Revolución en el parque

Irina Echarry

Un parque del Vedado. Foto/archivo por Caridad

Sentada en un parque del Vedado espero a unas amigas.   La única sombra de las once de la mañana cae  sobre un contén donde nos reunimos la gente que aguarda la guagua y los que descansan un poco antes de seguir caminando al sol.

A mi lado, separados por un metro más o menos hay dos personas con aire de extranjeros.   Cuando escucho hablar a la chica me doy cuenta de que es mexicana.   Tiene un periódico en las manos (no logro saber cuál es) y comenta con su amigo.  “Yo sé que hay guerra en Libia pero no sé por qué, apenas he leído sobre eso.”

No puedo ocultar mi sorpresa: ¡que a estas alturas alguien no sepa por qué se combate en Libia!

La voz del muchacho no llega hasta a mí, habla en un tono muy bajo, pero ella vuelve a decir (luego de leer algo en el periódico): parece que es por el petróleo.   El nuevo susurro del amigo hace reaccionar a la mexicana: no, no debe ser eso, en Libia la gente no vive tan mal.

El muchacho se endereza, tanto tiempo sentado y las palabras de la chica lo tienen medio incómodo: Al Gadafi lleva mucho tiempo en el poder, es lógico que la gente quiera cambios, – esta vez sí escuché parte de la respuesta.

A partir de ahí el tono fue subiendo.  Ella no entendía por qué habría de provocar protestas que una misma persona gobierne durante muchos años si el país no está tan mal.

Repetía sus palabras mientras el otro ya no sabía cómo acomodarse en el murito: para saber cómo está un país, cómo vive su gente, hay que vivirlo.

Pero lo bueno vino después cuando él le dijo: Es como aquí, nosotros nos aprovechamos de esto, pero en cualquier momento la gente va a salir a la calle a exigir cambios.

La mexicana, acalorada como si le hubiera tocado la lava del Popocatépetl defendía su tesis de la conformidad de un pueblo cuando tiene una buena vida, pero su compañero también casi gritaba, eufórico, explicando que habría que preguntarse primero qué es una buena vida para los cubanos, que ellos vienen a estudiar y se aprovechan de las ventajas de la isla, pero vivir aquí sería diferente, que nadie tiene por qué conformarse con lo que otros dispongan aunque sea supuestamente por su bien.

Había pasado una guagua y quedaba poca gente observando la escena.  Ya no había ni un pedacito de sombra.  Para ese entonces las voces seguían altas, pero llegaron mis amigas y me fui del parque (de ese parque, no es que me haya muerto).   Atrás quedaron los extranjeros haciendo su revolución.

 

 

 

Irina Echarry

Irina Echarry: Me gusta leer, ir al cine y estar con mis amigos. Muchas de las personas que amo han muerto o ya no están en Cuba. Desde aquí me esforzaré en transmitir mis pensamientos, ideas o preocupaciones para que me conozcan. Pudiera decir la edad, a veces sí es necesario para comprender ciertas cosas. Tengo más de treinta y cinco, creo que con eso basta. Aún no tengo hijos ni sobrinos, aunque hay días en que me transformo en una niña sin edad para ver la vida desde otro ángulo. Me ayuda a romper la monotonía y a sobrevivir en este mundo extraño.

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