de la ciudad, con sus cines y teatros, y la atmósfera bohemia de la Habana Vieja, por donde suelo caminar a menudo. Escribir es lo esencial en mi vida, ya sea poesía, narrativa o artículos, una comunión de ideas que me identifica. Con mi familia y mis amigos, obtengo mi parte de felicidad.

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3 thoughts on “Anécdotas de mi experiencia en la TV cubana

  • Alla los violadores quedan impunes. Si los delatas diran: “Es tu culpa por estar buena”.

  • Que fuerte historia, el ICRT es una mediocridad a tiempo completo!

  • que esperabas de toda esa pudricion que es la sociedad cubana a todos los niveles.

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