Abusos, violaciones

Por Irina Pino

HAVANA TIMES – El viernes pasado exhibieron en la Séptima puerta, en Cubavisión, Atleta A. Es un documental sobre abusos sexuales en la gimnasia de los Estados Unidos. Los hechos fueron perpetrados durante dos décadas por el exmédico y osteópata Larry Nassar, enjuiciado y condenado a la pena de 160 años de prisión.

Disímiles violaciones y abusos sexuales quedan impunes por la no denuncia de sus víctimas, la mayoría por falta de evidencias.

Las personas que lo han sufrido conservan esa huella de dolor para toda la vida.

En la década del 80, en mi juventud, apareció en mi barrio un coreógrafo que buscaba chicas para integrar un grupo de danza. Según él, participaban en uno de los shows en el cabaret Parisién, del hotel Nacional, en La Habana.

Reclutó a cinco, les entregó un leotardo a cada una, con zapatillas y calentadores para las piernas.

Indagó si alguna tenía un espacio disponible, con la preferencia de absoluta tranquilidad, para realizar la preparación.

Una de ellas ofreció la sala de su casa, la cual era amplia. Podían hacerlo a mediodía, dos o tres veces a la semana. Nadie iba a molestarlos, pues sus padres trabajaban todo el día.

El impostor indicó una serie de ejercicios con calentamientos que incluían toqueteos entre las piernas, sitio que requería un aceite especial para que las jovencitas pudieran tener la flexibilidad necesaria para abrirse y levantar las piernas al máximo.

Así, mediante la simulación, le tocaba los genitales. Tal práctica no duró mucho, una de las muchachas se lo comentó a su hermana mayor, pues le daba vergüenza decirle a su madre.

Su hermana tenía 25 y andaba con una pandilla de muchachos que, aunque no eran delincuentes, eran dados a buscar peleas con otros grupos.

Resultó que confrontaron al tipo y le propinaron unos cuantos golpes, sacándolo de circulación.  Pero no hubo denuncia policial.

Lo que les contaré a continuación me sucedió a mí directamente:

Cerca de mi casa se hallaba la unidad militar de la FAR, El Príncipe, por lo que en mi zona pululaban los reclutas. Solíamos llamarlos Aguacates (por el color verde del uniforme), y Siete pesos (por el ínfimo estipendio que le daban).

Una tarde, mientras estaba merendando en la cafetería de 29 y F, conocí a uno muy lindo y quedamos en vernos por la noche.

El muchacho me llevó a una de las laderas de la unidad militar y, aprovechándose de la soledad y la oscuridad me forzó a tener sexo con él. Como llevaba un vestido, le fue fácil quitarme la ropa interior y penetrarme. Apenas pude defenderme de su ataque.

Nadie lo supo, sentí vergüenza y desconcierto. Al cabo de unos días se lo dije a mi hermana. Yo tenía solo 18 años.

Un año después, casi se repite la historia, estaba con una amiga en la heladería Coppelia y se sentaron dos militares con nosotras. Eran simpáticos y nos invitaron a salir. Aceptamos.

Por la noche, pasamos un rato en el Turf, un club en El Vedado, donde las parejas no solo iban a bailar y a escuchar música.

Luego nos llevaron a pasear por los alrededores del hotel Nacional, un lugar bastante solitario. No sé si lo hicieron a exprofeso.

El militar mío intentó tomarme a la fuerza, estaba sumamente excitado y quería tener sexo a toda costa. A mí me entró un ataque de llanto y le dije que no podía hacerlo porque aún era virgen. La mentira me salvó de su agresividad.

Me dejó tranquila. El muy hijo de puta, incluso me consoló.

Recuerdo también lo que le pasó a una vecina, cuando una noche, mientras caminaba por la calle al doblar de su casa, salió un tipo de un camión que estaba parqueado, la agarró por un brazo, y la metió adentro, para intentar violarla.

Forcejearon por unos instantes y ella comenzó a gritar. Asustado, la sacó del vehículo, arrancó y se fue. La joven, en medio del llanto y la desesperación, ni se fijó en la chapa.

A mi prima sí que la jodieron. En una fiesta se hizo novia de un muchacho que le encantó. Cuando la invitó a su vivienda, hicieron el amor de manera romántica. Ella estaba feliz, todo marchaba bien hasta que él fue a la cocina.

Al rato, del closet asomó la cabeza un hombre alto y de fuerte constitución, que se le abalanzó y la violó por delante y por detrás. A pesar de su resistencia y sus gritos el otro ni apareció.

Cuando volvió su “novio” de la cocina, los dos la amenazaron con cortarla con una navaja si intentaba denunciarlos. Aquello la dejó devastada, y tuvo que ir a un psicólogo porque rechazaba tener relaciones sexuales.

A veces pienso en toda esa caterva de abusadores y violadores que anda suelta por ahí, dejando víctimas por el camino.

Deberían establecer escuelas de defensa personal para las mujeres. Para poder combatir al hombre que, en su posición de poder, intente someterlas y obligarlas a tener sexo contra su voluntad.

En muchos matrimonios ocurre la violación, y las mujeres se callan y lo aguantan. Un silencio que muchas veces tiene como base el miedo.

Los violadores se merecen todo el peso de la ley. Si por mí fuera los condenaba a la silla eléctrica.

Transcurridos más de 30 años, veo aquellos actos como el más despiadado machismo.

Lamento que nuestra inocencia y falta de información en edades tempranas no nos permita defendernos.

Lea más del diario de Irina Pino aquí en Havana Times.

Irina Pino

Irina Pino: Nací en medio de carencias, en aquellos años sesenta que marcaron tantas pautas en el mundo. Aunque vivo actualmente en Miramar, extraño el centro de la ciudad, con sus cines y teatros, y la atmósfera bohemia de la Habana Vieja, por donde suelo caminar a menudo. Escribir es lo esencial en mi vida, ya sea poesía, narrativa o artículos, una comunión de ideas que me identifica. Con mi familia y mis amigos, obtengo mi parte de felicidad.


4 thoughts on “Abusos, violaciones

  • el 10 abril, 2021 a las 8:19 am
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    Ven aca irina y si el recluta ese te estaba llevando a un lugar oscuro para q era??? Pa cantarte una cancion??? Conno un poco d sentido comun mi hijita.

  • el 6 abril, 2021 a las 3:05 pm
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    Lo cierto es que la sociedad, hasta ahora y en todas partes, le ha dado patente de corso al hombre para abusar y casi siempre han culpado a las victimas. En las sociedades mas avanzadas las cosas van cambiando, pero en los lugares como Cuba, donde la miseria y la ignorancia predominan, tomara mas tiempo.

  • el 6 abril, 2021 a las 8:06 am
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    Ninguna persona, de cualquier sexo, no deben tener miedo a denunciar cuando es acosado o violado sexualmente, porque en este mundo hasta los varones han sido violados, los violadores deben ser castigados duramente, condenarlos a cadena perpetua para que aprendan a respetar

  • el 3 abril, 2021 a las 2:37 am
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    Pues sí, se necesita brindar mucha información a los jóvenes, puede ser en las escuelas y con ejemplos concretos como el que cuentas, y que se pierda el miedo a denunciar. No estoy de acuerdo con la silla eléctrica, el castigo debe ser la castración.

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