Si tú quiere reggaetón, ¡dale!

Irina Echarry

Ilustración: Carlos
Ilustración: Carlos

 

HAVANA TIMES — Por estos días, en las sesiones de la Asamblea Nacional, nuestros diputados han “debatido”, entre otras cosas, sobre el estado actual de la sociedad y su futuro más inmediato. Muchos hablan horrorizados sobre la “pérdida de valores” y la “vulgarización”  que imperan, pero hasta ahora no he visto ningún análisis profundo.

Desde hace un tiempo es común ver en la prensa –tanto en la escrita como en la radio y la televisión-  a intelectuales o gente cercana a la cultura tocando el tema, la mayoría de las veces en un tono quejumbroso y moralista, culpando a la familia. Pero yo tengo otra percepción del asunto.

Recuerdo que en diciembre de 2012 hubo en la isla una discreta ofensiva contra el reggaetón. No llegó a ser un debate nacional ni tampoco se profundizó, solo algunos músicos, intelectuales y funcionarios de cultura se pronunciaron contra la grosería y trivialidad de las letras. Por aquellos días se suprimió de la competencia de los Lucas* un video que sirvió como chivo expiatorio –lo que dio más popularidad al cantante autodenominado “La voz”-; se alzaron algunas otras voces de aprobación o en contra de la cruzada; y punto final.

Desde entonces  ¿qué ha sucedido?

Se ha intensificado la popularidad del ritmo. Los centros culturales y recreativos, tanto estatales como privados, no han dejado de ponerlo.

El reggaeton se escucha en parques infantiles, cumpleaños, la Feria del Libro;  en cafeterías y paladares, en los almendrones y en los ómnibus estatales (incluyendo los que viajan a provincia). No tiene horario ni fecha en el calendario, como diría aquella vieja canción que hablaba del amor.

A pesar de que Danilo Sirio, presidente del ICRT, dijera que “En los canales nacionales ya se decidió, no se pone un número grosero más, un número banal más, un número de letra ofensiva y tampoco vídeos que atenten o denigren la imagen de la mujer”, nada ha cambiado; la censura está reservada para las letras que cuestionen la realidad.

Hace unos meses, el día en que se festeja en Cuba la creación de la UJC y la OPJM**, varias escuelas primarias y secundarias colocaron bocinas potentes y removieron el barrio con el contagioso ritmo. En una de ellas me detuve a observar la coreografía erótico-repartera que protagonizaba aquella juventud vestida con el uniforme color mostaza. En otros tiempos,  la música de la celebración era de Silvio Rodríguez; evidentemente, maestros y alumnos concuerdan en que no es época para la Trova.

A estas alturas no puede hablarse de reggaeton pensando solo en la música, es toda una cultura que hemos ido naturalizando en un proceso complejo que requeriría la atención de  sociólogos y antropólogos nada puritanos.

El final del curso escolar ha coincidido con un calor espantoso, los vecinos encienden sus equipos de música (que para eso están de vacaciones) y acuden a los bancos en las tardes, a refrescar. Se respira felicidad en la cuadra, las niñas pequeñas -de apenas seis y siete años-  mueven la cintura, se aguantan la cabeza con las manos, muerden su labio inferior o sacan su lengüita, se agachan y suben contorneándose al compas de una voz que provoca: “acércate a mi pantalón, dale…”. Las madres ríen satisfechas, no es para menos,  sus hijas logran captar la energía del momento y sabrán caminar con ellas en este mundo salvaje, sin tener que corregirlas.

Los infantes, una vez adaptados al ritmo, comienzan a apropiarse de la esencia de la cultura del reggaeton. Aunque luego se decanten por otro género musical e, incluso, sean buenos estudiantes, habrán crecido bajo su influjo. La infancia es la mejor edad para aprender la apatía política, la indolencia, la exaltación a la guapería, los valores machistas y los estereotipos de género.

El reggaeton en sí mismo no es responsable del “descalabro” de la sociedad cubana que muchos condenan. Si los intelectuales y artistas lo miraran sin prejuicios, pudieran asimilar sus valores positivos: la desinhibición, la sinceridad, la espontaneidad o la afinidad que genera entre la gente. Basta subir a un P11 y ver a todo el mundo tarareando “Hasta que se seque el malecón”… sin importar edad, situación económica, orientación sexual o raza.

Así vamos, a los jóvenes habitantes de la isla del reggaeton no les interesa otra cosa que el último tema de Farruko o el video estelar de Yomil y el Danny. Pero, ¿habrá algo más importante? Ah, sí, el fútbol…

Para mí, la cultura del reggaeton tiene el “sello estatal de calidad”, es decir, la aprobación oficial. Por mucho que cacareen algunos funcionarios o diputados, para el gobierno siempre será mejor que la gente vocifere palabrotas de un balcón a otro a que griten en plena calle: ¡abajo la dictadura!

Si se aglomeran hombres y mujeres en una riña tumultuaria, incluso si hay sangre por medio, es preferible; peor es que se junten dos o tres locos con carteles reclamando ¡Libertad!

Mejor alardear de nuestro dinero o “talento” a recordarle al gobierno sus compromisos para con el pueblo. ¿Quién va a detenerse a pensar en los derechos humanos universales si es tan placentero mover el cuerpo y restregarse unos con otros?  ¿Qué impide el basurero de la esquina? ¿Subieron los precios del agro? ¿Viene otro período especial? No importa, vamo a pegarno como animales
——
*Los Lucas: Competencia para seleccionar el mejor videoclip del año
** UJC: Unión de Jóvenes Comunistas
OPJM: Organización de Pioneros José Martí

Irina Echarry

Irina Echarry: Me gusta leer, ir al cine y estar con mis amigos. Muchas de las personas que amo han muerto o ya no están en Cuba. Desde aquí me esforzaré en transmitir mis pensamientos, ideas o preocupaciones para que me conozcan. Pudiera decir la edad, a veces sí es necesario para comprender ciertas cosas. Tengo más de treinta y cinco, creo que con eso basta. Aún no tengo hijos ni sobrinos, aunque hay días en que me transformo en una niña sin edad para ver la vida desde otro ángulo. Me ayuda a romper la monotonía y a sobrevivir en este mundo extraño.



7 comentarios sobre “Si tú quiere reggaetón, ¡dale!

  • reggaetón + cajita de ron + cigarro + educación insuficiente o nula + mala alimentación + desesperanza = juventud cubana.

    guagua + bicicleta + hambre + apagones + carencias de todo tipo + problemas de vivienda + decepción + frustración = padres de la juventud cubana.

    wiskey + tabaco cohiba + hijos estudiando en el exterior + 100% de problemas domésticos resueltos + aislamiento total con la población + poder infinito = gobierno cubano.

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  • Bravo Irina,me levanto para darte un gran aplauso. Estelar este blog, te quedaste vacia.

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  • Irina excelente, has entendido la lógica del gobierno.
    Gracias por tu post.

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  • muy bueno irina!

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  • en la excelente caricatura de Carlos falta un elemento clave: las gafas de sol. no hay promo de regueton que se respete donde los “artistas” no lleven gafas de sol. mi difunto padre decía que usar gafas de sol es una payasada. pero no: tiene un sentido pragmático. tras las gafas de sol no se ven las pupilas dilatadas por la droga.

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