Una enfermera demasiado amable

Por Irina Echarry

Foto: tiempo21.cu

HAVANA TIMES – Damaris hace su entrada con una sonrisa amplia, tan blanca como su uniforme; es la una de la tarde y su paciente está almorzando, pero eso no importa.

“Mi mamá se va para Oriente y tengo que ir un momentico a Guanabacoa a despedirla”, explica. Y mientras prepara la inyección añade: “me hace falta que deje de comer, señora, para ponerle las vitaminas y pasarle la furosemida; es rapidito”.

Damaris y yo no somos amigas, la veo por primera vez; ella es enfermera y yo estoy en el hospital cuidando a una enferma. No tendría por qué saber nada sobre su vida, pero ella no puede contenerse. “Estoy adelantando los medicamentos para poder salir, imagínate, esto es hasta mañana aquí. Es un trabajo muy esclavo, no se paga con nada”.

Antes de marcharse alerta que no hay clorosodio ni oxígeno, deja ver qué invento para que no les falte nada. Y se va.

Más tarde, mientras instala el suero, nos comunica que le costó mucho trabajo conseguir el clorosodio, tuvo que ir a buscarlo a otra sala y “lucharlo duro”. Luego se queda en nuestro cuarto, mirándonos, mirándome, como esperando.

A mí me resulta extraño porque ningún(a) enfermero(a) ha actuado así, pero cada persona es un mundo, en realidad no me doy cuenta de nada. Es ella quien aprovecha cuando salgo a hablar por teléfono y me atrapa: yo quería decirte una cosita, es que mi mamá se fue para Oriente hoy, tú sabes, y cuando estaba hablando con ella para saber cómo llegó se cayó la llamada y no tengo saldo, a ver si ustedes me pasan un CUC a mi celular.

Me conmuevo, tengo a mi madre enferma, estoy sensible y casualmente tengo un poco de saldo. Lo hago sin pensar, ella comenta que así también podrá estar pendiente de su hija y me muestra la foto, es una niña preciosa. Las guardias nocturnas son difíciles para todos, pero para las mujeres que dejan hijos o ancianos en casa, suelen ser peores por la preocupación.

En eso pienso cuando ella dice que tiene hambre, no ha comido nada y la noche es larga. Me siento mal por no poder aliviar el estómago de la persona que se encargará de calmar las dolencias a tantos pacientes, pero solo me queda un jugo que le doy con gusto. Se va.

Luego vuelve y se queda en el cuarto dando vueltas, dice que está aburrida y la novela aún demora. Ahí no puedo hacer nada, soy una tipa solitaria, me gusta ayudar, pero no resisto que me quiten mi privacidad, y Damaris lo está intentando. Entonces empiezo a preguntarme si está jugando a “la amiga” conmigo y por qué.

En algún momento de la noche me acuesto sobre los hierros de una cama vacía, les quitan el colchón para evitar los robos. Damaris entra nuevamente, le da pena verme sobre el hierro y me trae un colchón, me resisto, no quiero buscarle problemas, pero ella insiste en que no pasa nada: yo voy a estar en el cuarto tal, por si necesitas darme algo.

Me quedo sintiéndome extraña, ¿qué tendría que darle yo?, será que se confundió, seguro quiso decir: por si la paciente necesita algo, o ¿quizá entendí mal? Pero igual no me deja pensar mucho, vuelve esta vez para decirme que ya terminó en esa cama y ahora estará en otra … y así a cada rato me da detalles de su paso por toda la sala, como para que no la pierda de vista. 

Llego a la conclusión de que no me dejará en paz hasta que logre su objetivo. No sé por qué me escogió a mí con tantos acompañantes que hay en la sala. Damaris me acosa, y lo peor es que no sé cómo salir de esa situación tan confusa.

No tengo manera de saber si el clorosodio estaba en la sala y ella no tuvo que “conseguirlo”, quizá la historia de su madre es solo una coincidencia y ella no se dedica a pedirle favores a los pacientes o a sus acompañantes.

Es una sensación ambigua, difícil de saber dónde está la verdad. Es la enfermera que estará de guardia toda la noche, si a mi madre le sucediera algo, es ella quien debe atenderla. Tan perturbada, incómoda y somnolienta estaba que le entregué algo más a Damaris y ella me dejó tranquila.

Al día siguiente se fue. Tuvimos el colchón par de días más sin que nadie pidiera nada. Cuando volví a coincidir con Damaris, ella seguía mostrando su sonrisa tan blanca como el uniforme, y me dio un beso como si fuésemos amigas. Por suerte era mi último día, a mi madre le habían dado el alta.

Todavía hoy me cuestiono por haber caído en su trampa, para la próxima estaré más prevenida. Pero lo más sorprendente es que cuando hago la historia, mucha gente asume que “eso es normal”, que “ella tiene que resolver” o que “tú la ayudas y ella te ayuda a ti”, como si Damaris estuviera haciéndome un favor.

Es curioso, muchas de estas personas se insultan, por ejemplo, con los trabajadores de la aduana -y con razón- cuando dan las puñaladas en el aeropuerto, pero justifican o aceptan la actitud de Damaris. ¿Acaso lo que hace la enfermera es menos repudiable? Yo diría que más, ella se aprovecha de la vulnerabilidad de las personas enfermas, de sus acompañantes, y juega con sus estados emocionales.

Nota: Ese no es el nombre real de la enfermera, la identidad es lo de menos. De todo el personal de Salud que nos atendió, fue la única que se comportó de esa manera, pero hay que reconocer que siempre hay, al menos, una Damaris.

Irina Echarry

Irina Echarry: Me gusta leer, ir al cine y estar con mis amigos. Muchas de las personas que amo han muerto o ya no están en Cuba. Desde aquí me esforzaré en transmitir mis pensamientos, ideas o preocupaciones para que me conozcan. Pudiera decir la edad, a veces sí es necesario para comprender ciertas cosas. Tengo más de treinta y cinco, creo que con eso basta. Aún no tengo hijos ni sobrinos, aunque hay días en que me transformo en una niña sin edad para ver la vida desde otro ángulo. Me ayuda a romper la monotonía y a sobrevivir en este mundo extraño.



3 comentarios sobre “Una enfermera demasiado amable

  • La humanidad se fue al carajo y la vocacion por ayudar a los enfermos. Dar sin recibir paso de moda hasta en un hospital. Esa es enfermera sin amar su trabajo, sin tener compasion por paciente y acompañante. No tiene educacion ni tacto en lo mas minimo. Es resultado del desmoronamiento moral que nos rodea.

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  • Lamentablemente esa historia la hemos vivido todo los que hemos tenido que estar en un hospital, como enfermo o como paciente, en los hospitales hay muy buenos médicos y enfermera pero no seamos absoluto, lo del regalo funciona y como el que no tiene que regalar debería tener muy buen trato pero no es así, al seguro te toca el estudiante extranjero, es cierto que la profesión es un sacrificio nadie te obligo a estar en esa carrera y mucho menos a quedarte

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  • Es una historia recurrente. Muchas personas han perdido la dignidad frente a la necesidad de resolver y la humillación del salario esclavo, y simplemente meten la cara. Cada uno desarrolla su modus operandi. Hace poco tuve una experiencia similar y no fue en un hospital. Están en todos lados, es un flagelo.

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